La familia y el IRONMAN



Hace unos días pude terminar el IRONMAN 70.3 de Perú. Es un evento mundial, un triatlón donde 600 peruanos y 1000 extranjeros nadamos 2km en aguas abiertas, hicimos 90km de ciclismo contra reloj y terminamos con 21k de carrera pedestre. Lo pude terminar dejando atrás dolores, calambres, cansancio físico y mental y de verdad que es MUY gratificante el sentimiento de “objetivo cumplido”.

Pero, entrenar para una competencia así no se hace de un día para otro. Todo empezó cuando me enteré que este evento se realizaría por primera vez en nuestro país. Hablé con Grace y con su apoyo me inscribí. Y digo eso porque el entrenamiento requiere un gran sacrificio de tiempo que si no tienes el apoyo de la familia, simplemente no lo podrás hacer, o lo vas a desatender y luego pueden ocurrir peleas y distanciamientos.

El acuerdo era “puedes entrenar pero los fines de semana tienes que traer el pan para el desayuno” considerando que Giulia desayuna 8.30 am, debía calcular mis tiempos para hacerlo muy temprano, además, no quería perderme el desayuno de fin de semana en familia pues es uno de los pocos momentos donde estamos los 3 solos y juntos.

Salía a entrenar muy temprano, 5am a veces a las 4am con el fin de cumplir y llegar a la hora pactada pero cuando ya sabía que iba a llegar tarde, compraba el pan la noche anterior o a un panadero y le decía que lo lleve.

Durante la semana entrenaba por las noches, antes y mientras Giulia dormía pero como regresaba cansado, a veces Grace quería ver películas, empezábamos pero a los 15 minutos me dormía. Felizmente no me reclamaba sino que empezamos a ver series que duraban poco y cuando yo dormía, ella veía lo que quería.

Llegó el tiempo en que los entrenamientos eran más duros, más horas y llegaba más cansado. Giulia se levantaba por las mañanas preguntando por mí y mamá le decía que yo estaba entrenando. Giulia al ver como estaba vestido, ya sabía si me iba a nadar, correr o montar bicicleta y se despedía de mí cuando me veía cargar mi maletín.

Los días previos a la carrera, decidí llevar la foto de mis 2 chicas en mi bici y “tatuarme” sus nombres en la pierna a modo de que me den esa energía extra que sabía iba a necesitar.

Durante la carrera, no podía evitar ver esa foto, recordar todo el sacrificio, ver a mi hija y a mi esposa en mi mente y botar algunas lágrimas de agradecimiento y alegría por apoyarme y estar donde estaba y sabía que las iba a ver en la meta. Al llegar, abracé a mi esposa y a mi hija por todo el apoyo que sentí de ellas durante ese tiempo pues sin ellas no lo hubiera podido hacer. Igual a mis padres que siempre me acompañan a todas las competencias que voy.


Ahora que ya pasó y tuve unos días de vacaciones, me pude dar cuenta como Giulia me llamaba cuando se despertaba, la diferencia es que ahora yo estaba ahí y atendía a su llamado. Ella me recibía con una gran sonrisa, con un “buenos días papito”, diciendo que durmió rico y que soñó con los angelitos.