Come tu comida Esteban



Siempre esperé con mucha expectativa el día en que Esteban cumpliera 6 meses. Me moría de ganas de darle su primer sólido. Más o menos por esa fecha él ya se sentaba sin ayuda, mostraba interés cuando nos veía comer, tenía buena coordinación en las manos y sabía agarrar con facilidad los objetos, todo estaba listo. Ya casi no podía esperar.

Hasta que llegó el día. Yo siempre había soñado con usar la técnica de Baby Led Weaning. Había leído artículos, visto videos, pedido consejos... Pero no me sentía con la confianza para comenzar sola. El pediatra nos recomendó todo machucado pero no licuado ni en pedazos. Así lo hicimos. La primera comida fue: papilla de hígado, beterraga y papa. Esteban la odió. Le daba con la cuchara y escupía la papilla como si estuviera envenenándolo. A veces comía una o dos cucharadas pero después era una pelea que acababa en lágrimas.

Así seguí intentando todo los días. Estaba con la moral en el piso. Me la pasaba cocinando y todo para que la bendita papilla termine en la basura. Esteban veía la cuchara e inmediatamente pegaba los labios. Por ahí no entraba nada ni aunque le cantara, le pusiera la televisión, le mostrara cómo comía yo, ni le hiciera el avioncito más gracioso y con los sonidos más alucinantes que podía inventarme.

Por esas fechas contraté una nana, Nélida. Nélida llegó y le conté la situación. Ella empezó a darle de comer con cuchara. Le hablaba bonito y a veces Esteban comía. Pero pronto volvió a pasar lo mismo. Él odiaba la cuchara y estiraba la cabeza lo más lejos que podía de ella. Así que le conté a Nélida del Baby Led Weaning y juntas iniciamos el plan. Toda la comida cortada en pedazos que él pudiera agarrar solo, al punto de cocción perfecta para que la agarre y la mastique sin problemas, sin cucharas, a veces hasta con nosotras almorzando a su costado para que nos imite. 

No les voy a mentir, tampoco fue fácil. Todo terminaba en el piso. Además de eso no fue fácil no hacer caso a las críticas de todo el mundo. "Pobre niño, no come nada", "se va a atoraaaaaaaaarrrrr", "lo matan de hambre", "ese bebé no sabe comer con cuchara", "dale papillas"... Una no se da cuenta de cuántas opiniones tiene la gente hasta que se convierte en madre. Y no solo la familia, TODOS, extraños en la calle, en el club, ¡donde sea! En fin...

Bueno, ayer Esteban cumplió un año y puedo decir con mucho orgullo que ahora lo siento a comer y se devora su comida. No es un escenario del todo limpio, pero al fin casi todo termina en su estómago y no en el piso. 

Mi esposo y yo siempre contamos una anécdota. Que una vez en el club Esteban estaba comiendo solo y con sus manos, y había dos bebés más cada uno en sus sillas de comer. Las nanas los resondraban por tratar de agarrar su comida. Ellas les daban con cuchara y nada se ensuciaba. En cambio, al costado de ellos estaba Esteban, un caníbal en pañales atiborrándose la boca de comida sin dejar nada atrás. Qué tal contraste. Nos reímos mucho cada vez que nos acordamos.

En mi caso, la confianza jugó un papel muy grande. Hasta ahora le digo a Nélida que le agradezco a ella por intentar métodos alternativos sin juzgarme por ser mamá primeriza y haber podido considerar otras opciones adaptándonos a la personalidad de mi hijo. Soportamos juntas días en que no comía nada, días en que la incertidumbre podía más y nos preguntábamos ¿algún día comerá?, celebramos juntas el día que agarró su pierna de pollo y la dejó limpiecita, y justo ayer, cuando ella ya se había ido a su casa le mandé una foto de Esteban con su plato vacío para compartir la felicidad de verlo comer así. 




Comencé este post pensando escribir sobre mi experiencia con el Baby Led Weaning. Pero terminé hablando de por qué creo que el BLW funcionó en mi caso. Por eso le agradezco a Nélida. Por ser cómplice y confiar en Esteban. Gracias.