Mamá, Papá: Estoy embarazada



Cuando eres joven y te enteras que estás embarazada, en lo primero que piensas es en tus papás. 

Bueno, a mí me pasó eso. Me puse a pensar en lo difícil que sería decirles que serían abuelos y pronto tendría a un bebé en brazos. A mis 19 años solo me dolía pensar en lo difícil que iba a ser para ellos tomar la noticia y qué pasaría después.

En mi caso, le conté primero a mi mami, estando ella de viaje. Pasó poco tiempo para que volviera hablar conmigo, siendo difícil tocar el tema de manera natural para mí y también para ella. Mi mamá necesitó su espacio, sé que sufrió y ahora sé por qué. Ella era la única que realmente podía saber cómo sería, porque ella es mamá y sabe lo difícil que es todo. Yo la necesitaba a más no poder y cuando llegó (para no irse nunca más de mi lado) fue lo mejor que me pudo pasar. Gabriel está por cumplir tres y mi mamá es nuestro apoyo incondicional. Es quien está a mi lado en todo momento, es parte de mi fuerza y quien me escucha cuando quiero tirarme por la ventana y patalear. Es la única que me pone en mi sitio, que me hace ver mis errores y me acompaña siendo otra madre, amiga y abuela para mi hijo.

Mi mamá confió (y confía) en que todo toma tiempo y que con esfuerzo todo se puede lograr. Me lloró mucho, pero se puso en las manos de Dios y cogió fuerzas de donde no las tenía. Mi mamá hoy no solo es mi mano derecha, es mi cuerpo entero. Lo único que le ha faltado es darle teta a Gabriel, pero está ahí acompañándome y haciendo mi papel muchas veces. Yo no puedo estar más bendecida y agradecida.

Para mi papi, el tiempo que le tomó asimilarlo fue más largo. Se preocupó desde el primer momento que supo que venía el bebé. Se preocupó por mí mis nueve meses de embarazo y estuvo a mi lado el día que Gabriel nació. Mi papá me siguió dando la confianza para estudiar y económicamente me apoyó en todo sentido siempre. Pero algo más fuerte se quebró en él. Yo sentí que lo rompí, que su hijita lo decepcionó. Le costaba mirarme a los ojos y decirme lo que sentía (siempre le ha costado, pero estos últimos años aún más). Sin darse cuenta alejó sus abrazos de mis hombros y sus besos de mi frente. Le costaba verme con panza, y le costaba de verdad. Su preocupación seguía (y sigue) siendo la misma. No quería que asista a clases embarazada “porque era peligroso” y casi se vuelve loco cuando supo que me matriculé a siete cursos para no atrasarme tanto. “No vas a poder”, me dijo. Y sí pude. No saqué el mejor de los promedios pero aprobé todos mis cursos. Di a luz y al poco tiempo regresé a estudiar, Gabriel tenía menos de tres meses. Ahora la preocupación era él. Pero igual le demostré que sí podía con las clases, el bebé y todo lo que él implicaba. Mi papá siempre ha querido a sus nietos, y la conexión con mi hijo es única. Desde bebito le cantaba con su guitarra, lo metía a la piscina, le hacía muecas. Ahora se tira al piso a jugar Avengers con él y le enseña a tocar piano. A mí me está volviendo a abrazar con la misma tranquilidad y me hace cariño en el pelo sin tener miedo. Yo no sé si nuestra relación volverá a ser la de antes, pero lo estoy intentando.




Mis papás sufrieron y tenían miedo. Y ahora los entiendo más que nunca. Porque así me pasa cada vez que Gabriel se sube a una silla, y siento que se va a romper un hueso si se cae. Así se sintieron ellos, mucho peor. Pensaban que me estaba cayendo, tal vez. Ellos sabían que muchas veces me iba a quebrar, que iba a sufrir pero no midieron cuán feliz iba a ser. Y sí pues, en el momento del shock no te pones a pensar en lo lindo que va a ser, sino en lo difícil. Los papás tenemos miedo por nuestros hijos, pero siempre confiamos. Siempre.

A mis papás les ha costado y les siguen costando las cosas, pero siguen ahí. De manera distinta pero la siguen luchando con nosotros. Y para nadie es igual. No todos nuestros padres reaccionan igual y asimilan las cosas a su manera. Pero tus papás, siempre van a ser tus papás, sea cual sea su reacción. Son lo más cercano que tienes, porque son papás y son TUS papás. Ellos no te van a faltar, por más que se alejen un tiempo corto o largo.

Sí pues, da miedo contarles todo, pero creo que es lo mejor que puedes hacer. Ellos siempre saben qué decir, sea regañando o con amor, pero siempre saben qué decir. Y aunque también se equivocan, te aman y quiere lo mejor para ti.

Y a mis papitos: Gracias por tanto.