Mi esposo me mantiene


¿Algunas vez te has sentido ofendidas con la palabra “mantenida”? Pues yo sí. Durante mucho tiempo  desde que dejé de trabajar he tenido que lidiar con eso. Muchas veces soportándolo con un silencio incómodo luego que me lo digan sin ningún reparo, en manera de ofensa o cuando mis amigas me cuestionan sobre porque dejé de trabajar o si no me molesta ser una mantenida.

No, no me molesta que mi esposo me mantenga, no siento vergüenza, ni pena, ni arrepentimiento. Mi esposo me mantiene, paga mi peluquería, mi ropa, las salidas nocturnas con mis amigas, mis postres los lunes antes de hacer las compras de las casa, pagó por mi lindo y nuevo celular, paga mi línea telefónica, si mi enfermo, él paga ese porcentaje que el seguro no cubre, incluso el paga el regalo de navidad que yo le doy. Aquí el problema no es lo que mi esposo gaste en mí o lo que yo le pida para gastar. No recuerdo haberme sentido mal por ello. El problema es lo que me hacen sentir las personas que están a mi alrededor. La reacción de las personas que me quieren y que sin intención me hacen sentir que he cometido el error más grande del mundo.

Yo me siento feliz de poder estar en la casa con mi hijo, disfrutando el 100% del día a su lado. Si yo no critico a esas mujeres que pudiendo quedarse en casa deciden seguir trabajando, porque es lo realmente les hace feliz y las completa, por qué yo debo aguantar como golpiza las críticas de los demás.

El problema radica no en como tú te sientas al respecto, sino en como te miran las personas que conviven contigo. Tengo amigas que me quieren y yo quiero pero que cuando tocamos el tema económico, me miran con cara de asombro y me dicen una y mil veces que por nada del mundo dejarían de trabajar para que sus esposos las mantengan. Hace algunos años atrás yo era así. Nunca pensé casarme, ni tener hijos, ni renunciar a mi trabajo para quedarme en casa. Sin embargo, se dio y el día que mi esposo me propuso renunciar para ser feliz en casa con mi hijo, lo hice sabiendo que mi esposo nunca me iba a sacar en cara que él era el que mantenía la casa.

Muchas veces, incluso hasta mi madre me lo dice: “No deberías dejar de trabajar, has estudiado mucho y yo no te crié para que dependas de otra persona”. Sé que su intensión no es incomodarme, pero ya son más de dos años que llevo escuchando lo mismo, como si depender económicamente de Frank fuera un error imperdonable. Como si una mujer solo fuera plena y exitosa si trabaja y crece profesionalmente.  

La situación con mis suegros si era agotadora, aunque confieso que ni me importaba. Desde que estoy con Frank he escuchado, comentarios directos e indirectos sobre lo mantenida que soy. Incluso cuando yo aún trabajaba y aportaba en la casa. Para mis suegros, todo es de Frank: “estoy en la casa de mi hijo” “Vamos a ir en el carro de mi hijo”. He tenido que con comentarios fuera de lugar: “Cuanto haces gastar a mi hijo”, “mira todo lo que compras, gastas mucho en carne, pobre mi hijo” “van de viaje en viaje, mi hijo se va a quedar sin dinero”.

En estoy dos años he escuchado muchos comentarios negativos sobre ser mantenida, he tenido que defenderme cuando me dicen que no me preocupo en superarme, que soy conformista, mediocre. Que vivir de un hombre no es vivir. Que una mujer no es profesional limpiando y cocinando. He tenido que responder con firmeza cuando me dicen que la vida es fácil si te mantienen. Que debería esforzarme y aspirar a más. Que da vergüenza ajena cuando digo que no trabajo y que mi esposo me mantiene.

Con los años me he dado cuenta que no hay ningún problema interno en ser mantenida. El problema es 100% externo. Como te miran tus amigos, tus padres, tu familia política. Es ese el problema real. Con los años he sabido mejorar mi reacción y mi estado mental.  Ahora simplemente no me altera los comentarios. tampoco me horrorizo antes la reacción de nuevas personas que conozco y se enteran que mi esposo me mantiene. Ahora cuando me preguntan “¿Cómo haces cuando quieres salir o comprar algo?” Simplemente les respondo lo siguiente: “Lo mismo que tu, me baño, me cambio, agarro mi cartera, salgo y compro”. Si respondiendo eso siguen insistiendo, siempre queda la respuesta cortante “No te preocupes, me mantiene a mí, no a ti”.

Le ha agradezco a mi esposo por todo el sacrificio y el esfuerzo que hace para mantenerme. Es verdad que él ha aprendido también a convivir con la situación. Le agradezco de todo corazón, porque así como en nuestro matrimonio no hay ningún síntoma de autoritarismo económico, conozco muchos casos donde si se da. Donde amigas me cuentan que sus mamás o incluso ellas mismas que no trabajan deben vivir su día a día pidiéndole en forma de ruego a sus esposos dinero para sus gastos o que deben mentirles para poder tener dinero extra, casi siempre arriesgándose a recibir una ofensa.

Hace poco comentándole esto a mi esposo, le decía que si yo hubiera sentido un mínimo de ofensa por quedarme en casa o si el me hubiera hecho sentir que yo soy menos por ser dependiente económicamente, no hubiera aguantado ni un mes y hubiera regresado a trabajar.


Que tu esposo mantenga tu hogar en estos tiempos y que lo digas abiertamente no debe avergonzarte. Es una decisión de pareja, donde los terceros sobran. Debes aprender a manejar los comentarios y las criticas, que pueden llegar a ofenderte pero no debes arrepentirte. Solo tu sabes todo lo que estas sacrificando para poder quedarte en casa. Al final, el aspecto económico que dejas de lado al renunciar a tu  trabajo es lo menos importante. Hay muchos aspectos que solo las que dejamos de trabajar para quedarnos en casa y depender económicamente de nuestros esposos sabemos.