¿Qué pasa con los hermanos?





¿Qué pasa cuando uno de nuestros hijos muere y tenemos otros hijos que dependen de nosotros?

¿Cómo podemos afrontar este dolor en familia? ¿Cómo podemos vivir nuestro duelo cuando hay unas personitas que nos necesitan y nos necesitan bien?

Cuando Gabriel partió, Cristóbal tenia 9 años y Leia tenía 26 días de nacida. Lo primero que supe instintivamente fue que yo tenía que estar bien para que ellos estén bien, pero también supe que ese bien no podía hacerme daño a mí. 

Antes de la semana fuimos con mi esposo donde una terapeuta especialista en duelo, una señora mayor y muy sabia. Conversamos con ella durante más de una hora y saque algunas cosas que me ayudaron muchísimo en esos primeros meses.
Nos dijo que a mi y a mi esposo nos veía bien (dentro de lo que se puede), que mientras nosotros estuviéramos "bien", ellos estarían bien (no me había equivocado).

Nos dijo que no nos escondamos para llorar, que Cristóbal nos tenía que ver llorar... ¿cómo no llorar cuando un hijo tuyo ha muerto? Cristóbal tenía que tener permiso también para poder llorar a su hermano, para que le duela...si no veía a papá o a mamá llorando, ¿cómo iba a llorar él? 

Nos dijo que dejemos que sean nuestros propios recursos naturales los que nos ayuden en este proceso, que escuchemos a nuestro cuerpo, que nos dejemos llevar por nuestra intuición. Que observemos a Cristóbal, que él no iba a tener un duelo como el nuestro pues los niños lo viven de manera muy distinta, que veamos si deja de comer o come más, si no puede dormir o duerme demasiado, que veamos si hay algún cambio radical en su comportamiento y que si no hay pues que lo dejemos "tranquilo" y lo más importante para mi que nos dijo fue que Cristóbal tenia que ir al entierro de las cenizas de su hermano, tenía que despedirse, tenía que cerrar ese círculo en su vida que así él no quisiese ir, tenía que ir. Qué importante fue eso. En ese momento no sabía todo lo que se ahora y que importante para la vida de mi hijo él que haya ido al entierro de las cenizas de Gabriel, que importante que haya cerrado ese círculo en su vida.

Hoy 6 años después puedo decir que estamos bien, que mis hijos están bien y están bien gracias a mi y a mi esposo y por supuesto a su fortaleza interna. Creo que como papás hicimos lo mejor que pudimos, nos dejamos llevar por nuestra intuición y por nuestro inmenso amor a ellos y pudimos salir adelante. 

No fue fácil, hubieron momentos en los cuales hubiese querido estar sola para poder no levantarme de la cama si quería, para poder llorar todo el día si quería, para desaparecerme por una semana si quería pero no podía porque tenia 4 ojitos que me miraban todo el tiempo, 2 ojitos que me miraban esperando encontrar en mi mirada consuelo, seguridad, continuidad y dos ojitos que me miraban recién conociéndome, recién conociendo el mundo y no podía darle a conocer solo dolor.

Este último mes he leído dos libros acerca del duelo de los hermanos. Dos libros que me han hecho ver como vive un hermano que pierde un hermano.
Recordemos que a ellos también les duele, ellos también sufren, ellos también lloran. Ellos también han perdido a alguien muy muy especial y querido para ellos y encima de eso tienen la gran preocupación de ver como sus papas sufren, lloran, se desesperan, ellos no saben que hacer, como ayudarnos, piensan muchas veces que la familia se rompió, que no van a poder recuperarse de tremendo golpe, tienen miedo, mucho miedo de perder también a sus papás.

Algo que también siempre pensé fue: esto nos ha sucedido como familia, no solo nos sucedió a mi esposo y a mi sino también a mis hijos. Así que lo vamos a vivir en familia, cada uno vivirá su duelo pero lo viviremos acompañados, nos acompañaremos en nuestro dolor, si hay que llorar pues lloraremos juntos, si hay que gritar, gritaremos juntos....no podemos vivir el duelo del otro pero nos podemos acompañar y podemos darnos la mano y dejar que el amor haga su trabajo.


Con amor,