El segundo no es figurita repetida


Tuve mi primer hijo y yo disfrutaba de cada una de sus primeras veces. Su primera palabra, su primer gateo, su primera caminada. Todas esas cosas de reclame de huggies. La verdad es que de alguna exótica y muy rara forma también amé su primera caca (que es negra y parece un alien), su primer chancho, su primer pedito y su primer estornudo.

A sus 3 años tenía (y tiene) una personalidad arrolladora. Lugar donde llega le habla desde el portero hasta el dueño de la empresa. Nunca ha sido chuncho. Es como un político en plena campaña electoral. Una vez con su floro, logró que un señor en un parque baje a su propio hijo de una tandem (esas bicis con doble asiento) y lo subieran a dar una vueltita.



Sin embargo algo muy triste pasaba cada vez que lo llevábamos a jugar a un parque, a la casa de un amigo, a small place o a cualquier lado. Llegaba el momento de la despedida y una profunda pena lo llenaba. No era una pataleta ni un berrinche. Era pura y tristísima pena.

Mi esposo me convenció de regalarle un hermanito. La verdad no estaba tan segura. Había espacio de sobra en casa, yo todavía quería bajar de peso, ahorrábamos todos los meses... bueno al menos habrá tiempo mientras busca... ¿Qué? ¿Ya?

Después de un embarazo thriller y de terminar más chancha que benny hill con gases nació Brunito.
El será mi último hijito y antes de cumplir el año, el balance era el siguiente: se despierta mil veces en la madrugada, no llora sino que grita como hincha en estadio, se acabó mi contrato en la chamba y tengo un deudón hipotecario. Es chuncho, tiene mamitis,  no le gusta que lo carguen y se duerme sólo.

Inhala. Exhala.

Hoy Bruno está por cumplir dos años y estoy absolutamente enamorada de cada uno de sus 13 kilos de hermosura. Le encanta ver videos en YouTube y aprendió todas las letras en inglés  (no habla ni jota de español). Da besito volado y sabe usar un smart tv mejor que yo.

Y de las cosas más lindas: ya se ve la hermosa relación de hermanos que empieza a nacer. A mí ya me sabe abrazar, besar y finalmente apoya su cabeza en mi hombro cuando lo cargo.

Suena mucho a cliché cuando dicen que los hijos llegan a completar la familia. Yo creí que mi familia estaba completa. Hoy SÍ lo está.

Felices dos años mi negrito con bucles. Qué razón tenía tu papá en traerte desde el cielo. Soy tu fan. Te amo.