Me voy a trabajar, Esteban



Serán las 8:30 de la mañana y me tendré que ir a trabajar, con un nudo en la garganta me voy a ir, voy a cerrar la puerta y voy a dejar a mi hijo de diez meses en la casa. Todo el día corretearé para hacer productivo hasta el último minuto y así poder salir a tiempo para llegar a la casa y estar con él. Jugaremos un ratito, lo bañaré y  será la hora de dormir. Al día siguiente todo comenzará de nuevo.

¿Cómo hacen las mamás que trabajan? Me refiero a las que tienen un trabajo con horario de oficina. Yo, felizmente tuve la suerte de estar diez meses completitos con Esteban (gracias a tener una empresa propia que no requería de un horario rígido). Ahora, dejo ese enorme beneficio para incorporarme a otra empresa y comenzar una nueva aventura.

Estoy feliz pero se me llenan los ojos de lágrimas. Sonrío porque lo logré, conseguí lo que quería, pero esta decisión tiene consecuencias. Esteban no lo sabe pero ya no hay marcha atrás. A partir del lunes mami ya no va a estar tanto tiempo con él.

Entonces en mi cabeza de madre comienzan a aparecer las dudas. ¿Por qué hago esto? ¿Será la mejor decisión? ¿No sería mejor para Esteban tener a su mamá en casa? ¿Acaso necesitamos la plata? ¿No sería mejor sacrificar mis aspiraciones ahora que soy mamá?

No.

En esta etapa de sentimientos encontrados una amiga que también es mamá me dio el mejor consejo posible. “Si Esteban ve que te sientes realizada no habrá nada que pueda contra eso. Ellos merecen mamás felices.” Y sí, Esteban cambió en 180 grados mi vida cuando nació, desde ese día en adelante se volvió dueño de mí, de mis actos, de mi vida… Pero hoy tomo esta decisión y la tomo por mí y por él también.

Después de este pequeño ejercicio de introspección pienso que podré decir chau sin culpas y hacer lo posible por estar ahí de una manera un poco más indirecta, pero con el mismo amor y dedicación.

La pena no me la quita nadie. La adaptación ya llegará. Así como la hora de llegar a casa.