¿Cómo Continuas?




¿Cómo le explicas a tu mente, a tu corazón, a tu alma la muerte de tu hijo?  ¿Cómo le encuentras explicación a lo inexplicable? ¿Cómo transformas tus creencias para que éstas no se pongan en tu contra? ¿Cómo sigues viviendo en paz después de ver morir a tu hijo? 

Muere Gabriel y mi mundo se derrumbó... todo alrededor mio perdió sentido. Mis días ya no tenían color, la comida perdió todo su sabor, la música dejó de tener melodía y ni que decir de mis creencias, eso en lo que yo creía se cayó como un castillo de naipes y para sorpresa mía en vez de sentirme perdida me sentí por primera vez en ¡mi vida libre! Libre de creer en lo que yo quiera creer, libre de poder elegir lo que yo quiera elegir para mí, libre de poder decir: ¡Yo creo! y decirlo con absoluta convicción.

Yo supe desde el momento en que mi pequeño murió que el camino no iba a ser fácil pero también pude tener la claridad en ese momento de saber que por más duro que sea el camino, por más doloroso, por más sufrimiento que hubiera yo iba a seguir viviendo con alegría, yo iba a volver a sonreír y a amar la vida más que antes y con esa revelación se me presentó mi primer desafió... ¿cómo lo hacía?

Me di cuenta que todo se resumía a dos cosas: mi actitud y mis creencias.

Mi actitud, porque yo no podía cambiar lo que me había sucedido. La muerte de mi hijo era un hecho real y permanente y solo me quedaba poder elegir como vivir eso sin volverme loca ni fallecer en el intento de sobrevivir. Como yo decidiera vivir a partir de ese momento iba a determinar la paz, la tranquilidad, la felicidad en mis días por venir.

Y mis creencias porque lo que yo eligiera creer desde ese instante (olvidándome de todo lo antes adquirido) iba a traer a mi vida la serenidad de poder aceptar la muerte de mi hijo sin cuestionarla, sin buscar culpables, sin pensar en que no debió ser así, sin pensar en que tenia toda la vida por delante, sin pensar en que fue un error del universo sino todo lo contrario. 

Al yo elegir que creer con respecto a la muerte, a la vida, al universo, a Dios me estoy dando a mi misma el poder de la serenidad, de la tranquilidad, de la paz, de la cordura. 

Al elegir que creer le estoy encontrando respuestas para las tantas preguntas que la muerte de mi hijo dejó en el aire, Le estoy dando sentido al sin sentido, le estoy dando claridad a la niebla. Estoy atrayendo a mi vida la paz y la calma de saber que lo sucedió ese 29 de diciembre del 2010 fue perfecto. Perfecto en el sentido que iba a suceder ese día a esa hora, perfecto en el sentido que era el momento justo para que mi hijo muera, perfecto porque fue él quien eligió ese día, esa hora y esa forma de partir, perfecto porque nadie muere en la víspera, perfecto porque el universo es perfecto y no admite errores. 

Para mi, mi actitud y mis creencias han sido y son el faro que ilumina mis días y me enseña el camino cuando estoy en la oscuridad. Gracias a ellas puedo decir que no he sucumbido en la locura ni en la tristeza infinita.

Con amor,