Yo aprendí




A veces siento que todo lo que hago no ayuda o que lo que funciona por un tiempo, al día siguiente no. A veces siento que no sé qué estoy haciendo y después de un minuto todo regresa.

Ando  en esta etapa, pareciera que por más ayuda que tiene el peque, hay algo que lo hace retroceder. Su paciencia anda casi agotada, reventando por todo y me hace sentir que regresamos en el tiempo y  para ser más exactos, un año atrás.

No sé si la medicación ya llegó a su punto máximo y es hora de reajustar aunque andamos más estructurados y cumpliendo objetivos a corto plazo, su  nivel impulsivo volvió a superarnos y no quiero ver ese lado de la moneda. La meditación en esta etapa no le ayuda o mejor dicho no quiere dejarse ayudar. Y aunque tenemos días buenísimos  también tenemos días malos.

Lo bueno es que ando más equilibrada, más anclada a tierra y sin perder el control de mis emociones. Claro somos seres humanos y no venimos con manual, es fácil perder los papeles y esto me lo preguntan siempre.
"Kiara, ¿acaso no pierdes los papeles y lo gritas?" o “¿Cómo haces para controlarte?”

Y mi respuesta siempre será que sí, que sí he perdido  el control sobre todo cuando #LittleF empezó a sentir mayor frustración en casa y en el colegio, cuando me respondía sin pensar lo que estaba diciéndome o cuando no le salía algo como esperaba y las cosas volaban por encima de mi cabeza, recibir golpes de las pataletas o noche en vela.

Si, perdí el control pero eso también nos indica que necesitamos un momento para volver a ser el adulto que tiene el control de la situación y bajarle a las revoluciones por el agotamiento emocional y mental.
Hemos pasado momentos muy duros sobre todo los bajones que presentaba, tristezas muy agudas o culpas sin razón. Pero cada instante nos enseñó los límites de cada uno, como aprender a diferenciar el punto exacto en que el vamos a explotar cual volcán, a entender los patrones de conducta y los aquellos detonantes de frustración tanto en el peque como en nosotros.


Hemos aprendido a elegir nuestras batallas, no llamarle la atención por cada cosa que hace, hemos aprendido a respetar sus tiempos a pesar que el reloj juega en contra ya que si presionamos, el niño se convierte en una bomba de tiempo, aprendí que una canción con muecas puede cambiar la situación, las competencias en la hora de la tarea son básicas así como las recompensas sencillas como guerra de besos, aprendimos que su niñez no durará para siempre el tiempo pasa volando y tiene derecho a disfrutarla, aprendí que él tiene voz y voto en su condición y elección de especialistas y medicación, aprendí a superar las miradas inquisidoras de la gente cuando me ven teniendo una conversación “Dura” con él en la calle y a parar los comentarios de frente para enseñarle a mi hijo que no hay que bajar la cabeza, aprendí de él que el amor es incondicional y es el sentimiento más poderoso del mundo.

Y aunque cierro mis ojos y tengo esos instantes tan presentes no cambiaría ni un minuto nuestra historia, por qué sin esa parte no seriamos los que somos el día de hoy.

Ahora nos leemos, mi #LittleF ha aprendido a identificar la frustración de mamá y ya sabe cómo apaciguar esa fiera, sabe reconocer los límites dentro de lo que puede  y por mi parte sé que no soy  perfecta y que cometo errores pero aprendí que la culpa no ayuda, aprendí que podemos dar uno o tres pasos atrás y reparar lo que posiblemente hayamos roto, aprendí que un abrazo y una mirada en silencio dice más que mil palabras, aprendí que una canción puede cambiar nuestro día al igual que un “te quiero”.



Un día a la vez