Mamá, ¡cálmate!



El mes pasado, nuestra familia ha visitado la clínica más veces que nunca en los poquitos 15 meses que tiene nuestra pequeña Mapi. Con 2 procesos, uno viral y otro de resfrío fuertísimo, uno después del otro les puedo asegurar que no solo hemos aprendido mucho sobre las visitas a emergencia sino también sobre nosotros. Les comparto mi experiencia de mamá nerviosa y como, junto a la ayuda de mi esposo, estoy tratando a mantener la calma.

Reconozco que soy nerviosa en general. Los insectos y los temblores me aterran. De más está decir que para tomar decisiones, así sean las más simples, me toma mucho tiempo porque en mi cabeza estoy pensando en qué pasaría si es que hago esto o lo otro. Con todo lo que les he dicho, imagínenme de mamá. El ser co-creadora y responsable de la crianza junto a mi esposo de una personita es maravilloso pero también me llena de miedo el pensar si es que las decisiones que tomamos son las mejores para el futuro de nuestro bebé. ¿Eso significa que vivo en stress total y que no disfruto de ver crecer a mi hijita? No, (felizmente) ya que son 2 temas los que principalmente llenan mi cabeza de pensamientos que estoy tratando de controlar y estos son: los accidentes y las enfermedades.

Algo que no voy a poder olvidar es cuando a los 2 meses Mapi se atoró cuando le estaba dando su medicina. Felizmente reaccioné de manera correcta y apliqué la maniobra de Heimlich con mi gordita pero luego de que todo pasó no me acordaba ni siquiera del número de celular de Sergio y estaba temblando y llorando de terror pensando en que hubiera podido ocurrir si es que no hubiera hecho las cosas correctas. Hace unas semanas los nervios me traicionaron nuevamente; mientras estaba trabajando me avisaron del nido que Mapi había vomitado. Me preocupé pero podía ser por cualquier cosa pero cuando me avisaron que ya eran 4 veces en menos de 30 minutos la cosa cambió. No sabía qué hacer, llamar a Sergio que estaba en la casa, salir corriendo por ella para ir a la clínica, avisar a mi jefe lo que estaba ocurriendo, estaba en medio de una auditoría y sabía que iban a necesitar información de mi parte. En segundos tenía 100 cosas en la cabeza y no sabía que hacer primero. Tuve que decirme a mí misma, ¡Cálmate! Y empezar a separar todos esos pensamientos y ordenarlos.

Está claro que cuando uno está nervioso y preocupado es imposible tomar buenas decisiones y finalmente en este caso en particular mi hijita me necesitaba al 100% bien para poder acompañarla hasta que poco a poco vaya mejorando. Si es que, como yo, eres un papá o mamá nervioso (a) te dejo la lista de cosas que me están ayudando a mantener la calma. 
  1.       No es tu culpa: los niños se enferman y tienen accidentes. Es fácil que pensemos que hemos fallado como papás porque nuestro peque se cayó mientras empezaba a caminar o se resfrió o agarró un virus pero no lo hagas. Si es que eres un papá dedicado y cuidadoso sabes que estas cosas pasaron porque tienen que pasar y son parte del desarrollo de nuestros hijos.
  2.       Respira: Cuando siento que tengo millones de pensamientos en la cabeza y mil posibilidades para cada uno de ellos paro e inhalo y exhalo lento por lo menos 10 veces. Eso me ayuda a calmarme y ordenar mis pensamientos.
  3.       Confía en los doctores: los médicos han estudiado muuuchos años para dedicarse a cuidar nuestra salud. Es importante que como papás estemos informados y hagamos preguntas pero confiemos en que nuestros hijos están en las manos de especialistas. Si es que tienes alguna duda siempre puedes pedir opiniones adicionales de otros médicos.
  4.        NO busques en google: lo peor que puedes hacer es pensar que Google es un médico y que poniendo los síntomas que tiene tu hijo vas a dar con el diagnóstico. Te aseguro, por experiencia propia, que poner síntomas o resultados de exámenes en el buscador te dará los peores diagnósticos y no son confiables. ¡No lo hagas! Ten paciencia y espera a que un médico te lea los resultados.
  5.        Reza / medita: a mí me ayuda mucho rezar. Así como respirar, me calma, hace que mi mente deje de pensar en mil cosas y además me ayuda a recordar que todo ocurre por un motivo pero que todo estará bien.
  6.        Sé agradecido: hay tantos niños y personas atravesando por enfermedades complicadas que el que tu bebé tenga un resfrío es pequeño al lado de otros diagnósticos. A pesar de que eso no significa que nos preocupemos menos.

Tengo claro que mi camino como mamá recién ha empezado y que seguramente vendrán más experiencias (espero que no muchas) en las que mi preocupación o miedo van a tratar de ganarle a la calma pero por el bien no solo de mi hijita sino de todos tengo que aprender a mantener la calma y espero poder lograrlo con el tiempo. ¿Algún papá o mamá nervioso como yo? ¡Cuéntenme sus experiencias!