¿Y tú, qué esperas para vivir mientras estás vivo?


“El problema no es la muerte, el problema es estar muerto mientras vives”
Suena fuerte, ¿verdad?, el sentir que alguien nos apunta con el dedo y nos dice, ¿y tú, qué esperas para vivir?, ¿qué esperas para realmente VIVIR, para vivir tu vida? ¿Qué necesitas aún que te suceda para que te des cuenta y tomes esa decisión, hagas ese cambio?
¿Qué esperas para manifestarte en tu máxima expresión y comenzar a utilizar tus Dones en servicio del mundo? 
Cuando no te expresas con relación a tu Unicidad, como quién realmente eres, utilizando tus Dones, expresándolos de la mejor manera, tu alma te lo deja saber, sientes esa angustia, esa tristeza, ese vacío dentro de ti, que no logras determinar qué es.
A menudo suelo encontrarme con personas tristes, apagadas, sin brillo en su mirada, que viven su día a día porque tienen que hacerlo y se dejan llevar por las obligaciones existentes, el trabajo, la casa, la familia, como si se dejaran jalar por un río… ¿a eso se le llama fluir?, no, eso para mí no es fluir, eso es más como un haberse abandonado a lo que se supone debe de ser.
También he podido notar, la falta de aceptación que tenemos acerca de lo que nos está sucediendo en la vida… digamos, uno cuando es joven, tiene todo ese futuro por delante: me voy a enamorar, tendré EL matrimonio (cualquiera EL que le sea personal a cada una), tendré el trabajo soñado, cambiaré al mundo, tendré unos hijos preciosos, bellos de revista (y me van a hacer caso, ¡ahhh a mi sí!, no como a mi amiga que sus hijos hacen con ella lo que quieren) y así…
¿Y qué sucede cuando las cosas no van así necesariamente?, cuando una vez casada te das cuenta de que el matrimonio es un poco más complicado de lo que parecía o de lo que te habían contado, que no existe ninguna persona perfecta (partiendo principalmente por una misma), que el matrimonio es un trabajo constante de dos, pero que si no trabajas primero en ti, si no sanas primero tú, nada va a ir bien.
¿Y qué pasa si no encuentras el trabajo soñado o peor aún, te sumerges en un trabajo que no te llena, pero que bien o mal logra pagar tus gastos?  ¿Qué pasa si la maternidad te sobre pasa? ¿Si te das cuenta que no es como la revista lo mostraba?, los niños perfectos bien peinados que hacen una que otra travesura pero nada más, comen sin problema, se bañan sin problema ¡y van a la cama sin chistar!  No… no es así…
Y te ves envuelta en un matrimonio donde no te encuentras contenta, un trabajo que no se satisface y una maternidad que te sobre pasa.
¿Suena familiar?
“El sufrimiento parte de la no aceptación, de la resistencia de lo que nos está sucediendo”
Lo primero, suelta, suelta ese control, esa idea que pusiste en tu mente de lo que debía de ser tu vida y comienza a aceptar lo que Dios, el Universo, esa Fuente de energía maravillosa y Divina, te han puesto delante, porque sabes, no existen casualidades ¿o piensas que Dios comete errores?… pues no, estás exactamente donde debes de estar, con la persona que debes de estar y de la manera que debes de estar…¿por qué?… regresemos más bien al ¿para qué?...
¿Qué pasa si comienzas por aceptar que tu pareja no es perfecta? A perdonar lo que para ti son sus imperfecciones, a abrazar sus debilidades, a apoyar sus caídas. Pregúntate ¿qué puedo hacer yo, para mejorar la relación con mi pareja… es más ¿que estoy haciendo yo para que mi relación mejore?
Tómate tu tiempo… la reflexión es un regalo que debemos de darnos siempre a la hora de la toma de conciencia.
¿Qué pasa si tomas el valor de decidir cambiar de trabajo? porque si algo no te hace feliz, si sientes que te ahoga, que tu alma no baila, no se regocija (amo esta palabra, porque simplemente amo cuando mi alma se regocija) antes de ir a trabajar, entonces no es vida, no tiene sentido y si no es posible, pregúntate, ¿qué puedo hacer yo para cambiar y hacer que mejore este trabajo en dónde estoy? ¿Qué estoy haciendo yo para cambiar esta situación?
Qué pasa si la maternidad te sobrepasó, la crianza se te va de las manos, te das cuenta que tus hijos llegaron con su propia mochila emocional la cual tienes que aprender a guiar, acompañar y muchas, muchas veces sostener con amor.  Y pregúntate, ¿estoy criando desde el corazón, estoy respetando a este Ser tal y como es, buscando que logre su máxima expresión y no tratando de moldearlo a como se supone creo yo debe de ser?, ¿me estoy tomando el tiempo para sentirlo, escucharlo, contenerlo, acompañarlo y guiarlo? ¿Desde el corazón?
Y comienza a aceptar, no tienes el control de todo, no se supone que debió ser de otra manera.
Vive el presente, abraza todo, absolutamente todo lo que la vida te trae, sin etiquetarlo, sin juzgarlo… y si algo no te gusta, ¡cámbialo! Ten el valor de hacerlo, si sientes que te ahogas, que el camino no va por ahí, que no eres feliz… atrévete a salir de tu zona de confort, no tengas miedo, que la vida está ahí, delante de tus ojos, exactamente ahí… muchas veces, esas decisiones más grandes, esas que posponemos a las que le damos vuelta, a las que le encontramos mil excusas, son justamente las correctas.
Aprende a sentir, respira tu intuición, que ese es el lenguaje de tu alma.
Te amo y estoy siempre aquí, acompañándote en esta maravillosa aventura… y no creas, yo también tengo miedo, a mí también la vida y la maternidad muchas, muchísimas veces me sobre pasa, pero confío, tengo fe, creo en mí, creo en Dios, creo en el amor y también sé que para ti es así, solo vengo a recordártelo…