Las mamás lloramos... y mucho



Anoche tuve un "breakdown". Luego de un día largo con las niñas, estábamos viendo un show juntas y yo a propósito me senté en medio de las dos para que no se peleen, pero no funcionó, se las ingeniaron y terminaron llorado y gritándose. La rabia se apoderó de mí y en vez de reaccionar y gritar, me tapé la cara con las manos y con voz pausada, las mandé a dormir, así como estaban, sin lavarse los dientes, sin tomar la última taza de leche, así las mandé a dormir. 

Se fueron llorando y ni bien llegaron a su cuarto, rompí en llanto. Pero era ese llanto desesperado, ese llanto lleno de rabia y culpa al mismo tiempo. Cuando las niñas gritan y se pelean todo el día, me agoto emocionalmente y quiero salir corriendo; mi corazón se llena de rabia y me siento impotente. 
Pero creo que la principal razón por la que me puse a llorar era porque quería castigarlas. Quería que les duela de la misma forma que mi corazón dolía. Quería que entiendan que estoy cansada, que mi día a día consiste en alimentarlas, cambiarlas, llevarlas a sus actividades, bañarlas y encima tengo que ser árbitro de sus peleas y, su poca consideración, me duele. 

Y la culpa me inunda, porque son niñas y están aprendiendo a vivir ¡Y eso me hace llorar aún más! porque las veo y son tan pequeñitas, frágiles e inocentes y no merecen que sea tan dura con ellas. Lo peor es que sé que no puedo esperar consideración de su parte porque son niñas y en su pequeño mundo, su madre es super poderosa y no hay nada que la derrote.

Ser madre es posiblemente la tarea más difícil que he tenido que desempeñar y aunque admito que hay cosas que se van poniendo más fáciles con el tiempo, no hay "chepi" para el llanto. He llorado desde el primer momento en el que me convertí en madre hasta anoche. 

Pero ¿saben qué? es un reto que estoy dispuesta a cumplir porque amo a mis hijas y aunque haya muchas más lágrimas por venir, muchas de ellas van a ser de felicidad y las espero con ansias.

¿Alguna vez te has sentido así?