Juzgar o no juzgar [no debería haber dilema: ¡Por favor, no juzgar!]



Había previsto contarles sobre los progresos de Eva en la guardería, sobre el proceso que hemos ido llevando, sin embargo este fin de semana tuve una experiencia que no me deja tranquila y va un poco de la mano con el video que compartí hace unos días de mi comunidad sobre el ser juzgada.

Será que tengo el tema a flor de piel en estos momentos que no me puede dejar tranquila el tema y necesito canalizarlo, sacarlo de mí.

Hace unos meses fuimos a un matrimonio en otra ciudad con nuestra hija y unos amigos. Pasamos 2 días junto a ellos y conocieron a Eva y nos conocieron más como papás. Durante una cena conversamos un poco sobre la paternidad/maternidad y nuestras diferentes visiones acerca de ella, nadie fue juzgado (al menos nosotros no lo hicimos), solo fue una conversación sobre cómo nos sentíamos y como manejábamos ciertas circunstancias (mis amigos tienen una hija un poco más pequeña que Eva pero optaron por no llevarla al viaje).

Este domingo, el mismo grupo de amigos junto a los nuevos esposos nos volvimos a juntar y esta vez nuestros amigos llevaron a su hija. Yo estaba muy emocionada porque no tenemos muchos amigos con hijos y muy pocas veces (por no decir nunca) Eva tiene con quien jugar cuando salimos.

Las sentamos juntas y cada mamá al lado. Congeniaron muy bien y de pronto empezaron a jugar saltando (saltos pequeños, nada escandaloso) en la silla (eran esas sillas como banquetas que dan a una pared), felices las dos haciéndose muecas. Hasta que vino una mesera y nos dijo que acababan de re tapizar el mueble y que por favor no salten las niñas.

[Nota: No dejamos que Eva salte en las sillas normalmente, pero entendíamos la emoción de estar con otra niña y todo comenzó con ellas primero paradas mirándose e imitándose y luego pequeños saltos de alegría].

Mi amiga automáticamente le dijo a su hija que no salté en tono de orden y su hijita se sentó, yo le dije a Eva que ya no salte pero se resistía. Es que claro, difícil entender que hace un rato estaba bien y de pronto había que parar. Empecé a hablarle tranquilamente mientras pensaba en alguna distracción para lograr que deje de saltar más rápido cuando escuché que la hija de mi amiga le preguntaba porque Eva seguía parada y a mi amiga decirle enérgicamente “Ella tiene permiso pero tú no porque yo no quiero que saltes”.

Sentí de pronto las miradas de todos encima mío, quería decirle que se equivocaba, que nosotros podíamos seguir las reglas del local pero que me tomaba el tiempo de explicarle a Eva, quería decirle que no asuma lo que nosotros podíamos permitir o no, quería pedirle que por favor entienda que a mí no me gusta dar órdenes sino también explicar por qué no se puede hacer algo por más que me demore más en hacerlo, quería decirle tanto y no pude. No pude y solo atiné a sacar a Eva de ahí y dársela a su papá para que la lleve a dar una vuelta, así sin más.

Resultado: Eva no paraba de llorar y volvieron a los 2 minutos pues ella me llamaba con su vocecita entrecortada.

Durante esos 2 minutos me cambio el semblante, no me sentía cómoda, quería estar con Eva, no podía seguir conversando así no más y escuchar a mis amigos decir que no tenían paciencia para los berrinches (amigos sin hijos, amigos a los que moría por explicarles que un berrinche no es necesariamente malo, que es lo más lógico que si la he dejado saltar durante 5 minutos mi hija no entienda porque de pronto no podía, que tenía que explicarle...pero no me salían las palabras).
Cuando volvió Eva le di pecho para calmarla y luego sentí otra ola de miradas porque la hija de mi amiga le preguntó a su mamá que estaba haciendo Eva, quise explicarle que estaba tomando pecho porque eso la ayuda a calmarse así como ella se chupa el dedo, pero tampoco pude, mi amiga (que me vio durante el viaje darle pecho a Eva), miró a su esposo con cara de incomodidad y le pidió distraer a su hija para que no me vea.

Luego Eva se calmó y volvió a sentarse tranquila a jugar con su nueva amiga. Hasta que la otra niña se aburrió y le pidió a su mamá que le cuente un cuento y ella le dio un libro y le dijo “tu tía te lo va a leer” y me lo dio a mí, mientras yo jugaba con Eva. Intenté leerlo pero hay algo que debo admitir. A Eva no le gusta que le lea cuentos, le gusta “leerlos” ella, no espera a que termine de leer para pasar la página, ella desea ver las imágenes a su ritmo y por más que intente, aun no me atraca eso de leerle historias.

Así que sabiendo esto, agarré el cuento y comencé a leerlo y Eva lo empujó cuando llegué a la segunda página porque no quería que yo lea sino ella leer y yo tenía a la otra niña que quería escuchar el cuento. Así que se lo di a su mamá disculpándome de que Eva no aguanta aún mucho tiempo con los cuentos y que por favor le termine de leer el cuento a su hija. Acto seguido me dice que había ofendido a su hija por no leerle el cuento entero y que estaba triste la niña.

Luego saqué un rato el celular (¿por qué? porque yo también quería conversar un momento con mis amigos así que puse canciones y Eva se quedó viendo las canciones con la hija de mi amiga hasta que nuevamente se aburrió). Cuando apagué el celular, obviamente la hija de mi amiga le pidió ver un poco más y nuevamente mi amiga dijo en voz alta que “ella no ve dibujos más que los domingos en la mañana y que esta era una excepción y que no le iba a volver a dejar ver videos”.

Yo de verdad ya no sabía dónde meterme, me sentía tan mal, sentía que todos me miraban, atentos a lo que hacía yo con mi hija y ella con la suya. Me quería ir.

Al final, todos empezaron a moverse de sitio para poder conversar entre todos y aproveché para que Eva camine un poco y se distraiga. Encontramos un niño con su papá y Eva empezó a jugar con ellos, saltando, haciendo saltar al papá del niño, bailaba, era felicidad total, tanto que se acercó otra niña y también se pusieron a jugar un rato. Fui a pasarle a voz a mi amiga  para ver si su hija quería venir con nosotras pero me dijo que su hija estaba jugando a la comida y que se iba a quedar ahí.

Cuando ya por fin estábamos camino a casa, seguí con esta sensación de incomodidad. Después de haber pasado un fin de semana juntos, de haber recibido buenos comentarios sobre mi hija, de conocernos un poco más como papás, no me parecían necesarios esos comentarios. Yo sé muy bien que ella es estricta, que para ella el hecho que yo de teta y practique el colecho es una locura. Pero siempre hemos dicho que amamos por igual a nuestras hijas y yo siempre he respetado sus elecciones, aunque hayan algunos puntos en los que me parezca algo fuerte su manera de hablar a su hija.
De pronto, durante todo ese brunch, me sentí juzgada a través de esas indirectas, me sentí comparada por los amigos respecto a mi manera de maternar, me sentí sin palabras para defender mi posición y es algo que aun días después aun vuelve a mi cabeza...el que hubiera podido decir o hacer.

Yo no me atrevería a hacer un comentario a manera de comparar ni positivo ni negativo. No le dije por ejemplo a mi hija “mira como ella se sienta y tú no”, porque no tengo porque compararla, porque se tenía que sentar porque nos pidieron cuidar la silla, no porque la otra niña se sentó apenas escuchó la orden de su mamá.

A mí no me gusta que me comparen y por lo tanto no deseo compararla a ella y mucho menos juzgar las decisiones de otros, por más fácil que sea. Si algo no me parece, trato antes de reflexionar porque puede darse esa situación y comprender. No estaré de acuerdo pero entiendo el origen del comportamiento y ahí me quedo.

Estoy tranquila con mis decisiones, y aunque no debo justificarme con nadie, es muy difícil sentir que te comparan. Yo creo que la maternidad nos debe unir, debemos poder compartir experiencias y comprendernos. Si en algún momento yo suelto algún comentario a algunas personas es para dar alguna información que me pueda parecer útil si veo alguna dificultad tanto para el niño como para la madre/padre. Si luego de esta información la persona no desea seguir mi consejo, pues está bien, sus razones tendrán y yo cumplí con informar. De ahí pasar a juzgar...no, bastante con vivirlo en carne propia, no deberíamos hacerlo hacia otras personas.

Le dije a mi esposo que lo que paso el domingo no me afectaba, pero en realidad sí, me afecta aunque no deba dejar que algo así tenga un impacto sobre mí. Ya con este “descargo” pasaré la página. Porque al final sé que estoy criando con amor a mi hija y que este es un camino largo por recorrer.
Creo que me agarró algo fría el hecho de haber contado un poco nuestra visión de las cosas, me sentir comprendida y luego de pronto que eso “explote” en mi cara bajo la idea de que no aplicamos reglas en casa. Creo que es algo que me desespera, que me digan a cada rato que soy muy permisiva por no decir “no” a cada rato. Digo “no” de otra manera, trato de practicar el uso positivo de las palabras, algo sumamente difícil cuando estamos acostumbrados a solo decir “no”. En fin, podría tal vez aguantarlo de gente que no me conoce, pero me dolió que venga de amigos con los que habíamos conversado previamente y no había aparente problema.

Sé que muy probablemente mi amiga no se haya dado cuenta de lo incómoda que me ponía cuando ella decía “tu no, ella sí”, o cuando contaba en voz alta sus reglas. Sé que solo trataba de responder a su hija y tal vez sintió necesario mostrarse así hacia nuestros amigos. Solo me hubiera gustado que me incluya en sus explicaciones si iba a hablar de mi o de mi hija, y no asumir y hablar como si yo no estuviera frente a ella.    


¿Les ha pasado algo así?  ¿Cómo manejaron esa situación?