Mi primer paso hacia un tratamiento de fertilidad


Siempre imaginé que quedaría embarazada de la forma natural. Que sin calendarios, doctores, pastillas ni fechas, un día, como en las películas, iba a tener náuseas e iba a orinar en un palito que me diera las buenas noticias. En mi caso eso no pasó. Así que decidimos empezar un tratamiento de fertilidad.

Hace ya dos años de esto. Había estado intentando quedar embarazada por 7 meses y nada. Reconozco que me preocupé de más, que le hice más caso a mi YO emocional que al racional. Y así fue que terminé en una clínica de fertilidad.

Llevé los resultados de mis últimos exámenes a mi doctor. Felizmente la imagen no fue tan dramática como pensaba. Él nos explicó que tenemos dos obstáculos para concebir. El primero, el síndrome de ovario poliquístico (SOP), algo súper común en las mujeres hoy. La consecuencia del SOP es que los óvulos generalmente no son liberados y se quedan dentro del ovario y por lo tanto no puede haber fecundación. El segundo, un pequeño pólipo en el cuello del útero, también algo común en mujeres mayores de 20 años, que está haciendo de tapón y aunque hubiese ovulación no dejaría a los soldaditos pasar y fecundar al óvulo.

Entonces, ¿qué hicimos?
Debo confesar que algunos días antes de mi consulta estuve preocupada pensando lo peor pero después de la cita y de haberle hechos muchas preguntas a mi doctor, me quedé tranquila. Hay un tratamiento para el SOP y hoy el SOP no es para nada un obstáculo para quedar embarazada. También existían opciones para concebir a pesar de tener un pólipo. Una de ellas es la extirpación que no es para nada complicada. Otra opción era la inseminación que consiste en la inserción de los espermatozoides mediante un tubito insertado directamente en el útero, haciendo así más fácil la concepción.

¿En conclusión?
La recomendación del doctor fue comenzar la ronda de inseminaciones el siguiente mes. Pero yo, que prefería evitar esas rutas apuradas, decidí intentar solamente con un tratamiento para el SOP a partir del siguiente mes. O sea que en mi siguiente consulta me recetarían pastillas para estimular la ovulación. Los espermatozoides tendrían que hacer peripecias para saltear el pólipo y llegar a mi útero. En el caso de que esto no funcionara habíamos pensado comenzar la ronda de inseminaciones en los siguientes dos meses, es decir, dos intentos “naturales”.

Y así fue que comenzó para nosotros el countdown para el proyecto bebé. Si bien no somos de esas parejas que se miran y se embarazan, me he amistado con la idea de concebir gracias a un tratamiento de fertilidad. No veo nada de malo en ello, solo veo la solución para miles de personas que como nosotros necesitan un poco de asistencia para concebir.

A todas esas chicas que pasan por lo mismo o que sin siquiera haberse hecho exámenes piensan que tendrán problemas de fertilidad, les cuento que existen muchas soluciones. La clave es saber usarlas, investigar, ponerse en manos del mejor doctor, pedir segundas opiniones, y tomarlo con calma.

Estoy segura que estas historias serán las que les contemos más adelante a nuestros hijos, y les diremos cómo hace mucho tiempo papi y mami se morían de ganas de tenerlos e hicieron todo lo posible por cumplir ese sueño. Y eso es lo que serán nuestros hijos, producto de un sueño y de mucho, mucho amor.