La cesárea, también es parir


Hoy, tras mi experiencia, quisiera sacudir esa idea errónea que dar a luz por cesárea no es parir de verdad, que solo las cobardes elegimos “el camino más fácil”, porque quienes hemos traído vida a través de esta invasiva operación sabemos que es la única intervención quirúrgica que sugiere que la paciente no se preocupe de manera prioritaria de su recuperación porque tenemos que atender a una criaturita, la cual depende casi completamente de nosotras. 

No hay tiempo ni ánimos de echarnos a la cama a descansar o intentar reponernos del corte (7 capas de piel) que nos hicieron y que duele constantemente como si tuviéramos una herida en carne viva, lo único que acecha nuestra mente es proteger y abrazar a ese regalito que nos llegó envuelto de ternura y que despierta en nosotras, un amor infinito que solo conocemos cuando miramos los ojos de nuestros hijos.

Traje al mundo a mi pequeño Salvador el viernes 11 de mayo a las 6:30 am, mi esposo, mi compañero, mi amante, mi amor llegó a las 5 y 30 am a la clínica, él y su fe, calmaron mi ansiedad. Tenía tanto miedo, pero mi emoción superaba cualquier temor. Me llevaron a la sala de operaciones, Martin estaba conmigo todo el tiempo, afuera esperaban mis padres, mis hermanos y mis suegros, mi famila! El pudor se quedó de lado, me quité la bata y me pusieron la epidural, intentaron 3 o 4 veces, hasta que al fin comencé a sentir los estragos de esta anestesia, acostada boca arriba perdí la movilidad de mis extremidades inferiores, que sensación tan desagradable pero Salvador esperaba y tenía tantos deseos de verlo por primera vez.

No tenía dolor, pero sentía toda la manipulación, los médicos hablaban, Martin me decía que estuviera tranquila, que estábamos juntos y Salvador llegaría prontito, cuando por fin se escuchó un llanto dulce que emocionó cada fibra de mi cuerpo, era mi hijito, mi bebé, nuestro Salvador. Lo vi, pero no me dejaron tocarlo, los médicos querían “cerrarme”rápidamente porque corría el riesgo de sangrar por los miomas en forma de naranja que tengo en el útero, mi caso fue tan delicado que el doctor me dijo que si sangraba mucho, tenía que autorizar la extracción completa de mi útero. Nada de eso sucedió, milagrosamente no sangré más de la cuenta y Martin y yo nos convertimos en papas.


Luego, pasé a sala de recuperación, me dio una terciana de 2 horas (Todo mi cuerpo temblaba), cuando por fin pensé que todo había pasado, eran las 8 de la noche, no había podido orinar desde la operación, así que ordenaron ponerme una sonda, el dolor continuaba. A la 1 y media de la madrugada, una enfermera me ayudó a pararme por primera vez, el dolor fue terrible, lo recuerdo y me estremezco. Más adelante, llegaron los retuertos, que son como contracciones intensas que te dan mientras el útero regresa a su sitio y una serie de dolores extraños que dejé de sentir hace una semana. Ahora, solo me queda un ardor en la herida que poco a poco se mitigará.

Ver a mi hijo, saber que nació sanito y que es producto de ese eterno amor que nos tenemos con su padre, me inunda de emoción. Todo valió la pena, verlo dormir cerquita a nosotros me hace sentirme agradecida y sin dudarlo, repetiría todo lo vivido, pero que nadie me diga que una cesárea, no es parir de verdad!