Depresión en la niñez: ¿Cómo reconocer esta enfermedad en tu hijo?



Bruce Springsteen puede ser un dios del rock, pero aun así ha tenido que luchar contra la depresión… desde que era niño.
Así lo ha dejado saber en una entrevista en la que, además, cuenta que su padre también sufría de la enfermedad. La figura de este sujeto, precisamente, parece estar detrás de todo, pues, según cuenta, él nunca le dijo que lo quería.
"La depresión nunca me deja, esté donde esté”, dice el autor de “Born to Run”.
A veces pensamos que la depresión es un problema de grandes que podemos graficar, sobre todo, como una tristeza infinita tatuada en el rostro.
¿Pero qué ocurre y, sobre todo, cómo identificar esta enfermedad en los niños?
“Anteriormente se creía que la niñez era sinónimo de felicidad, pero no es así", sostiene la psicóloga Mónica Franco en este artículo sobre la enfermedad.
Aunque sería difícil identificar la enfermedad en pequeños menores de 4 años, sí podemos hacerlo entre quienes están expuestos a entornos sociales distintos al suyo. Es decir, entre quienes alternan la familia con la escuela u otros.
Un muy interesante artículo de Fatherly (en inglés) analiza el problema que en países como México puede llevar a los niños a matarse a los seis años (¡a los seis!). Aquí resumo lo que considero clave para reconocer a un pequeño con problemas:
  • La depresión infantil no necesariamente se traduce en tristeza. A veces es rabia o súbitos ataques de ira. Esto lo dice la terapeuta Vicki Botnick. Claro, un niño pasa continuamente por estas etapas (muchas veces durante el día), pero los padres podemos reconocer cuando varía la intensidad, la constancia y, sobre todo, podemos diferenciarla de las otras.
  • El estrés y el acoso escolar, mezclados con problemas familiares, pueden catapultar la depresión.
  • En púberes y adolescentes, el pesimismo y el cansancio físico y mental suelen ser síntomas de la enfermedad. Es importante notar también si su hij@ se aísla demasiado: aunque en la adolescencia suelen ser características comunes, pueden, a la larga, esconder algo peor.
  • La ansiedad, ese temible estado, casi siempre difícil de identificar, se traduce en miedo, preocupación y, por lo general, según Botnick, en un agobio generalizado. "Claro, eso describiría un día cualquiera en casa, pero la diferencia clave es cuándo están exagerando y cuán rápido entran en pánico", se lee en el artículo. Ya lo sabe: a veces gestos simples esconden profundos problemas.
  • En este otro artículo se mencionan otros dos factores que, una vez más, parecen normales hasta que desembocan en algo peor: no disfrutar de las cosas que antes lo hacían feliz y dormir a deshoras (por ejemplo, mucho en el día y poco en la noche).
Ahora bien, ¿qué hacer ante ello? ¿Pueden nuestros hij@s llevar medicación?
La clave, según varias investigaciones e incontables testimonios, parece ser solo una: escuche a sus hijos.
  • Y ya que se trata de un tema difícil, procure hacerlo con la energía correcta. Según la terapeuta Botnick, "si el o la niña sienten que tienes miedo o rabia o los juzgarás, seguramente armarán una respuesta para satisfacerte". Así que prepárate para su honestidad, con honestidad.
  • Ten confianza en otros, pues un profesor o un amigo de la familia podría ayudar a tu hijo a abrirse. No siempre el papá o la mamá chéveres serán los indicados para recibir el primer mensaje de auxilio.
  • El mejor antídoto contra el silencio es la comunicación. Así que una buena terapia para tu hij@ puede ser el arte, el deporte o una caminata tranquila (sí, en la ciudad también es posible, recuerden que todo está en la mente). En una depresión solemos olvidar las cosas que amamos, así que es bueno que alguien nos las traiga de vuelta.
  • Aunque parezca que no es un problema, cederle a nuestros hijos a la TV o a la computadora puede agravar el problema. A cambio, ofrézcale tiempo de calidad, una charla o un buen rato en familia.
  • En cuanto a la medicación, se usa raras veces. Por lo general, los especialistas recomiendan una terapia. Y eso atañe tanto al niñ@ como al o los padres.

Finalmente, entienda que la depresión no es solo una "fuga de gas" emocional. Parece que dialogar sobre el tema podría profundizar el problema, pero ocurre lo contrario: permite abrir el corazón y empezar a sanar.