Ansiedad en los niños



¡Uy qué nervios, en unas pocas semanas empieza el colegio!
¿Qué “profe” me tocará?
¿Con qué compañeros me tocará?
¿Será difícil este año?

Si alguna vez te has preguntado lo mismo a pocas semanas de empezar el año escolar es que, seguramente, experimentaste ansiedad.

¿La ansiedad es negativa?
La respuesta es no.
Veamos, la ansiedad es una respuesta natural del organismo ante una situación nueva, o ante alguna situación  que percibimos como riesgosa y que trae consigo una potencial amenaza.
Todos hemos experimentado al menos alguna vez ansiedad en nuestras vidas.
Por lo tanto es absolutamente normal (y hasta saludable) experimentar ansiedad en determinados momentos y situaciones de la vida cotidiana.
Sin embargo, cuando la ansiedad es experimentada de una manera tan intensa que no nos moviliza a encarar una situación difícil, sino todo lo contrario, anula nuestra capacidad de respuesta no permitiendo a la persona desenvolverse de una manera funcional y aprender así de las experiencias que le toca vivir, entonces estamos frente a una problemática  en la cual hay que intervenir.

¿Cómo nos damos cuenta que nuestro hijo está experimentando demasiada ansiedad?
La capacidad de observación y análisis de los padres es crucial para poder darse cuenta cuando los hijos están experimentando demasiada ansiedad.
Por lo general, los niños con demasiada ansiedad:
  •  Experimentan miedos recurrentes respecto a lo que les puede pasar a ellos o a sus seres queridos (padre, madre, hermanos, familiares y amigos).
  •  Se quejan constantemente de malestar o dolencias físicas.
  •  Se preocupan constante y exageradamente por situaciones cotidianas  (ir al colegio, responder correctamente en clase, agradar o no a sus compañeros, obtener una mala nota en una tarea o examen, no participar bien en un juego grupal, etc).
  •  Experimenta problemas al momento de dormir (le cuesta conciliar el sueño, tiene pesadillas, se mueve constantemente mientras duerme).
  •  Tiene rabietas frecuentes.


¿Qué hacer si nos damos cuenta que mi hijo tiene mucha ansiedad?
La capacidad de observación y análisis de los padres es crucial para poder darse cuenta cuando los hijos están experimentando demasiada ansiedad.

Te dejamos aquí cuatro  consejos para que los tomes en cuenta:

Comparte con tus hijos tus vivencias:
El hecho de relatar a tus hijos las vivencias que a ti, cuando pequeño, te generaron ansiedad tienen un efecto tranquilizador en ellos. Y es que, seguramente, ellos sacarán la siguiente conclusión: "Papá o mamá pasaron por ésto también y ahora ellos me dicen que no me preocupe. Si ellos lo sintieron y pudieron salir bien librados, yo también puedo. Ellos saben cómo me siento y lo que me aconsejan es bueno”.
El compartir tus miedos pasados, te humaniza, te hace real. Hace que tu hijo conecte contigo y sienta que hay muchas situaciones que son inevitables en la vida pero hay que darles la cara (pese a que nos intimiden).

Enséñale a respirar:
La respiración es fuente de energía.
Al experimentar ansiedad, el organismo se activa dramáticamente y por lo general hay un desgaste excesivo de energía dejándonos sin la capacidad de respuesta rápida y adaptativa al momento de enfrentar la situación que percibimos como amenazante. Es decir, “quemamos todos los cartuchos antes de salir al combate real”.
Una respiración adecuada (profunda y pausada) nos permite frenar esa activación brusca y restablece el equilibrio de nuestro organismo y nos predispone a controlar, de una manera más eficiente, nuestras reacciones emocionales.
Toma asiento con tu hijo y dile que cuando se sienta preocupado o fastidiado por algo, por más pequeñito que sea el hecho, debe primero respirar profundamente. La respiración debe ser tomando aire por la nariz, retenerlo por tres segundos y luego dejarlo ir por la boca tratando de soltarlo de a pocos. Pídele que debe repetir esta operación al menos unas diez veces.
Explícale que esta práctica le permitirá estar más tranquilo al momento que se presente una de esas situaciones complicadas o molestas para él.
Déjale en claro que las situaciones molestas siempre se van a presentar. Algunas veces de manera más intensa y otras no, pero que de todas maneras se presentarán y que lo que le toca hacer a él o ella es respirar, lo mejor que pueda, para poder enfrentar la situación negativa de una mejor manera.

Oriéntales a pensar en positivo:
Explícale a tu hijo que, detrás de cada emoción negativa, hay un pensamiento negativo que lo alimenta.
Dile que, cuando algo nos preocupa y nos sentimos fastidiados, inquietos o temerosos, hay un pensamiento “intruso” que hay que encontrar y combatir.
“Todo me va a salir mal”, “se van a reír de mí”, “me voy a equivocar”, etc, son ejemplos claros de esos pensamientos “intrusos”.
Pídele a tu hijo que cambie su manera de pensar y que se diga a sí mismo: “es posible que algo salga mal pero para que no ocurra voy a poner todo de mi parte y a hacerlo con alegría”, “es posible que me equivoque ya que nadie es perfecto pero voy a dar todo de mí para que las cosas salgan bien”, etc.
Entrena a tu hijo en esta habilidad para detectar pensamientos “intrusos” y verás cómo la ansiedad se reduce significativamente.

      Ayúdales a “entrar a la piscina”:
“Para aprender a nadar hay que meterse al agua”.
Por más que compartas tus experiencias pasadas con tus hijos, o por más que le enseñes a respirar de una manera pausada o por más que le enseñes a identificar pensamientos “intrusos”, tarde o temprano, tus hijos (nuestros hijos) deberán plantarle cara a aquello que les genera ansiedad.
Dile a tus hijos que tú, como su padre o madre, le vas a enseñar con amor todo lo que necesita saber para enfrentar las situaciones negativas que se le presenten, pero quien al final debe darles solución es él.

Hazle sentir que tú estarás siempre allí para él pero el él quien debe vivir su vida y pelear sus propias batallas.

Y sobre todo, hazle saber que todos nos preocupamos y que la ansiedad debe movilizarnos a actuar para vivir y ser felices.

Todo el equipo del programa Aprendamos juntos espera que este pequeño pero sincero aporte les sea de utilidad  a ustedes padres y madres de familia.

¡Sean buenos y séanlo siempre! Y no se olviden….. ¡que la ansiedad nos lleve a la acción!