Hijos distintos, necesidades distintas


O el mito de dar todo por igual a nuestros hijos

Uno de los últimos posts que escribí se titula: ¿Tenemos hijos favoritos los padres? Y lo escribí a raíz de un artículo que leí en el País (ver artículo original acá) en el que la autora señala que era falso que los padres queremos a todos nuestros hijos por igual. Ella establecía que definitivamente, surgían afinidades y conexiones únicas de cada progenitor con algún hijo y que esto derivaba en preferencias, por lo que era mentira eso de querer a todos los hijos por igual.

Si bien no estoy para nada de acuerdo con la autora en eso de que los padres no amamos a todos los hijos por igual (pueden leer mi opinión acá)  sí estoy de acuerdo cuando señala que es imposible tratar a todos los hijos por igual e incluso, no es adecuado hacerlo pues, cada hijo es distinto y requiere necesidades y cuidados distintos. Y por supuesto, que nosotros cómo padres (padres hábiles, digamos) vamos a intentar otorgarles las mismas oportunidades de desarrollo, las mismas posibilidades, sin hacer diferencias con ninguno de ellos pues, queremos que todos se sientan igual de queridos y valorados y que ninguno sienta que le ha faltado nada de lo que otro ha tenido.

Sin embargo, al ser cada hijo un individuo único e irrepetible cada uno de ellos necesita cosas únicas y probablemente, en muchas ocasiones, muy distintas a las de sus hermanos. No todos deben ser educados ni corregidos igual, de igual manera no todos deberán ser estimulados igual puesto, que cada uno tendrá una respuesta única a cada estímulo. Incluso, como es en mi caso, habrá uno más independiente que otro y uno que necesita más muestras de afecto, más contacto físico que otro. E incluso, habrá temporadas en que cada uno de ellos nos necesitará más o menos, según vayan creciendo y según vayan enfrentándose a la vida.

Y acá viene – creo yo – el gran reto de los padres con más de un hijo: darle a cada hijo lo que necesita, no importa que no sea igual que a sus hermanos. Como dicen los especialistas en desarrollo económico: equidad antes que igualdad. Y esto es sumamente difícil, porque precisamente no queremos hacer diferencias, porque los queremos igual, porque no queremos que ninguno sienta una preferencia sobre otro y, un poco también porque no queremos que nos reclamen ¿no? Sin embargo, ellos no necesitan lo mismo y no demandarán lo mismo. Así, uno necesitará más atención, otra más disciplina, otro más independencia y así, miles de cosas porque incluso dándoles todo igual, siempre habrá uno que va a reclamar más y otro que estará contento con menos.


Definitivamente, es un gran reto el que tenemos los padres, pero creo que a la vez es una oportunidad; la oportunidad de conectarnos de manera única con cada hijo y así generar un vínculo especial con cada uno de ellos. Un vínculo que permita que cada uno de ellos es valorado y apreciado en su esencia. Vaya que está difícil.