Nadie me dijo que me quedaría sin amigos.




Han pasado 4 años desde que dejé mi amado Perú y entre todas las cosas que me dijeron cuando recién me mudé, nadie me dijo lo siguiente, la relación con tu familia y amigos nunca más volverá a ser la misma. 

No pues, nadie me preparó para eso, porque a pesar de intentar mantener contacto con quienes salía a cenar a tomar un café y a conversar, la distancia tuvo mayor poder y nos alejamos. 

Hay días en los que me siento a recordar la vida que tenía antes de vivir en los Estados Unidos. Tenía mi grupito, mis comadres, mi amiga la confidente, con quien compartíamos locuras y nos entendíamos los chistes sonsos y yo dije que a pesar de estar lejos jamás de los jamases iba a perder esas amistades.

Pero aquí estoy hoy, recordándolas, porque ya casi ni existen. Las redes sociales no nos mantienen unidos como quisiera, encima tengo que ser honesta, nuestras vidas son diferentes. Yo soy madre de dos, cuando muchos de mis amigos aún siguen solteros o se acaban de casar o acaban de tener su primer hijo o no quieren tener hijos y aunque parezca mentira, eso tiene mucho que ver con lo que conversamos cuando tratamos de retomar nuestra amistad. Yo no quiero ser la amiga mamá que habla solamente de sus hijos, porque también soy mujer y me encantaría que me pregunten cómo estoy, cómo me ha ido estos días, si estoy sola, si he llorado, si he reído. 

Hasta las estaciones son diferentes. Cuando aquí estamos en medio del invierno, en Perucito están disfrutando de un delicioso verano y como no soy millonaria, no puedo darme el gusto de ir a visitarlos cuando los extraño mucho. Me pierdo de los eventos especiales y eso me llena de mucha tristeza; matrimonios, graduaciones, cumpleaños, todos esos momentos que nos unen emocionalmente, son en los que más estoy ausente y me rompe el corazón cuando veo las fotos o escucho las historias.

Me siento olvidada, no es mentira. Pero tampoco los culpo, la vida ha continuado su rumbo y yo no soy el centro del universo, ellos tienen sus trabajos y sus vidas; y yo, pues yo me dedico a cuidar a mis hijas, las alimento, visto y llevo a sus actividades del día, me he convertido en madre y casi he olvidado ser mujer. 

Extraño, sí, extraño sentarme a reír y a ponerme al día con mis amigos. Pero al mismo tiempo, cada vez que regreso, me siento como una extranjera, como la extra, la que no tiene que ver con nada de lo que hacen, soy la que visita y cuando me vaya todo volverá a ser normal. 

Estos días, cuando la fecha de mi aniversario de los años que vivo en los Estados Unidos se acerca, siento nostalgia, porque estoy lejos y yo sabía que la vida iba a ser diferente pero no sabía que iba a perder a mis amigos. 

La vida en otro país no es tan glamorosa como muchos piensan, porque se pierde mucho para ganar otras cosas. Yo decidí venir a vivir con mi esposo y ahora tengo dos pequeñas a quien amo y doy la vida por ellas. Pero hay días, en los que me agarra la locura y siento que quiero regresar; trato de convencerme que la vida va a ser mejor cerca de mi familia y mis amigos. Sé que me estoy mintiendo a mí misma, porque ya nada es igual, mis hijas están creciendo en una cultura diferente y mi esposo no habla el nivel de español  que se necesita para que tenga un buen trabajo y la verdad, nada va a volver a ser igual, los amigos y la familia han continuado su vida sin nosotros y les va muy bien. 

Si tienes algún familiar y/o amigo que vive lejos, no te olvides de él y/o ella. Puede que esté pasando por un momento de soledad y lo único que lo mantiene vivo son las ganas de superarse, de estar con su esposo(a). No esperes que sea él o ella, los únicos que se contacten contigo, tú también da el primer paso, puede que llegues a tiempo y termines siendo el hombro en donde pueda llorar y desahogar sus penas. 


No te olvides de tus amigos que viven lejos, ellos no se han olvidado de ti, es más, posiblemente te recuerde mucho porque contigo ha creado los mejores momentos de su vida y eso lo(a) hace sonreír.