Recuerdos de la infancia que no deben repetirse



Ayer, 11 de setiembre se recordó un acontecimiento que cambió el mundo: el atentado a las torres gemelas. Con este suceso, los protocolos de seguridad cambiaron. Gracias a eso te revisan más en el aeropuerto, te ponen más restricciones para entrar a tal o cual país, los sistemas de seguridad aduaneros se incrementaron afectando el comercio internacional y muchas cosas más.

Pero no sólo recuerdo eso que por cierto lo vi en directo, antes de ir a la universidad, como si fuera una película de acción donde no sabías que iba suceder en la siguiente escena. Recuerdo más como crecí.

En la esquina de mi casa había un Banco de Crédito que periódicamente lo reventaban a bombazos despertando a todos los vecinos y rompiendo todas las ventanas de mi casa. Recuerdo cuando le pusieron una bomba a mi colegio y la puerta salió volando. Recuerdo cuando se escuchaba un fuerte estruendo y de pronto se iba la luz: era una torre que habían volado y seguidamente se escuchaba balacera y ¡todos al piso!. Recuerdo que cuando mi mamá me llevaba al paradero, me decía que no patee ninguna bolsa en la calle porque podría estar escondida alguna bomba ahí. Recuerdo el bombazo a la calle Tarata y que varios de mis profesores del colegio se quedaron sin casa. Las imágenes de la tele, las familias muertas a diario, los “paros armados”, los coche-bomba. El “somos libres” del himno era sólo una frase pues no lo éramos, no podíamos caminar con libertad por la calle, no podíamos ir a una fiesta, una pollada, al cine, etc.

Hoy, 12 de setiembre, se cumplen 25 años de la captura de Abimael Guzmán, líder de Sendero Luminoso y responsable de la mayor cantidad de muertes del país en su historia. Responsable de todo lo que escribí en el párrafo anterior y que cumple cadena perpetua actualmente. Ayer fue liberada Maritza Garrido Lecca, otra terrorista que ya cumplió su condena y así seguirán liberándose uno a uno los que fueron capturados años atrás.

No daré opiniones políticas en este post sobre estas capturas, pero sí sobre nuevos grupos que aparecen y apoyados en la ignorancia de los más jóvenes, les dan “ideas revolucionarias” disfrazadas para que se vuelvan militantes de esos partidos fachada. Por lo tanto, nuestra labor de padres es recordarles a nuestros hijos lo que pasó, que uno es libre de tener el pensamiento que quiera, pero no puede hacer lo que hizo esta gente. Que la frase “por la razón o por la fuerza” nunca aplica, nunca tiene un final positivo, si bien ahora puede celebrar su cumpleaños en cualquier parque, antes no era así, antes las fiestas se acababan a las 10pm pues existía algo que se llamaba “toque de queda” y que, si te encontraban en la calle a esas horas, te llevaban a la comisaría porque eras considerado terrorista.

Por eso “celebremos” este día explicándole a nuestros hijos (si tienen la edad para eso) todo lo que pasó, que siempre habrá gente que te hace daño por no pensar como ellos, que aprendan a cuidarse, a pedir ayuda si es necesario y, sobre todo, a saludar y despedirse todos los días.