MI CALZON AGUANTA UN AÑO MAS


Cuando escuchaba de chica frases como “ya vas a entender” o “todavía no sabes ni limpiarte los mocos” me daba cólera. Según yo, #AbviaWeona que entendía todo. Hoy, a mis 37 años, todavía me pasa muchísimo el “ahhhh por eso era”. ¿Por qué te digo todo esto? Te voy a contar…

De chibola viví en la época de leche ENCI y el pan popular, las pensiones subiendo en 3000% cada mes, mis viejos tenían sus cuentas en el banco hipotecario (que quebró) y vivía en el rico Lince frente al parque del bombero. Yo era una Barbie girl in the Barbie world y #PorLaSarita juraba que éramos un poquito menos que las Kardashian o ahijados de Carlos Slim. A los dos lados de mi casa habían quintas, y en mi faceta de atorrante Premium style pensaba que ellos sí que eran misios. Me da vergüenza admitir, pero siendo chibola y sonsa, fui tan “pan con huevo”  que como me juraba millonaria y casi realeza porque iba a mi colegio privado super pipiris nais, con himno en inglés y estudiando francés (que no aprendí ni le petit pupú) cuando salía a jugar al parque hablaba en inglés y decía que acababa de llegar de España (porque obvio ahí hablan inglés #LornaToTheExtreme).

Mis papás nunca nos hicieron ver que podían haber necesidades económicas en nuestra jato y eso dio como resultado que yo me jurara la Paris Hilton de “casi San Isidro” #PorqueEsElLimitePesWeona #LinceNoEsFashion

Ya de adolescente, con el posterior estreno de mi cerebro, empecé a notar que mi mama tenía la misma ropa durante años y años. La acompañaba a comprar y entonces “lomito fino para mi hijito, piñita Golden para mi hijita y pechuguita de pavo para mi bebe”. Un ratito… ¿y para ella? ¿Y mi papá?

Mi papá a su vez, es hasta hoy el campeón del ahorro. Todos los domingos por la mañana hacía el concurso de “adivina que tiene el jugo de hoy”. Literalmente contenía todos los sobrantes de fruta, verdura, un poco de chifa, trozos de pavo de navidad, un poquito de tamal y sal de andrews para que baje.

Recuerdo alguna vez haberles reclamado tanto engreimiento para mí y mis hermanos, y me dijeron que nosotros estábamos en desarrollo y que ellos nos habían traído al mundo a darnos lo mejor que podían.

Años después cuando le conté a mi mamá que había hecho mi proyección financiera de lo que me costaría el colegio y universidad de 1 hijo y que el segundo probablemente sería hippie artista plástico casi pastrulo de Barranco porque ya no había de donde sacar, me confesó que ella y papi una época tuvieron hasta 3 trabajos, incluyendo sábados y domingos. “Todo se puede hijita, no hay imposibles”.

Me acordé de todo esto porque saliendo de la chamba la nana me dijo que Brunito no tenía granadillas y Mariano quería albóndigas. Paré en #Wong y ya en la caja me escuche a mí misma hablando con la cajera con la voz de mi mamá diciendo “Granadilla premium y albóndigas importadas para mis hijitos que están en desarrollo” (con tono de voz de Meche Solaeche en disfuerzos).

Me acordé también que a pesar que mis papás trabajaron toda su vida, nunca sentí su ausencia, nunca sentí el vacío. Entonces entendí por fin que querían decir con calidad contra cantidad de tiempo. Les agradezco todo lo material que me dieron, pero más aún, el haberme enseñado la importancia de hacer sacrificios en silencio, en amar a alguien más que a ti mismo, ser agradecidos, estar atentos con el mundo y la gente a tu alrededor, darse cuenta que detrás de cada persona y sus éxitos hay una tonelada de esfuerzo, trabajo y ganas de hacer las cosas bien.

Yo por mi parte tengo en mi ropero una colección para hacer un especial del LIMA FASHION WEEK. Empezamos por los pantalones acampanados, suecos, bodys, regalos de navidad, ropa de mi abuela, los ofertones de gamarra, pantalones de maternidad con elástico (perfectos para un atracón de chifa), y dos o tres cosas re fashion (que me compró mi mamá). Como toda mamá (ó papá) voy a Ripley o a Oeschle con la firme convicción de renovar mi closet y salgo con 10 bolsas de ropa para los chicos. Salgo a comprar arroz y aceite a tottus y salgo con unas finísimas sandalias de temporada a 19.90.
Soy devota de la virgen del puño y a mucha honra. Pero conmigo. No con mis hijos. Poco a poco les voy enseñando el valor del dinero, del trabajo y del tiempo no para que valoren el dinero, sino para que comprendan que ese minuto que no estoy con ellos, lo invierto trabajando y ese trabajo me permite darles un cachito de mejor calidad de vida.

“Ay pero podrías ajustarte, comer frejoles y estar con tus hijos”. Si claro, también podrían estudiar en la unidad escolar y usar zapatillas el tigre. ¡Claro que si! Y no tendría nada de malo y seguro serían igual de felices. Pero quiero darles más, quiero trabajar en lo que me gusta y quiero ser un modelo de esfuerzo para ellos.

Es verdad que el amor se demuestra con una caricia o con una palabra.

Para mí, también se demuestra  con ese sacrificio de hacer que tu calzón aguante un año más. Como decía mi abuelito que era rotario, no hay nada más lindo que “dar de sí, antes de pensar en sí”.

#DaleLaVuelta
#ElEsfuerzoTieneSuRecompensa

#ZurcidoInvisibleEsLaVoz