Visitando por primera vez al dentista



Hace algunas semanas atrás note que los dientes de Fausto no lucían tan blancos como suelen ser los dientes de leche, me preocupé porque lo primero que pensé fue que tenía sarro en los dientes, pero ¿los niños pueden tener sarro?

Saqué una cita con una dentista pediatra en el centro donde yo me atiendo para que pudiera despejar mis dudas, quizá estaba dramatizando como usualmente lo hago y simplemente tenía un diente manchado. Cuando llegamos a la cita el resultado fue lo de menos, lo que más me preocupó fue la atención de la doctora.

Cuando entré al consultorio lo primero que le comenté a la dentista fue que Fausto nunca había visitado uno. Se sorprendió pero igual lo trato como si Fausto fuera experimentado en el tema, como si estuviera tratando a un adulto. No tuvo ni un solo queco de gentileza y la atención fue dramática. Fausto lloró, se quejó, veía en sus ojos el miedo. Era obvio, una completa extraña lo forzaba a mantener la boca abierta. No solo eso, introducía instrumentos extraños en su boca ¡Pobre mi hijo!

Como lo había pensando, mi hijo tenía sarro en los dientes frontales, no solo eso, la doctora se percató que tenía dos caries. Como lo acabo de decir lo que más se sorprendió fue su trato. Luego de 10 minutos de revisión soltó a Fausto, aproveché para pedirle a mi esposo que se llevara a Fausto fuera del consultorio para hablar con la doctora.

En el preciso momento que le iba a decir que su trato no me pareció el adecuado, ella me cortó y me dijo que si mi hijo no se tranquilizaba me recomendaba sedarlo para poder trabajar con él, pero como en ese consultorio no hacían sedación, podía ir a otro. Les juro que tenia ganas de taladrarle el diente con su escariador. Respiré, conté mentalmente hasta tres y muy maduramente le dije que mi hijo se había asustado y por ello era el llanto, que lamentablemente Fausto aun no sabe lidiar con personas extrañas. Terminé escuchando todos sus consejos médicos y salí muy tranquila de su consultorio. Fausto seguía llorando y gritando mi nombre por todo el consultorio.

Al día siguiente llame a mi dentista personal, quien es una capaza y me recomendó sacar cita con otra dentista, la doctora Amaro, así lo hice. Tuve que esperar dos semanas para que nos atienda. El 31 de Octubre fuimos otra vez al mismo centro odontológico para conocerla. Esta vez fui sola sin Frank. Al entrar a su consultorio la doctora se dirigió directamente a Fausto le enseñó unos muñecos y así se ganó la confianza de mi hijo. Fausto empezó a hablarle le contó sobre sus dibujos favoritos y la doctora cantaba con él las canciones de Paw Patrol, My Little Pony y Jorge El Curioso. Jugaron cerca de 10 minutos con sus instrumentos y luego de la introducción me preguntó por su edad y que necesitaba de ella. Le dije que quería una nueva evaluación.

La doctora me dijo que íbamos a trabajar juntas, que efectivamente Fausto tenía sarro en los dientes pero que solo veía una muela con una caries superficial. Así que me enseño la técnica de la fuerza. Es una medida de prevención donde yo ocupo la posición de la camilla y con mis brazos sujeto sus brazos y con mis pierdas sujeto sus piernas. No hubo necesidad de usar la fuerza, Fausto aguantó la profilaxis sin quejarse. Aprovechamos el momento y la doctora le colocó flúor en los dientes. La muela la hemos dejado para otra sesión.

La doctora me dijo que no había nada de que preocuparse, la caries era minúscula, superficial. Me dijo que lamentablemente todos los remedios para niños contienen azúcar y eso incrementa las posibilidades de las caries infantiles. Me recomendó cambiar la rutina de sueño de Fausto. Durante más de 2 años uso la leche para dormir a mi hijo. Fausto se queda dormido tomando leche, le quito el biberón, lo tapo y me voy. Me dijo que era un gran error, que Fausto debía aprender a dormir sin biberón. Que tome su leche despierto, le lave los dientes y luego lo acueste.

Otro consejo que me dio, fue que le diera manzana como postre, que ayuda a limpiar los dientes de los residuos de comida. Que evitara las frutas como el mango o la chirimoya de noche ya que son más difíciles de limpiar y contienen mucha azúcar. También me dijo que lo mejor era usar pasta dental sin flúor ya que al no necesitas agua le puedo lavar los dientes en cualquier lugar o momento y que la pasta sin flúor se puedo comer sin correr ningún riesgo.

Por ultimo la doctora en ningún momento me obligó a quitarle el chupón. Tampoco me impuso usar vasos y abandonar el biberón. Me dijo que esas son cosas que Fausto va a aprender a dejar solo, pero si enfatizó en la rutina de sueño.

Salí tranquila de su consultorio, agradeciendo a mi dentista por la recomendación y dándole mil gracias a la doctora Amaro, quien definitivamente tiene el conocimiento y el ángel para tratar con niños pequeños.

Definitivamente soy culpable de la caries y el sarro de mi hijo. Son experiencias de madre primeriza, la verdad que nunca le pregunté a mi pediatra si podía darle el medicamento dormido a mi hijo o si era esencial que le lavara la boca después de dárselo. No sabía que eso le podía causar algún daño. Hace dos días le he cambiado la rutina de sueño a Fausto y no tenemos ningún problema. Fausto toma su leche sentado en la cama, le lavo los dientes, luego se acuesta y se queda dormido mientras conversamos.


Claro que ahora yo soy la loca cepillo que carga uno para todos lados y basta que termine de comer una galleta para yo andar detrás de él lavándole los dientes.