¡Pataletas!


Si bien los dos años se me pasaron en un abrir y cerrar de ojos y me metalicé a no decir "los terribles dos" porque sentía que eso me predisponía a pasarla mal (pueden leer mas en este post), ahora estoy en los ricos e intensos 3 años. 

Los 3 años de Iker vinieron con una gran sorpresa: su hermano. Esto no se que tanto ayudó en la intensidad en la que los vive, pero solo les puedo decir que son realmente intensos y fuertes jajaja. Como muchas personas me dicen: "Vaya que tiene mucha opinión." Y si, es verdad. Iker tiene sus opiniones y las defiende a capa y espada. 

Hace poco les pedí que me compartan tips, GIFs y sugerencias para poder manejar estos momentos porque quería leerlas y quería saber cómo lo estaban haciendo. Pues creo que es importante que entre todas nos demos una manito y nos ayudemos con ideas porque sino... moriremos en el intento. 
Así que, sin más bla bla bla, les dejo mis #TipsPetit: 
  1. Respira. No, no te engañes, querida. Se lo difícil que es respirar y que sigas sintiendo lo mismo. Pero acuérdate que después de esa respirada todo se aclara y sale el sol. 
  2. Agáchate. Ponte a su altura. Ponte cerquita. Míralo. Demuéstrale que estás disponible. Esto lo ayudará a saber que cuenta contigo a pesar de todo lo que está sucediendo. 
  3. Pregúntale si pueden conversar. Pregúntale si quiere que lo abraces. Sus respuestas te guiarán y sabrás el siguiente paso. 
  4. Déjalo sentir esa frustración. Déjalo sentirse enojado. Deja que explore esa emoción, que la bote, que la libere. Cuéntale que está bien que lo haga. 
  5. Dile que cuando se sienta más tranquilo, tú seguirás ahí para abrazarlo. 
  6. Si se deja abrazar, hazlo. Y mientras lo hacen, convérsale y explícale todo lo que pasó. 
Manejar estas situaciones son DIFICILES. Lo son porque a veces nos sacan de nuestras casillas.
A veces nos va de maravilla y a veces simplemente no podemos. Son muy intensas. Nos agotan. Nos ponen tristes. Nos contagian, perdemos los papeles y finamente, perdemos la "batalla". 

Por eso es muy importante que sepamos cuáles son nuestras bases para enfrentar esos momentos tan repentinos y tan intensos. En nuestro caso es el amor y el respeto. 

El amor porque siempre me voy a dirigir hacia ellos con amor y cariño. Mi tono de voz se los demostrará y mis posiciones también. Por eso, el estar a su altura y mirarlos es muy clave para decirles (sin palabras) que los quieres y estás ahí para apoyarlos. 

El respeto porque es algo muy importante para vivir en sociedad/comunidad/tribu etc. Si yo trato con respeto a mis hijos, ellos van a aprender a hacerlo también. Ellos van a notar que está bien respetar lo que sienten los demás y que está bien respetarse a sí mismos. Que cada uno de nosotros necesita ese respeto para poder convivir con bienestar. 

Si empezamos abordando estas frustraciones (díganse pataletas) con amor y respeto; les vamos a demostrar que con gritos y llantos es más difícil entendernos. Les vamos a demostrar que tienen todo el derecho de gritar y tener su momento para liberar esas emociones y que luego, cuando se sientan bien para conversar, lo vamos a poder hacer. Y les vamos a demostrar que cuando alguien en la familia se siente mal, es bonito acercarse y hacerle saber que estamos ahí para el/ella. 

Tu familia es tu hogar y en tu hogar debes sentirte cómodo. En tu hogar debes sentirte en confianza y debes poder sentir que es tu refugio ante cualquier cosa. Si nosotros, los padres, no creamos ese hogar; no esperemos que nuestros hijos acudan a nosotros cuando lo necesiten. 

Un pataleta es un rapto agmigdalar como lo dice Alvaro Bilbao en su libro "El cerebro del niño explicado a los padres" - esto significa que el niño está completamente sumergido en las emociones. No está razonando y tampoco está 100% preparado para razonar como un niño de 7 años. Entonces, empecemos por situarnos en la edad de nuestro hijo, entendemos que le sucede y qué lo hace sentirse frustrado. Pues con eso podrás darte cuenta cuánto puedes hablar, cuánto puedes negociar, cuánto puedes razonar. 

Y si igual perdemos la paciencia, no nos sintamos mal. Dejemos que nuestro cuerpo lo sienta y lo bote. Aquí un rico vaso de agua nos puede ayudar o una lavada de cara o un pedazo de chocolate (de paso que eso distraerá a tu niño de la pataleta ja, ja, ja). 

Criemos niños que sean capaces de reconocer lo que sienten y de acudir a ti cuando lo necesiten. Criemos niños con confianza y seguridad en sí mismos. 

Criemos con amor. Criemos con respeto. Criemos con ayuda. 


Y cuéntenme cómo lo manejan ustedes. Cuenten en los comentarios y así ayudémonos entre todas a pasar esta etapa (porque gracias a Dios es solo una etapa) de la mejor forma. 

¡Porque si se puede! 


Las pataletas no son más fuertes que nosotras.