Cuando los amigos vienen a casa



Un poco de catarsis con este post jajaja 

Hace poco vinieron los amiguitos de Iker a jugar a la casa. Desde el día anterior ya le había dicho que me ayude a preparar la casa para que esté limpia y ordenada. Iker estaba emocionado y feliz, se despertó y me preguntó por sus amigos. 

Pero, ¿Qué pasó cuando todos llegaron?

Iker se vio envuelto en muchas emociones.

Estaba feliz de ver a sus amigos pero estaba preocupado por sus juguetes. Quería jugar con ellos pero bastaba ver a uno con algún juguete (de Iker) para que deje todo y corra a recuperarlo. Se pasó casi la mitad de la reunión tratando de recuperar todos sus juguetes. 

Y es que es muy difícil compartir.

Es fácil agarrar los juguetes de otros pero cuando te toca a ti... ahí está lo sabroso.  

Yo entendía el punto de vista de Iker y felizmente las demás mamis también. Todas entendíamos que Iker estaba siendo territorial y estaba ansioso por todo lo que estaba ocurriendo.

Si bien es cierto que yo he hablado con el sobre compartir; no solo en ese momento sino, siempre. Cuando suceden estas cosas es bueno dejarlos sentir lo que están sintiendo y darse cuenta de lo que está pasando. 

Iker tuvo reacciones fuertes como intentar morder a sus amiguitos para que dejen un juguete. 

Cuando eso pasaba, yo intervenía y trataba de conversar con el.

Iker tiene 2 años y 4 meses; lo que significa que ya entiendo cuando uno le habla pero tampoco está en la edad para escuchar un sermón mientras están pasando muchas cosas delante de él. Es una tarea difícil no solo para nosotros, los padres, sino también para él. 

Ellos son los que tienen que empezar a canalizar todas esas emociones y reacciones con nuestra ayuda.

Con nuestro apoyo. Confiando en ellos. Confiando en que esas reacciones, como querer morder, son respuestas a todo eso que sienten. Todo eso que es TAN GRANDE para ellos que lo manifiestan de esa forma.

Enojarnos no va a solucionar nada, ignorarlo tampoco. 

Tengo que admitir que durante esa reunión, estuve muy ansiosa y estresada jajaja. Quería que todo acabe o que Iker empiece a compartir feliz pero luego mientras miraba toda la escena y la analizaba, me di cuenta que esto era un paso más para que Iker -poco a poco- empiece a compartir y a sentirse cómodo cuando vengan visitas a la casa. Así que me sentí mejor.

Sentí que este tipo de reuniones son las que debo hacer más para que ayuden a Iker a ir entendiendo que compartir es prestar algunos de sus juguetes y jugar con sus amigos. Compartir es también decidir qué quiere prestar y qué no; y que no está mal decir que algo no quiere prestar porque al final son sus cosas y se respetan.

Yo me di cuenta que no puedo obligarlo a compartir. No puedo obligarlo a no sentir esa rabia o esas ansias por sus cosas. 

Al final de la reunión los dos nos sentimos aliviados.


Y cuando lo abracé y le pregunté qué tal lo había pasado, Iker me respondió que muy bien y que extraña a sus amigos. Entonces... creo que después de todo, fue una excelente reunión. Para él, para mi y para sus amigos (que a pesar de luchar con Iker algunas veces,  todos se divirtieron a montones).