Duérmete Esteban



Justo cuando pensaba que lo tenía todo bajo control, que las malas noches habían acabado, que mi hijo era lindo porque era "tranquilito", que dominaba la maternidad, que de aquí en adelante todo sería papayita, justo ahora que todo era color de rosa Esteban ha comenzado a dormir PÉEESIMO.

Siestas cortas e inexistentes, llanto al despertar, malos humores durante todo el día, horas despierto de madrugada y con ganas de jugar, pataletas, etc. Son las cosas que me han tocado vivir desde comienzos de año y que no se van haga lo que haga.

Yo que me enorgullecía de mi hijo que dormía de 7pm a 6am todos los días, yo que tenía todo su horario planeado y que se había vuelto totalmente predecible, yo que osaba por primera vez pensar en matricularme en clases de K.O. por las noches, y que planeaba sacrificar una de mis ocho horas de sueño para hacer ejercicio.... Qué ingenua dios mío, qué ingenua.



En esta foto que me tomó mi esposo estoy metida en el pack n play en uno de mis intentos en vano de hacer dormir a Esteban. Desesperación en su  versión más pura. Lol.
              
Hoy mis días se han convertido en algo más parecido a "no tener vida", a llegar tarde al trabajo, a ponerme cualquier cosa que encuentro, a olvidarme el celular o la billetera por ahí, a estar más sensible de lo normal, a no tener vida social, a arrastrar los pies y solo poder sobrevivir con tres o cuatro tazas de café al día, a llorar sola en la oscuridad a altas horas de la madrugada pensando "diosito parfavar ayúdame que mañana tengo que trabajar"...


Así han ido pasando los meses y hoy me toca aferrarme como pueda a las pocas horas de sueño que me quedan.  La cosa no para, dicen por ahí, "la que tiene que adaptarse eres tú". No sé si será verdad, pero sigo, y hoy escribo este artículo bostezando y tratando de continuar un día a la vez. Busco consuelo en los primeros "mamá", en las carcajadas y en las primeras muestras de cariño que Esteban me da. Resulta que son suficientes. Siempre serán suficientes.