Felizmente decidí ser feliz



Hace mucho tiempo que nadie me ofendía, ni me insultaba indirecta o directamente. Sin embargo la semana pasada lo hicieron y me di cuenta que hubo mala intención. Lo más extraño fue que el insulto vino de una persona que no me conoce o, en todo caso, cree conocerme por un solo artículo.

Sus palabras me hicieron pensar sobre lo que transmito cuando escribo y por ello deseo contarles un poco sobre mí y sobre la decisión que hace que viva tranquila y de la mejor manera posible.  

En algunos de los post que he escrito ya he contado que de niña tuvimos muchos problemas económicos. Por ende, tuvimos momentos de escasez y con el tiempo mi mamá se ingenió para que pudiéramos tener lo básico. Así que si algún día he trasmitido que he sido niña acomodada, lo siento, no ha sido así. Me faltaron muchas cosas, vi  muchas veces a mi madre angustiada, pero estábamos vivas y juntas y solo con eso era feliz.

Cuando crecí y mi madre me dio la oportunidad de estudiar en una universidad, me esforcé lo humanamente posible e ingresé a 5 de ellas. Cuando le dije a mi madre lo que quería estudiar, me dijo muy claramente que no. Así que tuve que decidir por una carrera que no me gustaba mucho, en una universidad que no fuera cara y donde tuviera facilidades de pago. Así que si en algún momento les he trasmitido que soy acomodada y que he estudiado en la facultad más cara de la universidad más cara con los mejores profesores del país. No, no es así. Estudié en una universidad media con buenos profesores y algunos buenos compañeros y realmente fui feliz, solo por el hecho de estudiar. Con el tiempo pude estudiar otra carrera y un postgrado, pero esa es otra historia.

Como mi madre se quemaba las pestañas trabajando en todo lo decentemente posible, trabajé desde que pude engañar a las personas con mi edad. Trabajé en una clínica, en un bar, en una cafetería, en una discoteca. Trabajé vendiendo aretes y collares en la playa. Trabajé de jaladora, recepcionista, asistente, ejecutiva, vendedora, analista y así pagando derecho de piso llegué a trabajar en las mejores empresas a nivel mundial. Así que si en algún momento trasmití que mi familia es dueña de algún banco o de alguna importadora, imprenta o cualquier otra empresa. No, no es así. Yo no nací con el puesto en el brazo. A mi me costó y me costó mucho y sin embargo siempre fui feliz, feliz ganando menos de lo que gastaba al mes. Feliz ganando dinero para mis copias de la universidad, feliz porque sabia que a fin de mes me alcanzaba para invitarle un helado a mi mamá, feliz cuando con mi sueldo pude comprarme una falda de jean (falda que hasta ahora tengo). Feliz cuando pude ayudar a mi mamá en casa. Feliz cuando tuve la valentía de vivir sola y aunque comía arroz con huevo 5 veces a la semana, era feliz, realmente feliz.

Con los años mi economía ha mejorado, no solo por el esfuerzo de mi esposo, sino también por el trabajo en equipo con el que hemos crecido. Sin embargo, mi esencia sigue siendo la siempre.

Mi felicidad nunca ha sido gracias a lo que tengo o no tengo. Pero estoy segura que lo que soy ha sido gracias a lo que no he tenido. Siempre he buscado lo que me haga feliz, es por ello que rechacé algunas propuestas laborales o quizá por eso nunca acepté salir con ese viejo platudo que podía asegurarme el futuro. El día que renuncié a mi trabajo, no fue porque mi esposo me podía mantener, fue porque terceras personas hicieron que fuera infeliz en mi trabajo y cuando el gerente general me pregunto porque me iba solo atiné a decirle que: Tenía que buscar ser feliz y que ahí ya no lo era.

Con eso no quiero decir que nunca estoy triste o que nunca tengo días feos. Con esto quiero demostrar que en esta vida no se necesitan cosas para ser feliz. Lo que se necesita es la actitud. Yo sufrí como sufren muchos y sin embargo encontré personas, motivos, momentos que lograron que fuera feliz.

El depa' donde vivo no es mío, no tengo carro, ni cuenta bancaria. Tengo deudas,  problemas familiares y tristezas en el alma. No soy socia de ningún club, sin embargo apoyo a cuanta ONG pueda y ha cuanta obra social me llamen. Si en algún momento he trasmitido que tengo una vida acomodada o que estoy cómoda viviendo en mi casa, pues si, así es. Pero mi situación acomodada no se relaciona con lo material, sino por mi decisión, mi esencia, mi espíritu.

Soy feliz. Feliz de vivir, de disfrutar del día y la noche, de poder ver estrellas y sentir el calor del sol, feliz de escuchar la risa de mi hijo, feliz de besar a mi esposo, de pelear con él y amistarme luego. Feliz de poder ver a mi madre, feliz de poder hablar con mis hermanos. Feliz de abrazar a mis amigos, feliz de poder escribir.  Me levanto feliz porque la vida me da la oportunidad de tener un día más. Desde pequeña decidí siempre ser feliz, sin importar lo material. Esa es mi meta diaria, sin tener o teniendo, así lo decidí. Soy feliz luego de una tarde de lluvia, soy feliz si en la calle un extraño me sonríe, o simplemente soy feliz cuando consigo que alguien sonría.


Esa es la decisión que tomé hace mucho tiempo, sin importar la situación: solo ser feliz hasta el día que tenga que dejar de vivir.