Todo lo que debes saber sobre los panderos


Antes de empezar a escribir y que mi amiga Gigi me acuse de hipócrita en las redes sociales (y mi amiga Jenny me acuse con mis amigas del Pandero) debo decir que este es el primer año en mi vida de madre que oficialmente pertenezco a un pandero del colegio; bueno ya a dos, ya – lo admito – a tres. Nunca había pertenecido a uno, básicamente porque no me invitaban, por una cuestión de principios. No entendía bien que era eso de entrar a un pandero con un grupo de gente a la que no conocía o conocía muy poco y tener que cuotar una suma de dinero mensual.

¡Tacaña! Me dirán algunos, ¿Qué hablas? Me dirán otros. Pero, lo cierto es que lo que yo sabía de los panderos (hasta antes de que mi hijo mayor entre al colegio) era lo siguiente: los panderos o juntas surgen muchos años atrás en los sectores populares como una forma de ahorro informal (fuera del sistema financiero). Se junta un grupo de personas de suma confianza y todas se comprometen a dar una cuota de dinero (el monto se acuerda entre todos) y cada mes, o semana o quincena, según sea el acuerdo alguien se lleva el pozo. Al final, todos se llevarán la misma cantidad de dinero y todos habrán invertido la misma cantidad, sólo varía el orden en el que se recibe. El orden se determina por sorteo.

Entonces, no entendía ¿por qué en un colegio “pipiris-nice” había panderos en los que se juntaban madres que se conocían poco o muy poco? Y es aquí donde difieren los panderos tradicionales de los panderos de madres escolares: es por una necesidad social (más que económica) pues, hay una creencia popular sumamente arraigada que, si una no pertenece a un pandero, una no se enterará de nada de lo que sucede en el colegio. Y, como bien señala mi amiga Jessie (a.k.a la reina de los panderos) es una excelente excusa para conocer nuevas mamigas o juntarte con las mamigas que hiciste el año anterior. (ver post sobre mamigas acá

Sin embargo, según mi amiga Jessie los panderos de madres que mejor funcionan son aquellos con cuotas de dinero - aunque sea algo simbólico - pues eso genera compromiso entre las participantes. Hay panderos tan chicos como de 6 madres, hasta algunos tan grandes como 22 (¡ohhh!) cuando hay más gente se hacen cuotas dobles y son dos las ganadoras del pozo. Ojo, la o las ganadoras del pozo son las encargadas de organizar la siguiente reunión y ya no participan en el sorteo (como un pandero tradicional).

Este año por primera vez me animé a participar en uno y cómo es la típica de la vida, luego me invitaron a otro y a otro más, y cómo estaba en la viada acepté todas las invitaciones (me siento muy popular ahora, cof, cof. ¿Ves Party que si me invitan?) y lo cierto es que, más que enterarme de cosas del colegio me divierto muchísimo conversando con mis amigas. Es sumamente rico tener un espacio para conversar con otras madres que están en los mismos temas que tú, que han pasado o están pasando por cosas similares a las tuyas, que sufren contigo las demandas del colegio (en el dolor hermanas) y que encima, tienen el plus de tener hij@s que son amig@s de tus hij@s.


Como ven ahora soy una convertida y convencida (jejeje) y si tuviera que dar una recomendación, les diría que esperen a formar uno en el que todas sean amigas o conocidas. Y si no tienen uno, no pasa nada, no desesperen. Igual se enterarán de las cosas del colegio (se los juro). Y para mis mamigas del pandero de K, y las del anti-pandero de boys (uds. saben quiénes son) ¡las quieeeero!