De vacaciones con hijos (otra cosa mariposa)



      1. De acuerdo a las fotos, yo no fui.

¡Ah, no! Sí, fui. Luego de 137 fotos, encontramos un selfie en donde papá sale con la sonrisa chueca, mucita mira a otro lado y yo salgo gorda. Delete.

Cuando vamos de vacaciones con nuestros hijos, sobre todo con tu primer hijo, casi pensarías que ese pañalito con patas se fue de vacaciones con su paparazzi. Mucita en la arena, mucita en la arena mirando el mar, mucita en la piscina llorando, mucita haciendo una mueca, mucita comiendo pescado, mucita con su papá haciendo algo súper tierno, mucita con su bikini, mucita, mucita, mucita.



      2. Hay que planear, y hay que planear considerando la siesta del medio día.

Ah, los buenos viejos tiempos en donde uno improvisaba mientras pasaba el día. Levantarnos a la hora que queramos, salir a la hora que queramos, comer a la hora que queramos.  

Pero ¿qué tal organizar un paseo al país vecino (viajecito de hora y media) para estar de vuelta (otra hora y media) a la 1pm? ¿Y qué tal si NO se durmió en el auto más que 15 minutos?  



Y perder la siesta del medio día es perder tu hora y media de relax poder disfrutar esa hora y media que pensabas que estarías libre a tu querida hija, ¿o no? ¿Verdad que es bien bonito


3. De vacaciones, sí. Pero dormir hasta tarde: nunca más. 

Bendita Mucita ese par de días que durmió hasta las 7:30.

Pero la verdad es que una vez que tienes hijos, a menos que traigas a la nana junto al paparazzi, irte de vacaciones no equivale a dormir hasta que te dé la gana. Pues, amiga, amigo, acá un secreto: por algún extraño motivo, a los bebés y a los niños... no les gusta dormir. 



Y no basta con estar despiertos. Hay que cambiarlos, alimentarlos, jugar con ellos, perseguirlos para que no trepen las escaleras o evitar que jalen un cable, o metan un dedo al enchufe o su cabeza en donde no deberían – básicamente, mantenerlos vivos (perdónalos, padre, porque no saben lo que hacen).

4. Nunca en mi vida había hecho lavandería durante mis vacaciones

Y heme acá. Haciendo lavandería cada dos días como si estuviese en mi casa. Lo interesante es que descubres lo práctico y ventajoso que es (pero por dentro sabes que no te querías enterar).



Además, igual eso no me salvó de tener que lavar todo llegando a casa.

5. Pero bien que lo disfrutas


Porque amas estar con tu esposo y esa personita (o personitas) todo el día. Te vuelves loca pero te encanta. Se te derrite el corazón cuando la ves descubrir algo nuevo, cuando la ves chapotear en la piscina por primera vez. Sabes que es pequeñita pero ya empieza a darle sentido a las cosas, dijo su primera palabra (“agua”) y comió pescado a la plancha por primera vez. ¡Lo rica que se le veía en su bikini! Te moriste cuando la viste, tan orgullosa, subir las escaleras y bajarlas al revés. Y mira como baila con la música. Te mueres por ese pañalito con patas, y lo sabes.