Día de Furia


La mayor parte del tiempo estoy feliz de vivir mi vida tal y como lo estoy haciendo. Amo ser madre, vivir junto a mi esposo y estar en casa. Sin embargo hay algo que no puedo dejar de contar y es que en mi vida existe un día el cual llega sin avisar. Un día incontrolable el cual llamo mi “Día de Furia”.

En este día deseo mandar todo al diablo, quiero rendirme y salir corriendo de mi casa. En este día me pregunto ¿Por qué dejé mi trabajo? ¿En qué momento acepté esto? Incluso me he llegado a preguntar ¿Por qué acepté enamorarme? Pero una vez que se acaba el día y la mayoría de mis “hubieras o “no hubieras” desaparecen, veo los calmados ojos de mi esposo y es ahí donde siempre encuentro las respuestas.

Nunca escuché a las madres de mi vida decir que este trabajo era fácil. Sin embargo, nunca las he escuchado quejarse, así que siento que si me quejo abiertamente no estoy haciendo un buen trabajo como madre ni como esposa. Pero seamos sinceras ¿No se cansan? ¿No se aburren? Yo tengo un día donde me harto, donde no quiero atender a nadie ni ser buena con nadie. En mi casa dan por hecho que yo estoy para solucionar todo. Y sí, así es. Yo decido que comer, que se prepara desayuno, cuando se cambian las sábanas, que va a la lavandería, cuando se hacen las compras, el orden de las cosas en la despensa, como se dobla la ropa. La lista es infinita pero en días como hoy me dan ganas de gritar que si quieren comer que se preparen la cena, que si quieren agua caliente que programen la terma. Días como hoy me desespera que suene el timbre de la casa y tenga que ser yo quien pregunte quien es. Días como hoy, cuando me preguntan ¿Has visto mi toalla? Me dan ganas de responder: Búscala, la casa no es tan grande o si me llaman a preguntar ¿Qué hay para almorzar? responderles: ¡Comida! (por ser educada).

Estoy segura que no soy la única mujer con altibajos. Sé que hay muchas que deben tener las mismas frustraciones que yo, que nos encerramos en el baño para llorar tranquilas, que nos hacemos las dormidas para que nuestros hijos nos dejen tranquilas un minuto más. No creo ser la única que le ha reprochado a su esposo que no hace nada en casa o que grita porque los que viven contigo creen que los platos se lavan solos. He llegado hasta amenazar a mi cuñada que si no tiende su cama voy colgar en Facebook una foto de su desorden (si estas igual que yo, inténtenlo, funciona) Algunas veces me pierdo en mis pensamientos, imaginando que estaría haciendo en un mundo paralelo donde no sea mamá ni esposa.

En mis días de furia debería andar con un letrero que diga “Cuidado, muerde” porque es verdad, me vuelvo insoportable y cualquier detalle que no sea de mi agrado lo convierto en discusión. Es mejor mantenerse alejado y andar con cautela, porque en esos días mi memoria se activa y puedo tocar temas pasados.  No sé si se debe a mi inmadura maternidad, a mi edad o a mi personalidad, pero tengo días así, días que aun no puedo controlar. Muchas veces culpo a mi cansancio, que como cualquier mortal lo puedo sentir. Muchas veces termino llorando porque se que he actuado con poca paciencia o de mala manera y termino disculpándome por todo. Lo bueno es que es efímero y sucede cada cierto tiempo.


Luego de un día inestablemente emocional me acuesto al lado de mi esposo y al ver sus ojos se disipan todos mis miedos, frustraciones, angustias, decepciones y dolores. Es en sus ojos donde encuentro la respuesta a todas mis preguntas: AMOR. Soy de esas personas que siente que el amor es lo que nos mueve, la respuesta a todo. Es verdad, me agoto, me canso, mis ganas desaparecen y me aburro. Pero luego me pongo a pensar por que hago todo esto y la respuesta siempre esta ahí: mi amada familia y es así como se acaba mi día de furia. A la mañana siguiente y olvidado el mal día, todo regresa a la normalidad.