Es mi cuerpo, a ti qué te importa



Después de los cuarenta días reglamentarios del puerperio en el que mi útero sanó, dejé de sangrar, la lactancia comenzó a ser más fácil y en general estaba más cómoda con mi cuerpo, comencé a recibir visitas de amigos y familiares lejanos, y recuerdo con mucha extrañeza el desatino de algunos de ellos, ¿es que acaso cuesta tanto tener un mínimo de cuidado al dirigirse a una recién parida? Recuerdo comentarios sobre mi cuerpo, sobre qué tenía que hacer para recuperar la figura y otras metidas de pata que hacen que hierva mi cabeza al recordar. Y sí, obviamente después de haber crecido un humano dentro mío y de que salió por ahí debajo con todos sus 3,74kg, el cuerpo sufre sus traumas. En mi caso flacidez en la cintura, nuevos rollitos por ahí y por allá, tetas como pacitas, piercing del ombligo destruido, caída de la mitad de mi pelo y una nueva y permanente “guatita”. Todo bien, yo sabía que mi cuerpo iba a cambiar (nunca supe que tanto) pero ¿es necesario hacer comentarios sobre él?

Sí, ninguno de mis jeans pre-embarazo me quedan, pero, suegro, ¿era necesario que me digas que “es hora de hacer abdominales”? Sí, ahora cuando camino mis muslos chocan entre sí, pero tío, ¿era necesario que me sobes la barriga y me sonrías con tu cara burlona? Sí, a veces uso pantalones y no puedo abrocharme el último botón, pero amiga, ¿era necesario que me digas que cuando viste a una amiga que tenía 7 días post-parto viste su barriguita y “te traumaste”? Sí, a veces me trago un chocolate a escondidas de la ansiedad que me invade luego de escuchar llorar a Esteban por veinte minutos sin saber por qué, pero tía, a ti que me dijiste que “me había engordado” (un mes después de haber tenido a Esteban) y a todos los desatinados que menciono aquí, les cuento que este es mi cuerpo hoy y ahora, el cuerpo que en verano lucí con un bikini talla L, el cuerpo que rechaza mi antigua ropa, el cuerpo que cobija a Esteban, el cuerpo que ahora tengo y que a ustedes no tiene por qué importarles.

Hoy, apunto de cumplir 9 meses siendo mamá de Esteban, recién me he animado a comenzar a hacer ejercicio y cuidar lo que como. No uno, dos, tres ni cuatro meses después del parto, NUEVE, ¿ya? ¿Te incomoda haber visto mi cuerpo gordo y flácido por nueve meses? Pues prepárate para soportarlo unos meses más porque no garantizo resultados inmediatos. No habrá foto del antes y el después. Piña pues. La “vuelta a la normalidad” recién llega ahora, a su ritmo y por cuenta propia, no ajena, no tuya, solo mía. Fue mi decisión y no tuvo que ver con tus comentarios desatinados.


Es mi cuerpo. A ti qué te importa.