¡Quiero cambiar mis hábitos! ¿Por dónde empiezo?



First things first, como dirían los gringos. O, primero lo primero, como diríamos nosotros.

Y es que para cambiar los hábitos hay que organizarse no solo a nivel tangible (logístico) sino a nivel del pensamiento. Es como hacer un mapa conceptual que te ayude a encaminar mejor las cosas. Aquí les dejo lo que podrían hacer para poder cumplir su objetivo. Sí, se puede.

1.     En todo plan saludable una de las primera cosas que se hace – y esto lo aprendí mucho después - es coger una hoja, agenda o en un Word y escribir cuál es tu objetivo principal. Sí, ese objetivo (sueño) que te quita el aliento y quieres alcanzar. Tiene que ser lo más general posible. Luego te explico la razón. Por ejemplo: quiero bajar de peso, o quiero subir de peso, etc. No tengas vergüenza de sincerarte contigo.
  1. En todo plan saludable una de las primera cosas que se hace – y esto lo aprendí mucho después - es coger una hoja, agenda o en un Word y escribir cuál es tu objetivo principal. Sí, ese objetivo (sueño) que te quita el aliento y quieres alcanzar. Tiene que ser lo más general posible. Luego te explico la razón. Por ejemplo: quiero bajar de peso, o quiero subir de peso, etc. No tengas vergüenza de sincerarte contigo.
  2. Comunica a tu red de apoyo (familia y amigos) tu decisión. Es posible que no te crean, en especial si miles de veces lo has intentado. Pero no te desanimes. Y para las que están casadas o en pareja, POR EL AMOR DE DIOS [imagínese que junto mis manitos] ustedes no han nacido siamesas con su “media naranja”, y no hay peor autoengaño que decir “mi pareja no me deja comer saludable”. Son ustedes las que no quieren, pues nadie las puede obligar a hacer lo que no quieren. Hablen con sus loves y díganle lo importante que esto es para ustedes y que les gustaría contar con su apoyo. Lo harán de todas formas, pero sería aún más maravilloso si las apoyan en este camino. Y no, no se trata que los embarquen en la vida saludable – si desean chévere – pero con su ánimo es más que suficiente.
  3. Comienza de a pocos. Los humanos solemos resistirnos a grandes cambios. Es como una muralla o un medio de defensa. Nuestra zona de comodidad se ve alterada y ¡huimos! Pero tranquilízate, no tienes que hacerlo todo de arranque. Por ejemplo: Te encanta la gaseosa, la consumes todos los días. Ahora lo que podrías hacer es consumirla dejando un día, luego en dos, en tres, y así. Y por cada cosa que quites, agrega una positiva. Por ejemplo: Ese día que no consumiste la gaseosa, trata de consumir más cantidad de agua. Otro ejemplo: reduce la cantidad de arroz #hastaluegoarrozchaufa y agrega más vegetales. El cambio no tiene que ser brusco en estos casos. Mientras más en control te sientas, mejor para ti.
  4. Quítate de la mente la palabra dieta. Sí, es una dieta, pero saludable. Pero ya que “dieta” es una palabra equivalente a tortura china, mejor convéncete que vas a comer diferente, rico, pero diferente.
  5. Actívate. Eso suena como un reggeaton de aquellos con chicharra incluida. Al principio te costará mucho “activarte”. Preferimos mil veces hacerlo todo sentados o echados, pero así solo maltratas tu cuerpo. Tenemos determinadas horas para dormir, ¡úsalas! Para el resto del día, ¡muévete! Pero, Ventana, trabajo sentada, me dices. Pues sube y baja escaleras, cada 45 minutos estírate; si tienes auto, no lo estaciones taaaaan cerca (tipo al costado de tu silla), camina más. Si tienes reuniones cerca, ve caminando. Hay miles de formas de evitar el sedentarismo.
  6. Comienza a trazar pequeñas metas. Una vez que hayas trazado tu objetivo principal, podrías comenzar a trazarte pequeñas metas REALISTAS. Nada de “en un mes debo haber perdido 20 kilos” que yo misma voy y te doy con mi mancuerna. No, sé realista. Por ejemplo: trotaré 20 minutos todos los días, al mes siguiente 30 minutos. Asistiré a zumba. Comenzaré levantando 4 kilos, luego 6, etc. Iré a una nutricionista. Y así sucesivamente.
  7. Investiga. La ignorancia mata. Y es mejor preguntar, indagar, investigar y empoderarnos del conocimiento. Deja todos los mitos de lado y dale oportunidades a las investigaciones y al avance de la ciencia. No te quedes solo con una postura, siempre busca más y saca tus conclusiones. Quédate con lo bueno, y elimina lo malo.
  8. “Peca”. Y no quiero decir que lo hagas a diario, pero si te comes una galleta, de todos los días que comes bien y sano, y entrenas y te mantienes activa, ¡no pasa nada! Una sola mala comida no nos hace personas con malos hábitos, como tampoco una sola comida sana nos hacer “fitness”. Así que baja la guardia, si ya te diste ese gustito, mañana comes sano, estás activada y listo.

¿Y qué pasa si no lo logro?, preguntarás. Y te respondo con una pregunta: ¿cómo sabes que fallarás si no lo has intentado? No des nada por hecho hasta intentarlo y vivirlo en carne propia. Si fallas, tampoco es el fin del mundo, puedes volver a reestructurar todo y volver a empezar. Tranquila, estamos acá para aprender… siempre.