De vacaciones (¿nunca más?)


Entre Navidad y Año Nuevo me tomé unos días libres. La verdad no tenía de otra pues la guardería cerraba entre esos días y, a sus 15 meses, Mucita aún no se cuida sola :-P

¿Y qué aprendimos en esos 5 días?

·        Que ser mamá a tiempo completo es agotador. Sobre todo cuando esposo se tuvo que quedar trabajando.

A ver, ¡un aplauso por todas esas mamis que se quedan en casa con sus hijos!



·       Que las rutinas son importantes. 

PORELAMORDEDIOS no las cambies. O te pasará como a mí, siestas a deshoras y una pelea diaria para ir a dormir. Mi angelito que antes se dormía a las 7:30 con su leche que yo juraba mágica, se transformó en una pequeña chucky hambrienta de cuentos. Y otro cuento. Y otro cuento. Y otro… y otro… y el mismo otra vez. Y una canción, y otro cuento, y al final, la que se quedaba dormida era yo.



·       A apreciar las siestas (las de ella y las mías). 

Por primera vez en mucho tiempo, seguí aquel infame dicho de “duerme cuando el bebe duerme”. Pues cuando te acuestas a la hora de tus años mozos y te despiertas a la hora de una madre, ese dicho cobra todo el sentido.



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      Que las vacaciones ahora son así

Caballero. Si no tenemos guardería, abuelos cerca o nana a la mano, las vacaciones son para despertarse cuando canta el gallo (o cuando llora Mucita, depende de lo que ocurra primero), jugar con rompecabezas, cantar canciones, contar cuentos, preparar comidas, limpiar desastres post-cada comida, hacer caminatas y paseos esperando que por fin se duerma en el coche, al menos.

Pero también son para reírnos con las caritas que nos ponen cuando saben que han hecho algo bien (o reír por dentro cuando esa carita sabe que ha hecho algo mal), para que se nos hinche el corazón cuando nos llenan de abrazos y besos, o para sentirnos bendecidas al verlos hacer algo nuevo, decir una palabra, comerse toda su comida o dormir sus dos horas del mediodía.


Las vacaciones ahora son para disfrutar a nuestros pequeños, y eso está bien J