NO NACÍ PARA SER MAMÁ


Hace poco Maria Grazzia de Mamma Mía contaba en un post que ella tomó la decisión de quedarse en casa. Ha estudiado una carrera, ha tenido una vida laboral exitosa y ha tenido más de una oportunidad de volver a trabajar. Y aun así decidió quedarse en casa.

Ufff… ya se imaginarán, le cayó la santa inquisición, la sunat y las fans de Micheille Soiffer. Fue como prender una sarta de cohetones en una olla. Le dijeron conformista, pobrecito su marido, que ella no tenía sueños propios, mujer sin metas, y bla bla bla.

Y es que hoy por hoy, la mujer está obligada socialmente a ser mamá, amiga, esposa, la rampolla con su marido, gerenta, albañil, electricista, ingeniera de la nasa y presidente de Rusia. Y obvio, TODO hacerlo bien, con una sola mano y sonriendo.

Hay gente que le gusta blanco y otra que le gusta el negro (ese no, malpensada). Todos tenemos formas distintas de ver la vida, y tenemos además metas y sueños. Esas metas y esos sueños, además van cambiando con el pasar de los años y con las cosas que vives.

Regresar de tu descanso post-natal, en el que te dedicaste cuerpo y alma a cuidar de tu cachorro, y volver a la chamba para algunas es muy duro. Ven al chiqui indefenso, frágil, y claro, todas hemos pensado que nadie los va a cuidar como tú misma lo harías.

Cuando yo regresé a la chamba no hubo persona que no me dijera “awwww como lo debes extrañar”, “¿qué difícil es dejarlos no?”, “¿te debes morir de pena no?”. No, la verdad no. No lo podía decir, pero no. Cero pena.

Pensaba ¿Será que soy mala? ¿Soy insensible? En esa época pensé que como eran tan poco “interactivos” por eso no me daba pena dejarlos.

Años después con mis chicos de 6 y 2 años (ya RECONTRA interactivos) y después de haber dejado de trabajar por todo 1 año, regresé a trabajar. Los comentarios fueron los mismos: “¡Que paja! ¡Te diste tu año sabático!”, “Uy que lindo, como los debes haber aprovechado”, “Ufff te debe haber costado un montón volver a trabajar, debes querer estar en tu casa con ellos”
Nou, nou y nou mi querido Watson.

Entendí que yo no nací para ser mamá. Corrijo, yo no nací solo para ser mamá. Ser mamá no me define. Ser mamá no es lo que soñaba ser de niña, ni a lo que jugaba de chibola. No siento que sea una mujer más completa/realizada/superior ni nada de eso por ser mamá.

Ser mamá es un lado del prisma de lo que soy. Un lado espectacular. No soy la misma persona que fui antes de serlo. A veces me siento tan buena mamá, y a veces siento que lo pude haber hecho 100 veces mejor.

Ahora que vuelvo a trabajar puedo disfrutar de un café caliente, puedo sentirme útil (en otro aspecto), puedo trabajar en lo que me gusta, puedo ganar mi propio dinero, puedo enseñar y seguir aprendiendo, puedo disfrutar de manejar sola cantando como una loca desatada con la radio a todo volumen en plena Javier prado.

Pude o no pude haber sido mamá. Pude o no pude haberme casado. Soy esposa, soy mamá y soy una chamba lover, y quiero seguir aprendiendo a ser la mejor versión de esos roles.

Creo que no hay mayor suerte que poder sentirte realizada en todos los roles que escojas para tu vida. Todo aquello que te llene, que te ayude a ser mejor y que te haga feliz.


Cuantos más roles me faltarán por vivir. Cuanto más por aprender. Cuanto más en busca de la felicidad. Vengan, acá los espero.