Que no crezcan sin que te des cuenta



Hace unos días, la persona que cuida a mis hijos -una gran amiga, en verdad-, al verme estresada y cansada y agotada y agobiada, me dijo: “Los bebés crecen y todo pasa”.

No supe si reír o llorar.

Reír, porque algún día se acabarían los berrinches, las noches sin dormir por los gases del niño o el hueco en el bolsillo que produce comprar leche, pañales, pañitos, etc. Llorar, porque los cachetes de mi gordo ¡son tan deliciosos! No quiero que se desinflen, buahh… Además, los comentarios de Cristina (3 años), que se cree hija de Platón y todo lo medita, son tan graciosos. ¡Cómo no disfrutar de estos momentos inolvidables! Y, a la vez, cómo no acabar el día con la lengua afuera y el alma en la esquina.

Creo que en estos casos es inútil pensar en lo que pasará o en lo que ya se fue. Me encantó esa frase de consuelo pero siento que debo concentrarme en el hoy y ahora. Hoy y ahora estoy acompañando a mi princesa a dormir; mientras cae, me pregunta cosas, vemos juntas videos, comentamos sobre las aventuras de Ladybug o la niña del nido que no quiso jugar con ella. Me sonríe, me dice que soy muy linda, le preparo su leche. Demasiado maravilloso para ser cierto. Ok, cable a tierra: estoy molida y necesito mi cama con desesperación, pero ¿y qué? ¿Mi reino por un plato de lentejas?

El tiempo que pasas con tus hijos es irrecuperable. Quizás, por temas de trabajo u otros motivos, no puedas estar mucho con ellos, pero trata de convertir los minutos del día que pasan juntos en algo especial. ¿Se te ha ocurrido, alguna vez, enviarles en la lonchera una nota con un “te quiero”? O, si llegas cuando están dormidos, darles un beso y dejarles un dulce en su mesa de noche. Acuéstate con ellos un ratito, si puedes; nútrelos y nútrete con ese contacto físico madre-hijo irreemplazable.

Tira el celular si tienes un único tiempo del día con tu bebé: más que la estimulación motora o la torre de Legos que armaron juntos, lo realmente valioso es que ambos se comuniquen con todo el cuerpo, que se miren, que se toquen, que te huela y que le hables mientras lo acaricias. No sabes la seguridad que genera esto en ellos, el autoestima con el que crecen y la felicidad que les produce saber que su amor es correspondido.


Crecerán y todo pasará. Que esa “pasada” sea memorable, para ellos y para ti.