Me verás volver…[En la ciudad de la luz]


Después de meses vuelvo a escribir. Estuve desaparecida pero ya puedo decir que estoy retomando un nuevo ritmo dentro del mar de cambios que tuvimos desde hace un tiempo.

¿Qué paso? ¿Dónde estoy? 

Volvimos a cruzar el charco y regresamos a Francia hace un par de meses. 

¿Porque? ¿No estabas feliz en Lima? ¿Y tus proyectos? ¿Y tu familia? 

[Suspiro]

No me gusta tener que justificarme pero creo que todo puede merecer una explicación.

Para ser completamente honesta, después de estos meses ya lejos, extraño mi familia, extraño que mi hija corra a abrazar a sus abuelos, extraño los súper colegas que tuve cuando volví a trabajar, extraño los días de adrenalina en una feria de maternidad, mis talleres de estimulación psicomotora para bebés, extraño esa comodidad de poder escaparme un ratito a tomar algo con mi esposo (aunque lo hicimos de verdad muy pocas veces) mientras sabía que mi mamá se quedaba con mi princesa jugando. 

Sin embargo, no extraño el estrés que pasamos cuando mi hija se puso mal, cuando el pediatra que nos recomendaron no estuvo presente cuando las papas quemaban, cuando luego de que le den de alta tuvimos que volver a otra clínica porque seguía mal y, cuando por fin estuvo bien, nos llegue una ola de secuelas (varicela, problemas de piel) que se originaron probablemente en alguna de las clínicas donde nos quedamos. 
No extraño que medio mundo intervenga en mi maternidad, en mi lactancia, en mi intimidad (cuando hablo del colecho por ejemplo). 

No extraño no sentirme segura saliendo sola a la calle y peor aún sola con mi hija [Lo sé, para muchos exagero pero tengan en cuenta que viví 10 años en un país en cual podía salir sola a caminar a la calle a las 4 am y estaba tranquila de que nada me pasaría].

Dentro de todo el proceso de mi mudanza a Lima, me di cuenta que me costaba adaptarme al 100% al ritmo peruano. Casi 10 años fuera lo cambian a uno.

Así que dentro de la época de mala suerte que tuvimos en el tema de salud, apareció una oportunidad de volver. Y la decisión fue extremadamente difícil. Los pros y contras entre seguir en Lima o volver a París se cruzaban. Cada lugar tiene lo suyo, de verdad que sí.

Sin embargo, a pesar de todo optamos por volver, el motivo principal siendo la salud de nuestra princesa. 
Así que aquí me tienen, de nuevo hablando francés, de nuevo en el metro yendo a trabajar, sin carro, sin empleada, sin nana (nunca tuve), sin abuelos, en un departamento de 53m2...

Todos estos cambios, toda la experiencia que pude tener tanto de vivir lejos, como de vivir en Lima y sobretodo todo el análisis y reflexión que tuvimos que hacer para poder tomar una decisión…me han hecho hurgar hasta lo más profundo y volver a validar que quiero en mi vida de profesional, de madre, de esposa, etc, etc.

Por un tiempo pensé que tener una casa con vista al mar, en un buen barrio, con jardín y un perro, me harían más feliz. Pero no, cuando me convertí en mamá, mi vida dio un gran giro y mi felicidad se vio reflejada en mi niña, en mi familia.

Ahora ya tomando distancia, me doy cuenta de que mi felicidad es estar en mi salita después de un día de trabajo dándole pecho a mi hija apoyada en los brazos de mi esposo mientras vemos algo en la tele o conversamos. Es tener que ir a trabajar sabiendo que mi hija se queda con la mejor persona que puede cuidarla después de mí: su papá. Es saber que si bien uno de los dos, como mínimo, debe trabajar para mantener nuestro hogar, al menos uno puede dedicarse a cuidar y educar a nuestra hija. Es definitivamente un lujo para los tres.

Si, en Lima la cuidaban sus abuelos, amorosos y engreidores, y les agradezco tanto por haberla cuidado cuando su papá o yo no podíamos. Pero a veces hay diferencias en métodos de crianza, a veces es difícil decirles a nuestros padres que preferiríamos hacer algo distinto a ellos sin que lo tomen mal, a veces ellos mismos sin querer te dan la contra, con la mejor de las intenciones, y de pronto cualquier tarea o actividad “fácil” se vuelve un terrero arenoso.

De por sí de a dos (mi esposo y yo) es a veces difícil ponerse de acuerdo en algún tema de crianza, incluir más participantes es tarea complicada. Y cuando estaba en Lima, sentía que muchas de las intervenciones hacia mi visión de la maternidad venían por todos lados, incluso gente desconocida, y no eran necesariamente informativas sino más bien con un “no sabes nada” disimulado y me costó mucho aprender a manejar esas situaciones.

En Lima me confié demasiado en las recomendaciones de amistades sobre doctores. Cuando estaba en Paris, sola, a la primera que no me convenció la pediatra, cambié, busqué, indagué y logré encontrar una pediatra con la que me sentí cómoda al 100%. En Lima, no llegué a hacer este análisis, solo la llevé a ver el pediatra recomendando en la clínica tal que nos pareció correcto para su control. Cuando empezamos a tener problemas de salud, fue un martirio estar de ping pong entre cada doctor, uno tras otro, recomendados, quienes nos decían que nos preocupábamos demasiado o menospreciaban el malestar de mi hija con la excusa de que éramos “sobreprotectores”. ¿Y por qué iba de ping pong? Porque lo que me recetaba uno, empeoraba la situación y al no mejorar me mandaban a ver a otro doctor.

No cometeré el mismo error dos veces, regresando a Francia volvimos a la pediatra que teníamos antes, que lamentablemente pronto se muda muy lejos y ya no podrá ser nuestra pediatra. En mi nueva búsqueda volveré a ser tan exigente como una vez lo fui, le preguntaré al doctor si privilegia antibióticos o no, como contactarlo en caso de urgencia, si se le puede llamar o no, etc, etc. Todo eso que confiada no hice en un momento y nos pasó la factura después.

Cuando me fui a Lima, mi familia era lo más importante, ahora que hemos regresado lo sigue siendo.
No lo veo como un fracaso haber estado en Lima un tiempo, lo veo como una etapa necesaria en mi vida. Para estar donde estoy hoy, necesité irme, volver a explorar otro mundo.

Vuelvo a leer mi post demudanza a Lima y mis prioridades siguen igual:

1.     Mi familia: Nunca hubiera podido dejar a mi hija en una guardería tan chiquita. Que la hayan cuidado mis papás cuando volví a trabajar o cuando andaba en algún taller o feria de maternidad me daba la tranquilidad que necesitaba. Que los abuelos hayan podido gozar de su nieta tan chiquita nos trae recuerdos hermosos para todos.

Volver a vivir con mis padres fue toda una experiencia en sí. Me fui a los 19 años del país y volvía con 28 a mi antiguo cuarto con hija y esposo (Era nuestro punto de partida para buscar luego algo proprio). No fue fácil, hubieron diferencias de opinión, pero también muchas risas juntos.

Hoy extraño la facilidad de tener a mi al lado a mi mamá mientras tengo que avanzar algo del trabajo yo, pero también aprecio mucho mi espacio y el hecho de estar solos mi esposo, hija y yo han hecho que nos organicemos mejor y al final hacemos casi todo juntos.

2.     Un proyecto: Logramos avanzar con nuestra marca “Mamá au lait” gracias a nuestro esfuerzo y apoyo de la familia. Nuestro proyecto sigue a pesar de la distancia y es gracias a ello que hoy mi esposo puede cuidar a nuestra hija en casa. Logramos conocer personas maravillosas en quienes podemos apoyarnos para seguir avanzando y esperamos poder seguir creciendo. Es un bebé más.

3.     Nuestra hija: Siempre juntos dije y siempre juntos será. Obviamente ella crecerá y vivirá sus propias aventuras. Pero mientras tanto, nuestro objetivo es acompañarla en sus primeros pasos. No podíamos hacerlo cuando era más pequeña en Francia, queríamos disfrutar de ella y nos era imposible hacerlo en ese momento en ese país. Nos fuimos, nos arriesgamos, emprendimos, todo con ella al lado, si no estábamos nosotros, estaban sus abuelos y todos éramos felices viéndola crecer. Pero el tiempo pasa, ella crece y pronto le tocarán vivir nuevas experiencias. Y nuestro objetivo es seguir acompañándola, poder recogerla del colegio, ayudarla con las tareas, jugar con ella, seguir dándole todas esas bases que ni el colegio ni una nana le puede dar. Y todo eso podremos lograrlo ahora aquí. Su papá, un maravilloso hombre que disfruta tanto de paternidad como yo, la cuida feliz y podrá estar con ella después de clases. Me encantaría que los roles hayan sido al revés, pero creo que todo pasa por algo.

Nuevamente, no hay sacrificio escondido. Estamos haciendo lo que decidimos hacer, estamos cosechando lo que empezamos a sembrar. Nunca algo será completamente perfecto. Definitivamente no tener a mas familia cerca es un punto en contra pero lo estamos capitalizando en más tiempo nosotros tres juntos.


En resumen, nuevos cambios, y grandes crecimientos personales y como familia es lo que he tenido estos últimos meses. Re-definir nuestro día a día con el objetivo de hacer feliz a nuestra hija y ser felices con ella en el camino.