La verdadera cara del colecho



Cuando decidí hacer colecho, mi hijo tenía 5 días de nacido (casi el primer día después de salir del clínica). Mi esposo y yo queríamos lo mejor para él y sobretodo para mi, que estaba muy emocionada por empezar con la lactancia y tener aunque sea un espacio para descansar.

Llamé a mi doula, quien me ayudó con las clases de psicoprofilaxis (preparación para el parto y lactancia) y fue con ella que empezamos el colecho. Ella estuvo toda la tarde/noche con nosotros en la casa. Nos ayudó con las posiciones de lactancia, con el agarre, con la extracción y luego nos introdujo al colecho - con la posición de lactancia en la cama. Fue en ese momento que cerré mis ojitos y ella me dijo, tranquila… confía en ti y descansa. Iker va a dejar de tomar cuando se quede dormidito.
Y me dormí y nos dormimos – los tres. Ella nos apagó las luces y se fue.

Desde ahí, han pasado 2 años y seguimos durmiendo los tres juntos.

La verdad es que tengo que confesarles que amo el colecho. Lo amo porque me ha permitido realmente descansar esos primeros meses donde Iker necesitaba hacer varias tomas nocturnas. Realmente me ha ayudado a que mi lactancia sea exitosa hasta ahora porque es la forma en la que los dos nos unimos y nos damos confort.

Pero el colecho no es solamente para la lactancia y tampoco es solamente entre Iker y yo.

El colecho es familiar.

Para que exista colecho… TODOS deben estar de acuerdo y TODOS deben colaborar.

¿Cómo que colaborar?

Pues el colecho no es la manera mas cómoda de dormir todos los días. Esto es porque nuestros hijos no son como nosotros, los adultos, que duermen en una o dos posiciones. Nuestros hijos se mueven… se mueven MUCHO. Se mueven por TODA la cama y se quedan en posiciones que uno solo se pregunta: ¿Por qué? Jajaja.

El colecho beneficia a la madre y al bebé para descansar y para afianzar la lactancia pero no ayuda al padre, al menos no directamente. El padre suele dormir incómodo, apretado y a veces hasta con temor a moverse. Es por eso que antes de hacerlo, se debe conversar, se debe tener los puntos claros y se debe probar.

Si bien es cierto que la madre tiene la “prioridad” en elegir y en querer hacerlo, el padre también debe de estar de acuerdo. Pues serán varios meses – si no son años en los que tendrán que compartir su cama y aprender a dormir todos juntos.

El colecho se disfruta.

Se disfruta porque en mi experiencia, lo más delicioso es amanecer con tu hijito calientito al costado. Apachurrarlo, besarlo mientras duerme y no tener que moverte o levantarte para poder hacerlo. Es un disfrute completamente distinto al que se tiene cuando los hijos duermen en sus propias habitaciones.

Es verdad que se pierde la privacidad entre la pareja. Es verdad que no se puede tener relaciones sexuales en la cama (porque ahora no es TU cama, es la cama de la familia). Es verdad que los horarios de dormir cambian y muchas veces la madre se duerme temprano con el bebé pues, lo más común es que se duerman mientras el bebé lacta echado. Es verdad que el colecho revolotea la vida de pareja porque la convierte en una vida familiar hasta en la noche.

Pero el colecho es momentáneo.

El colecho no va a durar toda la vida y si dura 3 años, pues tres años en toda la vida de tus hijos no es absolutamente nada. Pero eso, eso solamente lo pueden juzgar los padres y por eso es que la decisión se debe hacer en conjuntos.

La pareja debe encontrar otros momentos y otros lugares para estar juntos y mantener esa vida de pareja fuera de la cama familiar.

¿Imposible? Pues yo creo que no lo es. Es imposible para quienes quieren hacerlo imposible. Es imposible para quienes no aceptan que el tener una familia cambia el modo de convivencia en pareja. Es imposible para quienes no se comunican y se cuentan cómo se sienten. Es imposible para quienes aluden a que el colecho rompe la relación de pareja porque tienen a un niño en medio de los dos.

La verdad es que ahora la pareja debe trabajar mas en conjunto para tener esos momentos solos y no posponerlos “porque el bebé está en la cama” o “porque no tenemos nuestra cama para los dos” o “porque nunca tenemos privacidad”. Pues búsquenla. Pónganse conscientes y vean más allá de sus ojos.

El colecho está para quienes pueden soportarlo.

Es difícil y lo es por la pareja. Lo es para el esposo y hasta cierto punto para la madre también. El único que lo disfruta al 100% sin queja alguna, es el bebé.
Y si en algún momento, alguno de los dos siente que no puede seguir con el colecho, no tengan duda en decírselo a su pareja. Convérsenlo, evalúenlo. Al fin y al cabo se trata de hacer las cosas bien y de hacerlas sin implicar un sacrificio que luego les cueste las energías al día siguiente.


La verdadera cara del colecho es hermosa e incómoda.
Es deliciosa y calientita pero también es dolorosa (cuando te patean) y demandante (cuando siguen manteniendo las tomas nocturnas).
La verdadera cara del colecho es como todo en la vida. Nunca es solamente de un color.

No se dejen engañar por la parte incómoda y tampoco enamorar por el lado delicioso. Investiguen, lean y prueben. Solo ustedes pueden decidir lo que les funciona a todos como familia y solo ustedes pueden saber lo que les hace feliz a todos.

Nosotros seguimos con el colecho y no tenemos ninguna intención de dejarla. Queremos que sea Iker quien nos diga que quiere irse. Queremos seguir disfrutando de su respiración en nuestras caras y de sus patadas en nuestras espaldas jaja.


Queremos esto pero lo más importante es que lo queremos los tres.