Yo juzgaba a las mamás



Lo confieso, yo solía juzgar a las mamás. Lo hacía antes incluso de convertirme en madre. No aguantaba mucho a los niños entonces a cada sitio que iba y había un niño llorando o haciendo pataleta, pensaba "por qué no lo controla" o "qué malcriados sus hijos" o "para que trae a un niño a este sitio". Iba por ahí sin entender por qué siempre los padres con hijos llegaban tarde a los compromisos, por qué alguna amiga mamá no me había contestado el teléfono y no me había devuelto la llamada, por qué fulanita iba a todos lados con sus hijos. Era una pesada. Una juzga-mamás.

Quedé embarazada. Ahora, miraba a los niños con añoranza y cariño. Pero seguí juzgando a las mamás. "¿Que por qué dejaste que te hicieran una cesárea?" o "por qué le quitaste la teta si es lo mejor del mundo" o "no te creo que no te salía leche si todas las mujeres tenemos la habilidad de dar teta". Después, para pesar mío, todos estos prejuicios se me vinieron encima, como una presión de la sociedad y sobre todo propia por cumplir el rol de la mamá perfecta, pero esa es otra historia.

Nació Esteban y me convertí en mamá. Todo cambió. Me di cuenta por primera vez lo difícil que es la maternidad. Esta vez, sentada en la oscuridad, lloraba y me solidarizaba con todas las mujeres que tienen que pasar por lo mismo. Pero adivinen qué, igual seguía juzgando. Me acuerdo que fui a uno de los controles del pediatra y en la sala de espera había una mamá, su hijo y la nana. La mamá estaba sentada en el sillón mirando su celular. La nana estaba jugando con su hijo dos metros más allá. La miré con rechazo y pensé que era una mala mamá. Incluso, el tema salió en plena consulta con el doctor: él me contaba que no le parecía que llegaran mamás en ropa deportiva y que al hacerles preguntas sobre sus hijos ellas volteaban a preguntarle a las nanas "Fulanita, ¿cuántas veces hizo caca hoy?". Yo le di la razón.

Pasaron los meses, y hoy, un año y tres meses después del nacimiento de Esteban, creo que ha transcurrido un tiempo prudente para haber vivido muchas experiencias de diversos niveles de dificultad y, además, he conocido a muchas mamás con las que he compartido puntos de vista, y me he dado cuenta de lo diferentes que son todos los hijos, las situaciones y las familias. Ahora ya no juzgo a las mamás ni un poquito. Me he dado cuenta que cada una toma decisiones según un montón de factores que influyen en el momento. Lo que me da pena es que las mamás tenemos que vivir apabulladas y atormentadas por cada decisión que tomamos. En todo momento, hay alguien mirando de reojo dispuesto a emitir su juicio. Para algunos eres una mamá estresada, para otros eres una mamá que se hace bolas por todo, para otras que te escucharon llamándole la atención una vez a tus hijos, eres una mamá que siempre los trata mal, para otros eres de esas que les deja sus hijos a la nana, etc. 


Lo que es yo, estuve hace una semana en un control con el pediatra. Así que estábamos Esteban, Nélida y yo. Yo estaba sentada en el sillón maquillándome en la sala de espera. Nélida estaba dos metros más allá con Esteban. Me di cuenta de la situación y no me moví. No me sentí culpable para nada. Había más mamás ahí y no sentí la obligación de acercarme a Esteban por miedo al "qué dirán". Esa madrugada Esteban se había despertado muchas veces y yo estuve a su lado, cargándolo, meciéndolo, cantándole, ayudándolo a dormir... Necesitaba sentarme y maquillarme para no llegar con cara de monstruo a la oficina. Por eso digo, nadie sabe lo de nadie. Ese día fui una mamá que a los ojos de otra pudo haber sido juzgada por dejarle mi hijo a la nana mientras estaba sentadaza mirándome al espejo. Pero ya no tengo miedo a ser juzgada. Además todas ellas también pueden aprender, como yo, a no juzgar nunca más.