La Cenicienta se comió a mi hija


"La Cenicienta se comió a mi hija" (Cinderella Ate My Daughter) es el nombre de un libro súper interesante que leí antes de tener hijos (yo jurando que iba a tener mujeres y me salen puros hombres...). Es un libro que explica cómo ha evolucionado la cultura en cuanto a las mujeres y las niñas en los últimos 30 años y ahora afecta a todo lo que tiene que ver con ellas - juguetes, ropa, estereotipos, expectativas...

Cuando éramos chicas, no existía esta cultura de las Princesas. No había legos rosados, no había una versión rosada y con escarcha de todo juguete/ropa/accesorio que pudiéramos comprar. Con las justas había algunas cosas de Barbie con el clásico color fucsia, pero luego era lo mismo para todos. No habían Spa Parties para niñas, ni la cantidad de cirugías plásticas que hay hoy - y en niñas cada vez menores, ¡el regalo por los 15 años! (WTF??). Caramba, ¡hasta en Plaza Sésamo el único personaje recurrente femenino es Abby Cadabby, y es un hada con tutú rosado!

Me parece un tema fascinante, porque es algo que veo que afecta directamente a las niñas de nuestra sociedad. Incluso bajo la reciente coyuntura que vivimos en nuestro país del #NiUnaMenos, si tienes una hija mujer esta es una lectura básica para ti (y si tienes hijos hombres también - ¿por qué no? debemos erradicar el machismo que nos carcome). Acá les resumo los puntos más importantes y lo que me llevo de esta lectura:
  1. El color rosado no siempre fue de las mujeres. A inicios del siglo pasado, el rosado estaba asociado con el rojo, que era el color de la fuerza. Y naturalmente, era el color predilecto para los bebés hombres. En contraste, el celeste estaba asociado a la delicadeza del manto de la Virgen María y a la suavidad del cielo, y era dedicado a las bebés mujeres. En algún momento luego de la II Guerra Mundial las mujeres influyentes empezaron a utilizarlo y se volvió una tendencia para niñas. Es decir, no hay un color natural para el género, sino que es una invención social. Recuerdo específicamente haber tenido 1 polo de color fucsia y otro rosado con corazones a los 5 años, pero el resto de mi ropa era de muchos colores - había rosado pero también había verde, azul, rojo... No tenía tacos ni botines ni cosas con escarcha. Mi lonchera del Kinder fue de Topo Gigio y de color naranja.

  1. Las Princesas de Disney han sido en parte responsables de esta tendencia. En la década del '90, luego de que salieran La Sirenita y Aladino, Disney se dio cuenta de que la franquicia de las Princesas podía ser mucho más grande si las juntaba a todas y formaban un club: el club de las Princesas. El Club de las Princesas es la franquicia más vendedora del mundo. Cualquier cosa que salga con esa marca se vende, y se vende muy bien. Curiosamente las Princesas nunca están interactuando entre ellas sino que están siendo exhibidas como adornos... y nunca se están mirando entre ellas (fíjense en los productos, de verdad no se miran). Debo admitir que yo misma tengo debilidad por ser princesa (sino mira este post), pero analizándolo es porque desde chica te cuentan el cuento del vivieron felices para siempre (¿acaso no son Crepúsculo/Twilight y Fifty Shades of Grey el mismo cuento de la chica que es rescatada por el príncipe guapísimo y millonario = Cenicienta?).
  2. Los juguetes rosados son la tendencia más vendedora del mercado de juguetes a nivel mundial. Anualmente hay una feria internacional de productores de juguetes en Nueva York (American International Toy Fair), una feria en donde todos los productores (Mattel, Disney, Lego, etc.) van y exponen todos los nuevos juguetes que van a sacar ese año. Es brutal. Todos los años las marcas sacan nuevas líneas de juguetes, nuevas ideas, nuevas cosas bellas y creativas para que nuestros hijos jueguen... y en paralelo, una de las líneas debe ser para niñas: rosadas, moradas (a veces rojas pero menos) y con escarcha. Si no haces tu línea para niñas, no vendes. Estás perdiendo plata. Lo curioso es que esto empieza en los juguetes a partir de los 3 ó 4 años - los juguetes para bebés sí siguen siendo iguales para todos. El otro día fuimos al bautizo de mi sobrino, y su hermana mayor, mi sobrina que no tiene ni 3 años, tenía un set de la Dra. Juguete. Rosado, morado y con escarcha por supuesto. El Ratón también tiene un set de doctor, pero es como el de un doctor regular - maletín blanco con rojo, estetoscopio celeste y negro, otros accesorios verdes, morados, rojos, amarillos... él tiene variedad mientras ella es presentada con modelos específicos restringidos a 1 ó 2 colores estereotipados. Si no lo piensas, no se te ocurre, ¿no?

  1. Se empieza a sexualizar a las niñas desde chiquititas. Las Bratz que vienen con el triple de maquillaje y ropa cada vez más pequeña. La ropa desde pequeñitos tiene a mostrar más el cuerpo para las niñas, pero es de dimensiones normales para los niños (hace poco en USA hubo un escándalo relacionado a ello). Cada vez más pequeñas se ofrecen Spa Parties (fiestas tipo salón de belleza), el problema de la imagen perfecta imposible de alcanzar que nos exponen los medios de comunicación llega cada vez con más fuerza (en revistas, en la tele, en Internet)... hasta los personajes femeninos de dibujos animados ahora son más estilizados, más "bonitas" - Dora la Exploradora tiene ahora una segunda versión donde luce mucho más estilizada; Mérida, la heroína de Brave (Valiente), tuvo que "pasar por el salón de belleza" para ser incluida en el club de las Princesas. Me preocupó mucho ver que alumnas mías de 4 años estaban comparando "quién estaba más flaca". Me preocupa más que en un viaje de estudio a Londres de un colegio de Lima, mi colega (que fue maestra y chaperona) me contara que las niñas del 5to grado no mostraron ningún interés (a diferencia de los hombres) en ir a ver los monumentos o los museos, sino que se pasaron la mayoría del viaje de compras. Me enferma saber que uno de los principales problemas de las adolescentes en colegios de Lima son los desórdenes alimenticios.
  1. Nunca en la historia ha habido un momento en que las mujeres hayan tenido tantas oportunidades, y al mismo tiempo hayan sido tan juzgadas por su apariencia externa. Nuestras abuelas lucharon por el derecho al voto. Nuestras madres fueron liberadas con la pastilla anticonceptiva - ahora podías salir de tu casa, trabajar, no tenías que depender más de un hombre. Hoy por eso las mujeres tenemos la oportunidad de escoger muchísimas carreras, de viajar, de ser presidentas de compañías millonarias, de ser empresarias o amas de casa o no tener hijos o tener muchos o hasta ser presidentas. Lo impensable hace 100 años. Pero también es un momento en el que somos constantemente juzgadas por nuestra apariencia externa. Las funcionarias políticas son criticadas por su apariencia física (el peinado, maquillaje, si mostró mucho escote, si su ropa era apropiada, si son bonitas o feas... ¡si sonríe mucho!) - no veo a nadie criticando a los políticos hombres por el terno que se puso, o si se quedó calvo o el corte de pelo. Lograste la el ascenso que tanto querías pero te siguen diciendo que te verías más bonita si bajaras un poco de peso. Cada vez hay más productos de belleza, más cremas anti-arrugas, más tratamientos estéticos express. Y todo esto lo ven nuestros hijos. Desde chiquitos están prestando atención. Caramba, yo tengo una maestría de Harvard pero desde que tuve al Ratón no me atrevo a ponerme un bikini porque me avergüenzo de las enormes estrías de mi estómago flácido.


No quiero que piensen que estoy en contra de toda la tendencia - yo misma admito que si tuviera una hija mujer correría a comprarle las bellezas que venden para niñas, caramba, ¡las mamás de hombres nos quedamos cortas! Pero sí me preocupa el mensaje que les estamos dando desde tan corta edad y la implicancia para el futuro. Cuando yo era chica también había cosas fucsia (generalmente de Barbie) pero tenías opciones... y ahora parece que hay más opciones pero todas tienen filtro color rosa.




También, la educación empieza por casa. El ejemplo de ser fuertes, trabajadoras (en tu oficina o en tu casa, las mamás trabajamos muchísimo), valientes, creativas, está en nosotras. No le enseñemos a nuestras hijas (¡ni a nuestros hijos!) a que una mujer depende de un hombre para lograr su felicidad, o que tiene que ser princesa o a medir su valor por las expectativas de la sociedad. Está en ellas crecer para lograr su sueño, de la manera que más les guste - de rosado, verde, fucsia, azul, o el color que quieran.