No es la Dulce Espera


Quiero empezar este post diciendo que sé que es un privilegio poder estar embarazada. Sé que hay muchas parejas para las que no es tan fácil y que es un tema que muchas veces trae sufrimiento a muchas mujeres hermosas que buscan concebir. A todas ellas las abrazo fuerte y deseo que puedan formar la hermosa familia que tanto sueñan.

A mí no me gustó estar embarazada. Las 2 veces. La primera vez, cuando me enteré, en vez de sentir emoción o felicidad, sentí terror. 1 semana de llorar encerrada en el baño de la oficina muerta de la ansiedad porque no podía llegar a la casa a decirle a mi esposo – mi súper emocionado esposo – que estaba muerta de miedo, que buscaba desesperada en Internet foros de otras mamás que hubieran tenido la misma reacción que yo (para saber que no estaba loca o que era una mala persona).

¡Pero es mi cuerpo! ¡MI-CUERPO! Cuando apareció esa rayita rosada en el test casero de embarazo tuve la revelación de que mi cuerpo, mi vida, TODO, ahora pasaba a pertenecer a otra persona. Para siempre. Pero mamita, obvio que tooooodos sabemos eso, ¿no? Los hijos son una responsabilidad. O sea, en teoría sí lo sabía, pero cuando vi el resultado en ese palito con pila me pegó fuerte (como cuando te tiras a la piscina de agua fría – sabes que está fría porque la probaste con el pie, pero cuando ya caes al agua piensas “Mierda Caramba, realmente estaba fría”).



Y luego de 1 semana llegó la aceptación. Ok, vamos a tener un hijo. ¡Qué suerte/emocionante/lindo! Literalmente salí embarazada a la primera. Solo tuve que descuidarme 1 sola vez y voilá!, todo listo. Muchísimo Un poco más rápido de lo que esperábamos pero todo bien. Y a las 6 semanas llegaron las náuseas. No llegaron gradualmente. Me sentía genial. Salimos a comer una noche y después de comer me sentí empachada. A la mañana siguiente me sentí mal y vomité. Y seguí vomitando durante los próximos 5 meses.

Las náuseas son lo peor que le puede pasar a una persona. Porque las mías eran unas náuseas hardcore. Son náuseas que no se iban. Que duraban 24 hrs. Que me daban gastritis y dolor de cabeza. Náuseas que no me dejaban comer nada (ni agua) y que hacían que todo me de asco. Náuseas que dominaban todo lo que hacía, porque de repente tenía nariz de perro. Les tengo noticias chicas: el mundo apesta. APESTA. Vivimos en la podredumbre y al tener narices inferiores nadie se da cuenta. Y las embarazadas lo saben y se alejan de lo más podrido para proteger a sus bebés. Me daba asco el olor de la pista, el olor de la refri, el olor del supermercado (no pude salir a hacer las compras en meses), el olor de la comida/cocina, el olor en el micro, los comerciales de comida, cualquier cosa que tuviera aroma o perfume (chau cremas Victoria’s Secret), hasta el olor de la piel de mi esposo o el perfume de su desodorante, los pantalones apretados  – TODO me tiraba al wáter en un exorcismo de vómitos convulsivos que hicieron que se me revienten los vasos capilares de la cara, así que parecía que me hubieran pegado de todos los puntitos morados que tenía. 10 veces al día. De noche. En la madrugada. En la mañana. Durante mi día de trabajo al que no podía faltar. Y si no estaba vomitando espuma (porque estaba con el estómago vacío) estaba tratando de no tener arcadas.



Lo que yo tenía se llama hipeméresis gravídica. Es una condición horrible de náuseas extremas. En el segundo embarazo hasta me tuvieron que internar en la clínica 3 días porque ya estaba demasiado deshidratada. No le deseo eso a nadie. Te quiebra el espíritu. Pero a las 20 semanas, cuando sentí la primera patadita, fue la primera vez que sentí la adrenalina de que en verdad no era que mi cuerpo había sido secuestrado por un pequeño alien o que tenía una indigestión maleada, sino que de verdad había una personita creciendo ahí adentro.

Alrededor de los 6 meses las náuseas por fin se fueron (y con el 2do bebé, a los casi 8 meses, ¡eso!). Igual había comida que me daba asco pero ya no tenía nariz de perro y podía volver a interactuar con el mundo normal. La gente siempre te pregunta “y… 1) ¿ya lo quieres?, 2) ¿no te encanta estar embarazada?, 3) ¡estás dando vida!”.1)  No, 2) no, 3) ok, pero no me parece chévere. Después de que las náuseas se fueron no tuve ni un solo malestar más, y el resto de mi embarazo fue espectacular (muchas veces me olvidaba de que estaba embarazada y me acordaba cuando mi barriga chocaba con algo), pero no me gustaba estar embarazada. Mi cuerpo no era mío. Hay un montón de cosas que no puedes comer. Me salieron estrías. No podía dormir bien. Y la barriga pesa. En verdad odié estar embarazada. Lo único que era lindo era sentir las pataditas (era como que mi bebé me decía, ¡acá estoy! y lo conocía) pero de ahí todo lo demás me parecía recontra injusto. Tampoco sentía una conexión con mi bebe. Dirán que soy mala madre pero la realidad es que aunque sí me preocupaba su bienestar, no sentía amor.

Luego de dar a luz las cosas fueron distintas. Apenas nació no sentí que me moría de amor por él, ¿ah? Pero sí me sentía fascinada con él. Creo que la fascinación debe ser el inicio del amor. Y la lactancia materna exclusiva sí ayudó a crear un vínculo de apego muy fuerte con él que 3 años y medio después seguimos manteniendo. Así que si en el embarazo te sentiste igual que yo, no te preocupes, no es un síntoma de cómo te vas a sentir después del parto. En síntesis, odié estar embarazada. Por mí, sería ideal si me llamaran por teléfono y me dijeran “Señora, su pedido está listo y me entregan al bebé recién nacido listo para amamantarlo. Me chanto los meses de recién nacido como si nada, pero el embarazo sí fue espantoso.

Tengo algunas conclusiones del embarazo, y tal vez le sirva a las que están embarazadas y como yo, no la están pasando nada bien. Estas son algunas conclusiones y revelaciones que tuve, que hubiera querido que alguien me diga en vez pintarlo todo como “La Dulce Espera”:
·         El embarazo es la manera que tiene la Madre Naturaleza de quebrar tu espíritu, en preparación de la cachetada de lo que será después de dar a luz – si piensas que tienes sueño ahora, espérate a que nazca.
·         Si eres madre primeriza, ERES EGOÍSTA. Así seas la más buena del mundo. Así adoptes cachorros y visites a tus abuelos todos los fines de semana y participes en todas las campañas de Navidad de Facebook. Y recién te vas a dar cuenta de lo egoísta que eres cuando nazca tu bebé y tengas que dar lo que ni sabías que podías hacer, por él.
·         Tu cuerpo ya no es tuyo. Durante los próximos 9 meses piensa muy bien lo que vas a hacer – tu nivel de estrés, lo que comes (qué tan sano y qué cantidad), ejercicio, etc. – porque va a afectar a la personita que tienes dentro.




·         Todo vuelve a su sitio… pero todo lo que vuelve a su sitio NO SE VE IGUAL a como estaba antes. Tu cuerpo va a cambiar  y puede que los cambios sean permanentes. No te lamentes después, solo acéptalo.
·         Si tienes náuseas, muy probablemente no haya nada que puedas hacer. Puedes hacer algunas cosas para ayudar… pero hay una gran posibilidad de que no importa qué hagas, comas o tomes igual te sientas pésimo. Igual, prueba de todo.
·         No uses tu embarazo para tragar como una ballena. Después de te vas a arrepentir. No es saludable ni para tu bebé o para tí que comas más de la cuenta.
·         La ley de atención preferente importa. Importa mucho. Cuando ya no estés embarazada y veas a otras en tu condición, te vas a acordar y las vas a ayudar (y hasta te vas a asar si ves que alguien no la respeta).
·         Tómate fotos todos los meses. Si puedes con la misma ropa y en el mismo fondo, para ver cómo progresa tu barriga. No te vas a arrepentir, los resultados finales son bravazos!
·         Existe una luz al final del túnel. El embarazo no es una condición permanente. Parecerá eterno pero cuando todo termine, empieza la verdadera aventura.


Espero que no les haya parecido muy gruñona – y cuéntenme, ¿cómo les fue a ustedes en el embarazo? ¿Les gustó o lo odiaron?