Los retos del duelo





Muere alguien a quien amamos profundamente y nos enfrentamos a esta realidad desconocida, a este mundo por el momento vacío y oscuro.
Nos enfrentamos a responderle a la vida, nos enfrentamos a decidir que vamos a elegir, nos enfrentamos a decidir si vamos o no a vivir el duelo.
Vivir el duelo ya es en si un reto, un gran reto que vamos a tener que "superar", caminar, aceptar...

Acá les comparto algunos retos que yo misma viví y que poco a poco aprendí a saber llevarlos, interiorizarlos, aceptarlos:
  • Uno de los mayores retos del duelo fue aprender a amar sin condiciones, amar sin pedir nada a cambio. Amar sin tener a la persona presente, amar sin poder demostrárselo físicamente, sin poder ver ni sentir en sus ojos la alegría de saberse amado incondicionalmente. Aprender a sentir el amor en el estado más puro, más sublime, ese amor que va allá que la muerte.
  • Otro de los retos fue tener aceptar la realidad de lo que estaba viviendo. Por más que quería negarlo, por más que quería no verlo, la realidad de la ausencia física de mi hijo me acechaba hasta en mis sueños. Todos los días apenas me levantaba era una lucha constante entre el aceptar y el negar. Vivía peleada con mi realidad, molesta, muy molesta. Hasta que entendí que mientras más me peleaba peor era, mientras más me peleaba, la realidad me golpeaba más fuerte...así que poco a poco tuve que empezar a dejar que la paz entre en mi vida, que la calma inunde mis pensamientos, que el amor sea más grande que mi dolor...que mi realidad se convierta en mi amiga.
  • Otro reto fue permitirme liberar mis emociones así éstas no sean buenas. Dejarlas salir, darme permiso a expresarlas, darme permiso a nombrarlas, darme permiso a sentirlas en su máxima expresión. Liberar mis emociones me daba calma, me quitaba un peso de encima, me hacía más liviana.
  • Otro reto fue aceptarme como una nueva persona (aún sigo). Aceptar que yo iba a cambiar. Aceptar que mis prioridades iban a cambiar, que mis amistades iban a cambiar, que mi entorno iba a cambiar. La vida es un constante cambio y más aún cuando muere un hijo...todo cambia. Decidí no pelearme con los cambios sino aceptarlos con el corazón lleno de gratitud y confiar que todo ese movimiento en mi vida iba a ser para algo bueno...y sí que lo fue.
  • Otro reto fue el aprender a confiar en el mundo nuevamente. El mundo se había convertido en un lugar amenazador y nada amigable. No me sentía a salvo en él, pero vivía en él, era parte de él y él era parte de mí. Tuve que aprender a vincularme con el nuevamente, tuve que volver a confiar.
  • Otro reto fue aprender a vincularme con los demás nuevamente. La muerte de un hijo te desvincula, te aparta del resto, te hace entrar en un capullo de soledad. La soledad se vuelve tu mejor amiga pero a la vez tu peor enemiga. Cuesta salir y cuesta vincularte nuevamente con las personas, tú no eres la misma que eras antes, tus prioridades han cambiado, tu mirada hacia lo que te rodea ha cambiado pero los demás no, los demás siguen siendo los mismos, entonces nos toca adaptarnos nuevamente a lo mismo siendo nosotros distintos, vincularnos nuevamente con las personas conocidas siendo nosotros unos desconocidos, ¡qué difícil y que gran reto!
  • Otro reto fue y sigue siendo el miedo. ¿Cómo vivir sin miedo después de haber perdido un hijo? ¿Cómo no tener miedo, terror, pánico de que te vuelva a pasar? ¿De qué otro hijo tuyo muera? ¿Cómo vives con ese miedo? Pues viviendo, viviendo y aceptando que muchas veces ese miedo será parte de tu vida, que ese miedo te acompañará muchos días y muchas noches pero lo que no podemos permitir es que ese miedo nos paralice y no nos deje vivir.
  • Otro reto fue aceptar la muerte de mi hijo no con resignación sino con gratitud, con amor, con paz, con la cabeza en alto y la mirada fija en hacer de la vida de mi hijo un homenaje.
  • Otro reto fue y es seguir viviendo con alegría y con sentido a pesar de la ausencia física de mi hijo. Recolocar a mi hijo en un lugar donde me permita seguir disfrutando de la vida sin tener al dolor matándome por dentro ni a la culpa haciendo su nido en mi corazón.
Son muchos los retos que se nos presentan cuando un hijo muere, cada persona tendrá sus propios retos y cada persona decidirá qué hacer con ellos.

¿Mi sugerencia? Aceptarlos con amor y gratitud ya que cada uno de ellos encierra una enseñanza maravillosa que está en nosotros descubrirla.


Con amor y gratitud,