Mi hijo y su mal humor



He aprendido a que no siempre podemos tener buenos días, hay días que realmente son malos, pero saber manejarlos, definitivamente depende de nosotros y nuestro estado de animo. Yo, gracias a mi esposo, he aprendido a manejar mi mal humor, casi siempre lo puedo controlar, no le permito que se apodere de mí y me olvido rápido el motivo que me puso de mal humor. Para mi el secreto está en hablar y no guardar nada.

Pero, ¿qué pasa cuando el mal humor se apodera de mi hijo? ¿Cómo manejarlo? ¿Cómo saber qué es lo que lo ha puesto de mal humor? ¿Cómo hacer las preguntas correctas? Si nosotras, mujeres adultas y casi todo el tiempo maduras, nos podemos descontrolar cuando estamos fastidiadas y muchas veces nos es difícil tranquilizarnos, ¿se imaginan a un niño de 2 años de mal humor? Y no me refiero a un momento de rabieta, ni llanto descontrolado.

Hoy Fausto, desde que despertó estuvo de mal humor, algo que nunca había sucedido. Todas las mañanas se levanta feliz, llamándome a gritos para que me recueste con él en la cama, hablar, reír, llenarnos de mimos y luego de algunos minutos, empezamos a jugar o vemos un poco de dibujos, hasta que sea hora de tomar desayuno. Esos minutos con él son especiales, nuestro momento “mamá e hijo” donde nos llenamos de amor. Sin embargo hoy no fue así.

Se despertó gritando de mala manera, cuando fui a su cuarto me dijo que no quería que me echara a su lado y me reclamaba por leche, pero no quería que me fuera del cuarto. Me quede a su lado escuchando como renegaba sin sentido. Tomó desayuno fastidiado casi todo el tiempo quejándose. El momento del baño fue una tortura, lloró, gritó, no quería entrar. Luego gritaba porque no quería salir. Me dijo que no deseaba ponerse zapatos y como nunca lo obligué a sentarse, le coloqué los zapatos a la fuerza entre movimientos bruscos y gritos.

Transcurridas las horas, le pregunté que deseaba hacer, me respondió que nada. Le pregunté si algo lo molestaba, me dijo que nada. Le dije para ir al parque a jugar, me dijo que no… Le hice muchas preguntas, creo que lo aburrí. A todo me decía que no gracias o que no quería. Al final atiné a decirle que podía buscarme en cualquier momento y me fui a mi cuarto.

Escuchaba como jugaba con sus carros, cantaba y hablaba con sus muñecos, hasta que por fin vi su cabecita en mi puerta, me habló, me enseñó unas figuritas de unas frutas sonriendo y empezó la ametralladora a hablar. Mi hijo regresó. Aproveché ese instante para invitarlo al parque y muy feliz aceptó.

No sé cual fue el motivo de su mal humor, se levantó molesto. No sé si conmigo o con el mundo en general. Creo que tuvo un mal sueño, quizá recordó algo que no le gustó, quizá tenía calor, que sé yo. Si nosotros los adultos algunas veces nos sentimos fastidiados y no encontramos un razón aparente. Es lógico y creo que es muy normal que nuestros hijos también tengan días así. Siento que Fausto tiene todo el derecho a estar de mal humor, y mi deber como madre es enseñarle a canalizar su mal humor, enseñarle a expresarlo y que sepa que puede contar conmigo.

Hoy, he aprendido algo nuevo como madre. Debo darle su espacio, he aprendido que debo dejarlo solo para que se conozca. Me alegra que su fastidio no haya sido prolongado y que me haya buscando una vez finalizado el episodio. Estoy segura que él al igual que yo debe haberse sorprendido de su mal humor.

Lidiar con un niño es un tema delicado, ya que nuestras reacciones influyen directamente sobre ellos. Me entusiasma ver como mi hijo crece, como va desarrollando sus emociones, no puedo negar que también me asusta. ¿qué pasará el día que no sepa cómo responder a algún comportamiento de mi hijo?


Hoy descubrí que la paciencia y la calma son grandes herramientas para manejar situaciones desconocidas. Espero siempre poder mantenerlas y enseñarle el poder del autocontrol a mi hijo.