¿Sabes reconocer cuando tu hijo está muy estimulado?



Desde que mis hijas son pequeñitas, he tratado de ponerme en su lugar para entender qué es lo que quieren decirme con su llanto y su forma de actuar. 

Una de las cosas que debo admitir que ha sido un constante aprendizaje es a reconocer cuando están muy estimuladas. Es decir, cansados y abrumados de tanta actividad.

Cuando son muy chiquititos es muy difícil captarlo rápido, pero aquí les dejo unos puntos para saber cuándo ya han tenido demasiado de una actividad. 

1. Hipo: 
Esta es posiblemente la señal más obvia que ellos nos puedan dar. Si observan con atención, luego de hacer una actividad nueva, cuando conocen a alguien nuevo o incluso cuando la rutina ha cambiado y se ha hecho más de lo normal, les da hipo (no, no es como decían las abuelitas que están creciendo cuando les da hipo, porque ellos están creciendo de todas maneras).  

2. Están muy inquietos:
Otra forma de saber que se sienten demasiado estimulados es cuando ellos mismos ya no pueden controlar sus pequeños cuerpitos y se mueven mucho más de los normal. Algunos se vuelven un poquito renegones y ligeramente violentos. A lo que me refiero es que algunos comienzan a botar las cosas y rechazan cualquier cosa que les demos.

Un ejemplo: Nicolette cuando está demasiado cansada, quiere agarrar todo lo que ve,  sólo para botarlos al piso y si está comiendo me tira la cuchara, la golpea y me grita (esta chiquita). Ella por lo general es una niña muy activa, difícilmente bota sus juguetes y come muy bien, pero cuando se vuelve en un pequeño monster con cachetes redondos ya sé que se siente al límite.

3. Lloran y es difícil consolarlos.
Este es ya el caso de un niño completamente agotado. Todo es motivo para llorar, una caída pequeña, que sus zapatos se encuentren más lejos de lo que su mano pueda alcanzar, que el jugo esté en el vaso incorrecto, que los escalones que todos los días suben se sientan más altos que nunca. Y no importa lo que les digas, no van a parar de llorar. 

¿Qué debemos hacer?

1.Una actividad con menos estimulación. De repente a tu hijo le gusta salir por el vecindario a pasear en el coche y le relaja. Si tienes un niño más grande puedes ofrecerle a que lea un libro en silencio o pueden escuchar música relajante en la sala.

2. Ambiente más tranquilo: No los lleves al Mall donde sabes que va a haber mucha bulla y gente, busca un espacio tranquilo. A veces ellos se sienten felices y tranquilos en tu cama o en la de ellos contigo a lado. Si son más grandes y son “hablantines” como Naya, explícales que este es un momento para estar callados y vamos a escuchar la música. Ellos aprenden este hábito con el tiempo.

3. Siesta. Yo creo que esto es el más efectivo. Les cuesta un poquito quedarse dormidos pero luego de la siesta vuelven a ser los lindos niños que antes eran. Siempre ten en cuenta la hora, muchos niños que duermen siesta no vuelven a dormir hasta tarde, si el tuyo es uno de ellos, posiblemente las otras técnicas de relajación pueden funcionar mejor. 

Qué NO hacer

Tratar de distraerlos, mecerlos o sacudirlos: He visto mamás que con el afán de calmar a sus hijos los tratan de distraer con algún juguetito, les dicen "yayayayaya" o los mecen de un lado a otro haciendo sonidos y a veces cantando fuerte. Con eso, es muy poco probable que los vayan a calmar, al contrario, los va a estimular mucho más y como resultado vas a tener un niño aún más cansado. 

Es recomendable bajar el tono de las actividades y los sonidos pero también tiene que ver con la personalidad del niño. Nicolette necesita absoluto silencio y sólo puede estar prendida la máquina de sonidos blancos, pero Naya necesita que le cante una canción lenta y así se queda dormida pero si hago eso con Nicolette, la despierto.

¿Has notado más formas que muestran que tu peque se encuentra muy estimulado? 

Un abrazo y hasta la próxima.