La difícil decisión de dejar mi país y vivir en el extranjero



Yo me casé por amor. Antes de decir sí, yo ya estaba sospechando que Mr. Guapo ya quería formar una familia. Entonces tuve que seriamente, con la mente y no solamente con el corazón, decidir cuál sería mi destino. 

Tenía que ser realista, el Guapo no hablaba mucho español en esa época y acababa de comenzar a trabajar en algo que realmente iba con su carrera y era una buena oportunidad para crecer profesionalmente. 

Mi corazón se partió en dos. Por un lado, estaba el amor que sentía por el Guapo y por otro lado estaba mi familia, mi sangre, mis amigos y todo lo que yo conocía como mi vida.

Tuve un par de meses para pensarlo.  El Guapo me dijo que dentro de poco iba a ir al Perú a visitarme. Mi corazón comenzó a prepararse, no sabía si sentirme emocionada o triste ¿Cómo es no? sabes que es momento de crecer, pero cuesta cortar el cordón umbilical.

---Parte 2 ------"Acepto"
Entonces el Guapo llegó a finales de abril. No hizo nada, ni me hizo sospechar que me iba a pedir la mano. 
El 1ro de mayo del 2011 (unos días después de la boda de Kate y William) nos fuimos a caminar. Salimos de la mano; nada elegante, jeans y polo y una casaca porque ya estaba comenzando a hacer frío. La noche tenía estrellas, como nunca, y lo recuerdo porque el Guapo lo recalcó.
Estábamos de regreso cuando él comenzó a recordar nuestros 3 años juntos, se acordó de lo lindo y no tan lindo y justo cuando estaba a punto de abrir la puerta de mi edificio él me dijo "hemos pasado altos y bajos, hemos tocado fondo y nos hemos levantado, por eso yo sé que…" y cuando me volteo a ver su rostro me dijo "...quiero pasar el resto de mi vida contigo, Helky ¿aceptas ser mi esposa?" 
Sus ojos brillaban y los míos se llenaron de lágrimas. El momento había llegado.... ahí, frente a mi casa ... con una rodilla en el piso y una cajita en la mano.  Mi corazón latía a mil porque ya tenía mi respuesta, pero decirla iba a marcar el rumbo de mi vida. 
"Sí" le dije, mientras mi cuerpo temblaba. Lo sabía, había tomado la decisión que iba a cambiar el rumbo de mi vida y estaba convencida de que había hecho lo correcto.
Tenía un año y medio para prepararme. En 10 meses nos casamos, luego hice mi último semestre en la universidad y finalmente la graduación. Ese era el final, pero a la vez, había llegado la hora de comenzar a despedirme de mi familia y mis amados amigos.
Despedidas por todos lados, salidas, pijamadas, cenas, bailongos, viajes ¡todo como si nunca más los iba a volver a ver! Y así... llegó la última noche. 

---Parte 3 ------ Es el momento de decir adiós.
El taxi llegó. Mientras bajaban las maletas me tomé el tiempo de caminar por toda mi casa; comencé a recordar todo lo que viví, las horas de estudio en la sala, las noches de queso y vino con mi hermana, las reus de chicas y las pijamadas para enterarnos los últimos chismes entre las amigas. Demasiados recuerdos... todos quedaban ahí.

Sentí un nudo en la garganta, la necesidad de decir "no voy, me quiero quedar" pero mi cuerpo estaba en automático y sin que me dé cuenta... cerré la puerta y bajé a embarcarme en el taxi. 

Si creen que hasta ahí todo es triste, esperen... ¡MI MAMÁ LLAMO! Yo creo que esa ha sido la conversación más difícil que he tenido. No porque mi mamá quería que me quede, sino porque me estaba deseando una buena vida, un buen matrimonio, felicidad a lado de mi esposo y eso me hizo romper en llanto.  Llegué al aeropuerto con los ojos hinchados.

Dejé mis maletas, no quería despedirme. Mis hermanos y mis amigas me acompañaron a la puerta ¡qué difícil! el momento había llegado. Quería abrazarlos y no dejarlos ir, quería que me rapten y no me dejen ir, quería... quedarme.

Nos dimos un fuerte abrazo, de esos que sólo te das con las personas que amas y entré a mi sala. 
Lloré la mitad de mi vuelo. Trataba de traer a mi mente todos los recuerdos posibles con mis papás, mis amigos, mis hermanos. Me sentí amada por ellos. Sentí que me iban a hacer falta en esta nueva etapa de mi vida. 

Pero... luego de 11 horas de vuelo, 4 horas esperando en el aeropuerto... por fin llegué a Colorado. Y ahí... entre la multitud, estaba mi chico, El Guapo, mi ya esposo... esperándome con un ramo de flores. Mi corazón comenzó a latir rápidamente... había llegado a mi destino, literalmente, había llegado a comenzar un nuevo capítulo de mi vida... con Nate.