El estresante mundo de buscar un colegio



Nunca pensé que sería taaaan complicado el buscar un colegio para mi hijo, para mí la cosa era simple y estamos hablando cuando recién iba a pasar a primer grado. Teníamos que ver 4 aspectos, locación para ver la distancia de recorrido desde casa al colegio tomando en cuenta si pasaba un accidente y recorrido diario (incluyendo hora para despertarlo);  infraestructura - si es que era adecuado tanto en salones como en área de recreo; Metodología - que en esa época no nos quitaba el sueño una metodología alternativa y Costos, claro tener que pensar si las cuotas de ingreso eran pagables al igual que la mensualidad, así como mantener el estilo de vida que lo iba a rodear.

Al pasar los años y con el diagnostico de #LittleF nos dimos cuenta que la metodología debió ser nuestra prioridad ya que no imaginábamos que se estresaría tanto y que iba a tener problemas de lecto-escritura como de aprendizaje a nivel matemático.

Cuando comenzó esta caótica aventura de buscar colegio casi finalizando el año nos cayó un balde agua fría, no tenía idea de por dónde empezar, lo que al principio creía que era esta búsqueda se me fue como arena entre los dedos.

Antes de que mi pequeño entrará a primaria, siempre escuche a mis amigas decirme que estaba tarde, que no encontraría vacante y que era súper difícil ingresar a un colegio adecuado. Y no estaban equivocadas  y es que siempre lo vi más sencillo, no tenía planeado que mi hijo ingresará a un gran colegio con muchísimo alumnado o que predomine su “Nombre”.

Y es que hay tantos colegios por elegir con costos realmente altos y poco creíbles para la mayoría de ciudadanos. Con exigencias de ingreso que en realidad da hasta risa y ni que decir de su método de enseñanza.

Cuando entró al cole en el que está, todo iba muy bien, se desarrolló perfecto a nivel educativo y en relación con sus compañeros (aunque al principio le costó) pero al pasar los meses nos dimos cuenta que lo molestaban, que se atrasaba mucho, recibíamos notas constantes de llamada de atención porque no se queda quieto, de que jugaba con lo que se le pusiera al frente  y que tenía problemas. 
Para el término de ese año ya estaba diagnosticado, habíamos descubierto la razón de sus atrasos y aprendimos sobre el TDAH y como llevar la situación.

Para el siguiente año, algunos de los niños que los molestaban se fueron, tocaba una nueva maestra (un mundo nuevo)  y ya habiendo conversado con el colegio sobre su condición pues la decisión fue sencilla, se quedaría para cursar el segundo año de primaria.

Este año, las cosas no resultaron como queríamos, #LittleF empezó sufrir más presión a nivel escolar y aunque entendía todo a la perfección, la escritura lo torturaba, la presión de los compañeros sumado al bulliyng no ayudaron, desarrollo un alto grado de impulsividad y todo esto le causo que su nivel de ansiedad llegará a un pico inimaginable, cambio a nivel conductual ya no le importaba nada y no quería ni siquiera responder las cosas que ya sabía. A pesar que su profesora tiene una paciencia de santo, el colegio tiene una exigencia que en nuestro pequeño no va.

Ya a mediados de este año la teníamos clara, era necesario un cambio porque sentíamos que estábamos perdiendo a nuestro niño feliz.

Así que nuestra búsqueda empezó hace un tiempito  y por recomendación nos mencionaron colegios con metodologías alternativas que para mi gran sorpresa nos dimos cuenta que no hay muchas y hasta la fecha de este post no hemos conseguido vacante para el colegio que necesitamos por cercanía y costo pero no nos queda de otra así sacrificios necesarios se tendrán que hacer.

Nos empapamos del tema e hicimos nuestra tarea de buscar enseñanzas alternativas ya que #LittleF está en una tradicional, investigamos metodologías como la Waldorf que es muy adecuada por su forma lúdica de enseñanza y que respetan mucho al niño tanto en sus procesos de aprendizaje como su maduración emocional. Creen que el niño debe estar “puro” en el sentido tecnológico y en parte tienen  toda la razón, los estímulos visuales que produce la televisión crea un gran impacto en niños tan pequeños, pero yo como madre primeriza no le di mucha importancia y el peque ya venía con un discurso amplió de películas y demás. Así que quitarle eso iba a ser complicado ya que como todo fan de los superhéroes ya no podría tenerlos más como fieles amigos. Un cambio radical para nosotros como familia así que decidimos en grupo y la decisión fue no!

Me gusta mucho la metodología Montessori  ya que se caracteriza en desarrollar en el niño la independencia, la libertad con límites, respetar la psicología natural y el desarrollo físico y social del niño. Pero hemos encontrado nidos pero colegios creo que hay solo dos pero están muy lejos de casa así que no aplicaría.

Hemos caído en la metodología alternativa, que va trabajando con el niño, viendo sus fortalezas y debilidades. Trabajando de la mano y desarrollando el pensamiento crítico con estructura y normas pero sin dejar el lado artístico. 

Hay diversos colegios que están apostando por este tipo de enseñanza y aún nos asusta como resultará todo este viaje pero estoy segura que mi pequeño “Hulk” estará más tranquilo y animado para aprender. 

Sueño con el día que los colegios les de importancia necesaria a la diversidad de aprendizaje ya que aquí en Perú el TDAH no es inclusivo. Sueño que el Gobierno y el Ministerio de Educación se preocupen por estos niños que andan a la deriva y por esos padres que rezan cada noche pidiendo que le toque una maestra comprensiva y con paciencia.


Sueño con ver a mi hijo diciendo “amo mi colegio” y que entré sonriendo. 

Kiara 
Soy Ki, una mamá full time; fotógrafa de profesión que ama las manualidades y el buen café. Tengo un peque de 8 años, diagnosticado con TDA e impulsividad. Mi blog fue creado para concientizar sobre TDAH, contar nuestras experiencias y lucha diaria.