Una mamá Millennial


Antes de ser mamá tenía mi propia identidad. Ahora soy la mamá de Graziano. Ser madre ha sido una de las experiencias más lindas, si no es la más satisfactoria. Sin embargo, también fue la prueba de amor más grande de mi vida. 

Tenía 24 años cuando supe que sería madre. No fue premeditado, ni planificado. Junto a Giancarlo, mi novio, habíamos comenzado nuestro primer negocio 4 meses antes. Nos la dimos de emprendedores, porque ni él ni yo, nos veíamos trabajando en una oficina con un jefe malhumorado. Pero la situación cambiaba con un hijo y nada nos garantizaba el éxito. Todas las mañanas, a pesar de las nauseas y vómitos, me mentalizaba que iba a poder no sólo ser madre, sino también, empresaria, pareja, hija, amiga. Con la tecnología ya no hay excusa para no hablar con tu mamá o conversar con tus amigas en tu grupo de Whatsapp. 

Mi embarazo no fue el más tranquilo, pero hacía todo el esfuerzo posible para que mi bebé crezca sano y fuerte. Lo que no me imaginaba era lo que se venía y muchas personas me advertían y aconsejaban que duerma todo lo que pueda o aproveche en salir con Giancarlo las veces que quiera, porque mi vida iba a cambiar por completo. Cuando Graziano nació, mi mundo cambió y ser su mamá pasó a primer plano. Desde que salí de la clínica no he parado de trabajar. Ser mamá a tiempo completo, trabajar desde casa, mantener (casi) ordenado el hogar, intentar ser mejor pareja y demás cosas que se nos viene encima no es para nada fácil, pero lo disfruto muchísimo. 

Pero hay días en los que te das cuenta de todo lo que significa ser madre y lo dificultoso que puede llegar a ser. Sin manual, ni instrucciones y siempre con la duda de si eres o no buena madre, si lo que haces está bien o mal. Hay días en los que por más que ame ser mamá, también puedo sentirme frustrada, agotada y con ganas de tirar la toalla. Ser madre es el trabajo más difícil y al mismo tiempo el más criticado, poco valorado, un trabajo 24/7 donde no hay vacaciones ni días de descanso. Hay días en los que digo que ya no puedo más, de repente volteo y lo veo sonreír con su mirada pícara, bailar con la granja de zenón y matarse de risa cuando le hago alguna cara graciosa. No hay mayor satisfacción ver como cada día hace algo nuevo y como poco a poco va descubriendo el mundo. 

Como pareja y socios, aún seguimos avanzando y conllevando nuevos retos y objetivos. Todo lo hacemos pensando en nuestro hijo, pues es el motor que no impulsa a ser mejores en todo sentido. Sin embargo, Graziano es nuestro proyecto más importante y al que más tiempo queremos dedicarle. 

Es increíble que después de estar 9 meses en mi vientre, han pasado 9 meses desde la primera vez que lo vi. Él es el pequeño hombrecito que me ha hecho aprender, crecer y creer en mí misma. Sacó de lo más profundo de mi ser habilidades que jamás pensé que tenía. Por esto y por muchas cosas más, vale la pena, vale las desveladas, los llantos y que aunque mi vida sea totalmente distinta a la de antes, definitivamente ser madre es lo mejor que me pudo pasar en la vida. 

Si me preguntan, de todas las cosas que hago, ¿qué prefiero hacer más? Les diría que ser mamá, porque perdí mi identidad desde que lo tuve en mis brazos. Ahora soy la mamá de Graziano.

Scarlet
http://themillennialmommyperu.blogspot.pe/
Mi nombre es Scarlet Correa, hoy en día trato de equilibrar mi vida como mamá y emprendedora. Soy la mamá de Graziano a tiempo completo y al mismo tiempo trabajo desde casa. Con la maternidad aprendí que no existe mejor proyecto que nuestros propios hijos, ya que ellos son la motivación y el único amor verdadero que conocerán. En mi blog, les cuento cómo me las ingenio para salir adelante con mi pequeña familia y todas las experiencias como mamá primeriza que pasamos en esta generación Millennial.