Trágame tierra…





¿Alguna vez te has sentido cual personaje de Disney, como los de la película “Intensamente”?

Yo sí, miles de veces, admito que por lo general estoy entre alegría y enfado, hace unos días sentí que quería que me tragara la tierra, literalmente.

Como madre de un niño con  TDA-TDAH es simplemente agotador tanto físico como mental. El tratar de que haga sus deberes o tareas a tiempo es súper complicado. Estos niños deben tener las tareas de casa organizadas, rutinas marcadas y una agenda bastante puntual ya que uno de los factores que falla en ellos es el espacio-tiempo.
El TDAH son las siglas de Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad, por lo general se diagnostica a los 6 años cuando los niños entran a primer grado de primaria y es más notorio cuando empieza la lectura y escritura. No todos los niños con el trastorno manifiestan los mismos síntomas ni con la misma intensidad.

Pueden existir variantes en la condición como la impulsividad,  actitud negativa/desafiante, trastornos de conducta, entre otros   y es uno de los trastornos más frecuentes en niños.

El trabajar en clase es toda odisea ya que uno de los problemas más resaltantes es la dificultad  en la lecto-escritura. No avanzan con la misma facilidad en comparación con otros compañeros ya que se distraen o simplemente no quieren trabajar por el simple hecho que no terminaran a tiempo “así que para que”.

Felizmente, tengo el apoyo de su profesora, estamos esperando que este nuevo año y nuevo colegio tenga como en el colegio anterior una evaluación diferenciada es decir lo evalúan según sus fortalezas en el caso de #LittleF es auditiva así que la evaluación debería ser oral.

Pero ¿qué pasa cuando llega a casa y aun así no quiere trabajar, cuando simplemente prefiere mirar la pared antes que abrir sus cuadernos o algún trabajo pendiente?

En esa ocasión  se comportó súper desafiante, no quería ni lavarse las manos y estamos hablando de un niño de 8 años que sabe cuáles son sus responsabilidades y que existen consecuencias cuando se comporta así.  Quería desviar los temas, hablaba de cualquier cosa hasta de porque las moscas volaban y yo trataba de que se concentrará en su trabajo. ¡Esto continuó por largo rato hasta que mi paciencia llegó al límite que está más allá de límite normal de toda madre!

Lo único que quería era que la tierra me tragara, cerrar los ojos y estar en una hamaca tomando una piña colada, pero como mamá solo atine salir de la habitación dar una vuelta, respirar, meditar y regresar.
Como siempre, el baño es mi mejor amigo en esos momentos.

Para esto mi pequeño ya se había auto calmado también, con sus ejercicios de respiración, se dio cuenta que su mami se había puesta roja como un tomate y solo atinó a abrazarme. Él sabe que a veces la mamá se agota y que necesita un segundo.

 El poder contralar las emociones a veces nos hacen malas pasadas pero todo depende de nosotros. Este Trastorno provoca un impacto en la vida tanto de las personas que lo padecen como de las personas que lo rodean. Cuanto más severos sean los síntomas que se manifiesten, más afectada se verá la vida del que la padece.

Mucho hace el apoyo de la familia y amigos, evitar situaciones de frustración y si las hay como en el caso de mi peque pues debemos aprender a tener”muñeca”.


Por eso como siempre digo hay que tener una maleta extra de buen humor, paciencia y ¡muuuuucho amor!

Un día a la vez.