¿Qué te pasa?... ¡Nada!



Seamos sinceras, cuántas veces hemos respondido el clásico “nada” a nuestros esposos, novios, enamorado y/o amigo con derecho, cada vez que nos han hecho la clásica pregunta: ¿qué te pasa? A lo largo de mi vida, yo he respondido así miles de veces. ¿Qué te pasa? ¿Qué tienes? ¿Qué quieres? ¿Qué hice?, Nada, nada, nada, nada.

Me pongo en el lugar de nuestras parejas y pienso: o son muy valientes al preguntarnos eso cuando realmente saben que algo pasa y que estamos molestas o son muy ilusos y no saben ni entienden que esta ocurriendo.

Recuerdo en mis relaciones pasadas cuando estaba en plena discusión y me decían “¿Qué te pasa?” y la respuesta automática era “nada”, cuando en realidad deseaba escupir fuego, quemarlos, torturarlos o pegarles hasta que recapaciten y se den cuenta de la situación. Sin embargo me he dado cuenta que los hombres muchas veces no se percatan de los detalles. Con el tiempo me he aprendido que responder “nada” cuando realmente tienes un huracán de emociones y fastidios que decir, no es una respuesta correcta.

Mi esposo y yo en estos cinco años de relación hemos peleado fuertemente solo dos veces y fueron al inicio de la relación y debo reconocer que se debe a que dejé de responder “nada” cada vez que algo me molestaba o no me sentía conforme. Debo agradecérselo enteramente a Frank, fue él quien me enseñó que realmente responder “nada” no es nada productivo para la relación, es más, no hablar nos hace daño, ya que pasamos el día molestas con nosotras mismas, pensando en el hubiera respondido esto o le hubiera dicho tal cosa.

Ahora, con esto no quiero mentir, Frank y yo no siempre andamos felices por la vida tomados de la mano con mariposas volando sobre nosotros. Discutimos, nos molestamos y podemos desear estar separados algunas horas, pero por nada del mundo nos quedamos callados. Podemos decirnos lo bueno y lo malo en la cara y luego de eso podemos quedarnos callados por un tiempo, pero nos guste o no ya nos dijimos lo que teníamos que decirnos.

Creo que Frank en algún momento se debe haber arrepentido de haberme enseñado a no quedarme callada, porque ahora cuando algo me molesta, no dejo de hablar. Hemos aprendido que hablando podemos evitar malos momentos futuros, que muchas veces nuestras molestias solo se deben a malos entendimientos, suposiciones o que realmente Frank no sabe que es lo que quiero y por ende no sabe como actuar o soy yo la que no sabe que es lo que desea Frank y no sé como reaccionar.

No es que tenga la experiencia de la vida en cuanto a relaciones amorosas de trata, solo tengo cinco cortos años al lado de mi esposo, sin embargo algo que siempre le aconsejo a mis amigas es que hablen, no importa si están tristes, molestas, coléricas, lo mejor es hablar. Si el hombre que tienen al lado realmente las ama, él va a actuar de forma inteligente y las va a escuchar.

Eso si, cuando les digo que deben hablar, es hablar, nada de gritos, ofensas, insultos. Si yo, que soy toda apasionada, exagerada y media arrebatada he logrado poder conversar con mi esposo estando molesta, sé que muchas lo podrán lograr. Algunas veces me ha pasado que discuto con Frank por un tema cualquiera y en plena conversación/discusión termino llorando a mares porque realmente estaba molesta o triste por otro motivo y son los brazos de Frank lo que realmente necesitaba.

Así que si son como era yo, de las mujeres que respondemos “nada” cuando realmente pasa todo, las aliento a que cambien su “nada” por una respuesta sincera, pero tengan presente que deben controlar sus emociones y poder sentarse a conversar. Si necesitas un tiempo para tranquilizarse, pidan tiempo, respiren, enfríen la cabeza y cuando estén listan inviten a sus parejas a hablar. Muchas veces salir de casa también ayuda. Busquen un lugar para tomar un café, la banca de un parque o simplemente salir a caminar.

La semana pasada Frank y yo discutimos, el intercambio de palabras duro un minuto y después de hablar, nos quedamos callados durante día y medio. Con nuestro Fausto al lado es complicado dejar de hablarnos así que ese día solo nos dijimos lo necesario. Cuando discutimos fui yo quien habló y no le di la oportunidad de respuesta. Como resultado perdimos un día. Llegó el lunes y decidimos salir de casa, caminar tomando un café y conversar. Al final todo fue un malentendido y aprendimos a que no volveríamos a suponer sin preguntar.


Hablar ese es uno de los buenos trucos que tenemos Frank y yo para poder seguir adelante sin dañarnos ni llenarnos de resentimientos. El problema más grande en una relación, cualquiera que sea, es cuando realmente no pasa nada. Es ahí donde deberíamos preocuparnos.