Se robó un caramelo y lo llevó a casa


Mi hija se robó un caramelo del super. 

Nos fuimos al super y aunque no quieras, te regalaban caramelos por Halloween. Pero antes de irnos, entramos a una tienda y pasamos por el área de los dulces y Naya nos dijo "quiero este caramelo por Halloween" y yo claramente le dije que no, que esos se pagan. 

Ya estando en casa, sacó el caramelo y nos mostró.  Yo me molesté y le expliqué que lo que había hecho era ROBAR, que eso no estaba bien. Tan firmes fueron mis palabras que ella se puso triste y comenzó a llorar. Yo le dije que al día siguiente tendríamos que devolver el caramelo y ella debía pedir perdón por lo que había hecho. 

Al día siguiente regresamos y le recordé lo que íbamos a hacer.  Por un momento no quiso bajarse del carro, pero se armó de valor y lo hizo, nos acercamos a la señorita de servicio al cliente y Naya le entregó el caramelo y con mucha vergüenza le pidió perdón. 

La señorita, le dio las gracias, me sonrió y nos fuimos. 

Mientras meditaba en lo que Naya había hecho, a mi mente vinieron millones de imágenes y escenarios si yo dejaba pasar esta situación.  Fácilmente hubiera podido dejarlo ir o al día siguiente me hubiera hecho la loca por floja a no querer manejar al super-que flojera me sobraba. 

Pero en mi mente no podía dejar de debatir qué si permitía que mi hija se saliera con lo suya esa noche, más adelante podrían ser cosas más grandes. 

Me invadía la idea de que luego iba a venir con cosas más valiosas o quizá va a querer que le solape otras fechorías. ¡No señora! 


Yo no quiero ser esa madre y no podemos ser esos padres. No permitamos que nuestros hijos piensen que lo malo es bueno y lo bueno es malo. Es una labor muy fuerte la que nos toca como padres. Debemos ser firmes frente a estas situaciones porque nuestra meta es crear seres humanos excepcionales y verán que luego el mundo luego nos lo agradecerá.