Las cosas pasan cuando deben pasar...


Escribo este post con mis dos manos en el corazón de lo inmensamente feliz que soy con todo lo que me ha tocado vivir desde hace casi 3 años. 
Así es, son casi 3 años en los que soy madre. 
3 años en los que jamás me hubiese imaginado que todo saldría de esta forma. Pues recién había terminado la universidad y planes profesionales no me faltaban. Pero... como siempre lo digo; Iker iba a llegar sí o sí. Y de eso no hay duda porque un caluroso febrero del 2014 me enteré que estaba en mi barriguita y que íbamos a ser padres sin aún ser esposos y sin aún saber lo que era vivir juntos. 

Siempre escucho las historias de mis mamigas; de cómo pasaron tan linda etapa de enamorados y luego la maravillosa convivencia y por último cuando decidieron ser padres. También, siempre escucho de las mágicas lunas de miel que tuvieron ja,ja,ja y yo solo me pregunto cómo hubiera sido si las cosas hubieran seguido el camino "esperado".

¿Cómo hubiera sido? pero bueno, nunca podré responderlo porque mi vida tenía un plan diferente para mi, y se lo agradezco porque no pudo haber llegado en el mejor momento. 


Eso no quita que haya sido dificil y muy retador (no solo para mi; sino también, para Arturo). 
Porque construir una familia de un día para el otro es trabajo fuerte y para valientes.
Tengo que reconocer que hasta ahora lo sigo viendo como un trabajo en equipo muy importante donde uno tiene que dar mucho pero también tiene que recibir mucho de la pareja y sobre todo cuando hay hijos. 

Ser una mamá joven me ha permitido ver el mundo diferente.

Me ha abierto los ojos de que la vida está para disfrutarla y que eso es lo que tengo como misión en mi labor de madre con mis hijos. 

Ser una mamá por sorpresa (pueden leer aquí mi post al respecto), me ha demostrado que no hay reto que no se pueda cumplir y que no hay triunfos sin antes combatir esos miedos. 

Ser una mamá de un día para el otro me ha hecho una mujer más fuerte y más segura de lo que quiere - tanto para mi como para mi familia.

Y creo que debemos sentirnos orgullosas de toda es chambaza que damos por nuestros hijos, porque no estamos desperdiciando nuestro tiempo (como muchas personas lo piensan y lo dicen), estamos criando seres humanos y estamos contribuyendo un granito (muy grande) en hacer de este mundo, un mundo mejor - en calidad humana, en talento humano. 


¡Levantemos nuestras manos todas esas madres que hemos pasado reto tras reto en este mundo lleno de montañas rusas = maternidad!
Y sobretodo, levantemos nuestras manos todas esas mamis que a pesar de terminar MUERTAS y a veces odiando ser madres ja, ja, ja, nos sentimos victoriosas cuando vemos cómo crecen nuestros hijos y todo lo que les hemos podido enseñar. Porque lo más valioso que nosotros les damos a nuestros hijos son los valores, los principios que los van acompañar durante muchos años de sus vidas. 


Así que, arriba la mirada porque las cosas pasan cuando deben de pasar y si en algún momento sentimos que no estamos preparadas, es porque estamos frente a un reto y un reto no nos puede ganar. Somos suficientemente fuertes para seguir adelante y demostrarnos, a nosotras mismas, una vez más de TODO lo que podemos hacer y construir.