Escucha a tus hijos [sin importar la edad]



En setiembre del año pasado decidimos inscribir a nuestra hija, de 2 años y medio en ese momento, a dos guarderías a tiempo parcial (solo medio día).

Una era al aire libre, con juegos que incentivan jugar con la arena y las manos; otra a puerta cerrada con un ritmo establecido y rutinas parecidas a las de un nido, con horarios para cantar, leer historias, hacer ejercicio, etc.

La primera vez que fuimos a ambas, Eva se desenvolvió muy bien. Sin embargo, los tiempos de “adaptación” no nos parecían adecuados.

La guardería a puerta cerrada, proponía que nos quedemos 30 minutos con ella la primera clase y luego dejarla, la siguiente clase irnos luego de 15 min, luego después de 5 y luego dejarla sola desde un inicio. A Eva no le gustó.

No era un verdadero tiempo de adaptación. Durante esos breves minutos, Eva nos tenía al lado pero no tenía idea de quien era su cuidadora, no sabía quiénes eran esos niños que estaban ahí con ella, no hubo una presentación oficial ni una invitación para interactuar entre todos antes de irnos.

Fue un verdadero fracaso. La primera clase, que fue la más corta, fue un éxito. Pero luego, fue complicado. El francés no lo entendía bien, no sabía quién era esa persona que hablaba y cantaba y no lograba entenderse del todo con los otros niños a quienes les hablaba en español o inglés.

¿Qué hicimos? Nos plantamos las primeras fechas en la puerta de la guardería. Nos dijeron que la dejemos, que lloraría un rato y luego se iba a calmar. Por presión lo hicimos una vez y 20 minutos después volvimos a recogerla y llevarla a la casa pues no estábamos tranquilos. Ella no se había calmado.

Mi esposo se encargó de acompañarla el resto de días. La directora de la guardería se “resignó” y se acostumbró a dejarle la puerta abierta a Eva. Ella jugaba en el pasadizo con su papá y poco a poco veía lo que pasaba dentro del salón de clases y cuando veía algo que le llamaba la atención entraba y se despedía de su papá, sin llantos, sin complicaciones.

Al 6to día, decidió entrar sola desde el inicio. Ya había entrado en confianza. Ya había visto que estábamos todos cómodos con ella yendo a esas clases y ella ya estaba cómoda con el grupo de niños y la cuidadora.

Se adaptaron a nosotros, a nuestra forma de llevar este proceso nuevo para nuestra hija de manera respetuosa. Eva solo lloró las primeras dos sesiones que hicimos los que “nos aconsejaron”, lo que “se acostumbra”, pero en nuestras entrañas no lo sentíamos correcto.

Luego de ese día en que ella entro sola a su salón, nunca más volvió a dudar en entrar, y entra feliz.
La guardería al aire libre tenía otro sistema. Nos dejaban estar con ella una hora, que pasee por todo el espacio y conocer a su cuidadora. Al momento de irnos, hacían hincapié en el ritual de despedida y de decirle que íbamos a regresar por ella.

Fue mucho más fácil, desde el primer día se adaptó muy bien pues al ser una guardería al aire libre, con mucho espacio, ella era capaz de explorar más cosas a su ritmo, sin horarios.

Sentimos que era un buen equilibrio para ella y conforme ha ido creciendo lográbamos complementar bien la interacción con los niños como con la naturaleza.

Ayer, sin embargo, Eva tuvo una reacción diferente en la guardería al aire libre. No quiso quedarse, se aferró a su papá  y le pidió que fueran a casa.

Hace unos meses, tuvo un “accidente” en esta guardería, se cayó y se partió un poco el labio. Nos dijeron que se cayó sola, que tropezó con un cochecito y que le limpiaron la cara y todo estaba bien. No lo consideraron grave y nos enteramos recién al momento de ir a recogerla y ver su labio hinchado.

Tuvimos temor de que esto le genere un trauma y ya no quiera volver, así que le pedí a la directora de esta guardería que mi esposo pueda quedarse un rato más en la siguiente fecha y pudiéramos anticipar alguna explicación especial sobre el cuidado al jugar. Aceptó sin problemas, sin embargo, no fue necesario. Eva entró y se despidió de su papá con tranquilidad.

No fue sino 2 días después del incidente que Eva empezó a rechazar ir a esta guardería. En su media lengua nos pedía no ir. Cuando nos decía que no, no iba, cuando nos decía que sí, probábamos y se quedaba tranquila.

Hasta ayer, que parecía que no podía más. Hablamos con la directora pero nos dijeron que no había pasado nada, que la dejemos igual, que seguro era capricho por no querer separarse.

No escuchamos a la directora, Eva no se quedó. Ella hoy fue a la otra guardería muy feliz. 

Así que a falta de información sobre que puede motivar este cambio de humor (tenemos muchas teorías, una de ellas que alguien le haya pegado en su mano, o tal vez que esa caída no fue accidental sino consecuencia de un niño o niña que la fastidia mucho), hemos decidido retirarla de esta guardería.

Así como la escuchamos para acompañarla en su proceso de adaptación, hoy la escuchamos para no obligarla a ir a un lugar donde ya no se divierte. En ambos casos ignoramos la orden del adulto. Nuestra hija, a quien conocemos a la perfección, por más pequeña que sea, tiene una voz y merece ser escuchada.

Esta decisión hoy nos tiene más tranquilos. No deseamos que la experiencia escolar sea desagradable para ella y vemos que, dando un acompañamiento respetuoso de sus tiempos, ella logró apropiarse de su nuevo espacio de juegos y ganar nuevos amigos.

No tengan miedo de ir contracorriente, escuchen mucho a sus pequeños, acompáñenlos en cada etapa y verán como todo fluye.


Hoy nos toca escucharla y no forzar, respetar su rechazo y acompañarla para darle herramientas con las que pueda expresarse mucho más a futuro, siempre sabiendo que papá y mamá la aman, respetan y escuchan atentamente.